El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea, durante la inauguración de las jornadas sobre los retos futuros del Ejército de Tierra

El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea, durante la inauguración de las jornadas sobre los retos futuros del Ejército de TierraEjército de Tierra

Ejército de Tierra  El Jefe de Estado Mayor del Ejército advierte: «El campo de batalla será cada vez más inteligente, pero más peligroso»

El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea, ha situado la inteligencia artificial, el tratamiento masivo de datos y los sistemas autónomos en el centro de la transformación militar que afrontan las Fuerzas Armadas. Durante la inauguración de las jornadas Retos Futuros 2026, celebradas este 4 de noviembre, el general ha defendido en un importante discurso repleto de claves estratégicas que la superioridad militar ya no dependerá exclusivamente de disponer de mejores plataformas y sistemas de armas, sino de la capacidad para integrar la información, comprender el entorno operativo y tomar decisiones con mayor fundamento que el adversario.

En su intervención, el JEME ha advertido de que los ejércitos se encuentran ante una transformación que va mucho más allá de incorporar nuevas tecnologías al arsenal. «No estamos asistiendo simplemente a la aparición de nuevas armas, sino a una modificación de las condiciones en las que se desarrolla el enfrentamiento militar», ha señalado. Un cambio que afecta directamente a la manera de combatir, a la organización de las unidades, a los procedimientos operativos y, especialmente, al ejercicio del mando.

El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea, durante su importanet discurso sobre los retos futuros

El jefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME), general de Ejército Amador Enseñat y Berea, durante su importanet discurso sobre los retos futurosEjército de Tierra

Las jornadas, organizadas por el Mando de Adiestramiento y Doctrina del Ejército de Tierra (MADOC), están dedicadas este año al campo de batalla inteligente y la guerra algorítmica. El encuentro reúne a representantes militares, académicos, científicos y empresariales para analizar las consecuencias de la incorporación de tecnologías emergentes y disruptivas a las operaciones militares.

El JEME ha agradecido al MADOC la elección de esta temática y ha destacado la necesidad de que el Ejército mantenga una estrecha colaboración con el mundo académico y empresarial. La transformación de los conflictos, ha explicado, obliga a compartir conocimientos entre quienes desarrollan las nuevas tecnologías, quienes estudian sus implicaciones y quienes tendrán que utilizarlas en operaciones reales.

Desde 2015, las jornadas Retos Futuros se han consolidado como un foro de pensamiento destinado a fomentar la innovación en las estructuras y los procedimientos militares. Su finalidad es anticipar los cambios que afectan a la defensa y favorecer la adaptación del Ejército de Tierra a un escenario internacional en constante evolución. En esta edición, el objetivo es analizar cómo la inteligencia artificial y las tecnologías digitales están modificando la relación entre información, decisión y acción, tres elementos fundamentales para el desarrollo de cualquier operación militar.

La superioridad militar dependerá de dominar la información

Uno de los principales cambios que ha identificado el JEME afecta a la gestión de la información. Durante siglos, uno de los grandes problemas de los mandos militares ha sido disponer de información suficiente y oportuna para adoptar decisiones. Sin embargo, la proliferación de sensores, plataformas conectadas y sistemas de vigilancia ha modificado radicalmente este escenario. La dificultad actual puede ser precisamente la contraria: gestionar una cantidad de datos sin precedentes y conseguir transformarlos en conocimiento útil para las unidades y los diferentes escalones de mando.

«La cuestión ya no consiste únicamente en saber más, sino en identificar lo verdaderamente importante para cada nivel de decisión, comprenderlo antes que el adversario y actuar en consecuencia», ha afirmado. Esta reflexión apunta a uno de los principales desafíos de los ejércitos modernos: evitar que la abundancia de información termine convirtiéndose en un obstáculo para la toma de decisiones. La capacidad de recopilar datos pierde valor si no existe un sistema que permita analizarlos, jerarquizarlos y ponerlos a disposición de quien debe actuar.

