Infantes de marina del ´Tercio Armada´ ponen a prueba su puntería en el ejercicio Flotex 26
Fuerzas Armadas La Armada se adiestra por primera vez contra drones FPV, los «ojos en primera persona»
La incorporación por primera vez de la respuesta contra drones FPV en el ejercicio Flotex-26 refleja un cambio doctrinal relevante en el adiestramiento de la Armada, orientado a escenarios en los que las amenazas aéreas de bajo coste, alta precisión y gran disponibilidad se han convertido en un factor determinante en el combate moderno.
Los drones FPV (First Person View) son aeronaves no tripuladas de pequeño tamaño, habitualmente basadas en plataformas comerciales modificadas, que se pilotan en tiempo real mediante una cámara a bordo que transmite imagen en directo al operador. Este sistema permite al controlador «ver a través del dron» mediante gafas o pantallas inmersivas, lo que proporciona una gran precisión en el guiado. En el ámbito militar, su uso se ha extendido especialmente como munición merodeadora improvisada o vehículo de ataque unidireccional, capaz de impactar contra objetivos con gran exactitud a muy bajo coste.
Su relevancia en los conflictos recientes, especialmente en Ucrania, ha acelerado su integración en los escenarios de entrenamiento de las fuerzas armadas occidentales. Estos sistemas destacan por su versatilidad, su baja firma radar y térmica, y su capacidad para ser desplegados en enjambres o de forma individual en entornos urbanos, costeros o embarcados. En muchos casos, pueden ser modificados para transportar cargas explosivas, convirtiéndose en vectores de ataque difíciles de detectar y neutralizar con sistemas tradicionales de defensa aérea.
En el caso del Flotex-26, la Armada ha incorporado por primera vez la reacción contra este tipo de amenazas tanto desde unidades navales como desde fuerzas desplegadas en tierra, en un entorno operativo que reproduce condiciones de media y alta intensidad. El ejercicio se ha desarrollado en áreas como el Golfo de Cádiz, el mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar, zonas de especial relevancia estratégica para el control del tráfico marítimo y la seguridad de las rutas hacia el Mediterráneo.
Despliegue del ejercicio de la Armada española Flotex 26
Uno de los elementos más relevantes del escenario ha sido la degradación del entorno electromagnético. La perturbación y denegación de señales GPS, así como la interferencia en sistemas de comunicaciones y sensores, han obligado a las unidades participantes a operar en condiciones de guerra electrónica avanzada. Este contexto es especialmente significativo para la lucha contra drones FPV, ya que muchos de estos sistemas dependen de enlaces de radiofrecuencia vulnerables a la interferencia, aunque en los últimos desarrollos también se están introduciendo variantes con control por fibra óptica para reducir su susceptibilidad al bloqueo electrónico.
En este entorno, la capacidad de detección temprana, identificación y neutralización de pequeños vectores aéreos se convierte en un reto complejo para las fuerzas navales. Los drones FPV presentan secciones radar extremadamente reducidas y perfiles de vuelo bajos, lo que dificulta su detección por sistemas convencionales embarcados. Su velocidad y maniobrabilidad obligan a integrar soluciones de defensa multicapa que combinan sensores electroópticos, radares de corto alcance, guerra electrónica y sistemas de armas de respuesta rápida.
El ejercicio ha sido liderado por el Cuartel General Marítimo de Alta Disponibilidad (CGMAD), con participación de una agrupación naval de gran entidad en la que han intervenido unidades de superficie como el buque de asalto anfibio Castilla, que actuó como buque de mando, el buque de proyección estratégica Juan Carlos I, el buque de asalto anfibio Galicia, así como fragatas de la clase Álvaro de Bazán y Santa María como Almirante Juan de Borbón, entre otras unidades de escolta, guerra de minas, apoyo logístico y patrulla marítima.
A estas fuerzas se ha sumado el submarino Galerna, el buque de aprovisionamiento de combate Patiño y unidades especializadas en contramedidas contra minas como los cazaminas Turia y Duero, además de patrulleros y buques de acción marítima. La dimensión anfibia ha sido reforzada por el Batallón de Desembarco II del Tercio de Armada, junto a medios del Grupo Naval de Playa con embarcaciones LCM-1E, integrando capacidades de proyección desde el mar hacia la costa.
La incorporación de medios aéreos ha sido clave para el adiestramiento contra drones FPV. La Flotilla de Aeronaves ha aportado helicópteros SH-60 y H135, así como aviones Harrier AV-8B, que permiten tanto vigilancia como respuesta inmediata en entornos complejos. A ello se ha sumado la participación del Ejército del Aire y del Espacio con cazas C-15, aviones de transporte T-21 y el UAV MQ-9, que introduce capacidad de vigilancia persistente a media y gran altitud.
La integración conjunta ha sido reforzada por la participación de unidades de guerra electrónica del Ejército de Tierra y personal de enlace, lo que ha permitido simular un entorno de operaciones multidominio. Este enfoque resulta esencial en la amenaza de drones FPV, donde la combinación de sensores, interferencia electromagnética y respuesta cinética debe coordinarse en tiempo real.
En el plano aliado, el ejercicio ha contado con apoyo de aeronaves de patrulla marítima P-3 portuguesas, helicópteros SH-60R estadounidenses y el Centro de Guerra Electrónica de la OTAN (JEWCS), lo que subraya la dimensión multinacional del adiestramiento y la convergencia doctrinal frente a nuevas amenazas no tripuladas.
El escenario ha permitido evaluar la protección de infraestructuras críticas submarinas, un ámbito especialmente sensible en el contexto actual, donde los drones y sistemas autónomos pueden emplearse no solo contra unidades navales, sino también contra cables submarinos, nodos energéticos o instalaciones estratégicas.
Durante la noche, en el portaaeronaves `Juan Carlos I´, la fuerza de desembarco se dispone en las lanchas LCM1E para iniciar un desembarco en playa nocturno
La experiencia del Flotex-26 confirma la necesidad de adaptar los procedimientos de combate naval a un entorno donde los sistemas no tripulados de pequeño tamaño, como los drones FPV, pueden generar efectos tácticos significativos. Su bajo coste, facilidad de producción y capacidad de saturación obligan a replantear la defensa cercana de unidades navales de alto valor, especialmente en escenarios de litoral y estrechos.
La evolución de este tipo de amenazas está impulsando el desarrollo de doctrinas específicas de counter-UAS (sistemas contra aeronaves no tripuladas), que integran desde la detección por inteligencia electrónica hasta la neutralización mediante guerra electrónica, armas de energía dirigida o sistemas cinéticos de corto alcance.