El Ejército del futuro deberá aprovechar las ventajas de la conectividad, pero también ser capaz de operar en ausencia de ella»General de Ejército Amador Enseñat y BereaJefe de Estado Mayor del Ejército de Tierra (JEME)

En este contexto, el JEME ha subrayado que los algoritmos y la inteligencia artificial ofrecen posibilidades extraordinarias. Su capacidad para procesar grandes volúmenes de información, identificar patrones y establecer relaciones entre acontecimientos permite reducir los tiempos necesarios para comprender una situación operativa. El campo de batalla inteligente responde precisamente a esta nueva concepción. Se trata de un entorno en el que sensores, plataformas, redes de comunicaciones y herramientas de inteligencia artificial trabajan de manera integrada para proporcionar una visión más completa y dinámica de lo que sucede sobre el terreno. Sin embargo, el JEME ha introducido una advertencia sobre las consecuencias de esta transformación: «El campo de batalla será cada vez más inteligente, pero también más complejo, transparente y peligroso».

La proliferación de medios de vigilancia y la interconexión de los sistemas hacen que resulte cada vez más difícil ocultar movimientos, concentraciones de fuerzas o preparativos operativos. La información puede circular prácticamente en tiempo real, reduciendo los márgenes de maniobra y aumentando la exposición de las unidades.

Ucrania evidencia la transformación del combate terrestre

La guerra de Ucrania constituye una de las principales referencias para comprender cómo están evolucionando los enfrentamientos militares. El JEME ha citado expresamente este conflicto como ejemplo de la transformación que está experimentando el combate terrestre por la proliferación de drones, sensores, sistemas de vigilancia y medios de guerra electrónica.

La combinación de estas capacidades permite detectar movimientos, transmitir información con gran rapidez y facilitar la coordinación entre diferentes elementos del dispositivo militar. El resultado es un escenario en el que la transparencia del campo de batalla aumenta y las posibilidades de ocultación disminuyen. Esta nueva realidad obliga a revisar los procedimientos tradicionales de despliegue, protección y maniobra. Las unidades deben operar en un entorno en el que pueden ser localizadas y vigiladas con mayor facilidad, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a los sistemas de armas del adversario.

Pero la digitalización también incorpora nuevos riesgos. La dependencia de las redes de comunicaciones y de los sistemas tecnológicos puede convertirse en una debilidad si el enemigo consigue interferirlos, degradarlos o neutralizarlos. Enseñat y Berea ha insistido en que la superioridad tecnológica no puede confundirse con una dependencia absoluta de los sistemas conectados. «Debemos evitar identificar conectividad con control», ha advertido.

La capacidad de mantener el funcionamiento de las unidades cuando las comunicaciones se interrumpen o los sistemas digitales dejan de estar disponibles será, por tanto, un requisito fundamental para los ejércitos del futuro. En este sentido, ha defendido que el Ejército de Tierra debe aprovechar las ventajas de la conectividad, pero sin perder la capacidad de combatir en condiciones de degradación tecnológica. «El Ejército del futuro deberá aprovechar las ventajas de la conectividad, pero también ser capaz de operar en ausencia de ella», ha subrayado.

En las Jornadas Retos futuros del Ejército de Tierra hay 400 personas presenciales (civiles y militares) y, a la vez, se retransmite vía streaming

En las Jornadas Retos futuros del Ejército de Tierra hay 400 personas presenciales (civiles y militares) y, a la vez, se retransmite vía streamingEjército de Tierra

Esta exigencia sitúa la resiliencia tecnológica entre las prioridades de la transformación militar. No basta con disponer de sistemas avanzados: deben ser seguros, resistentes frente a las interferencias y capaces de mantener sus funciones esenciales incluso cuando el adversario actúe contra las redes y los centros de mando. La protección frente a ciberataques, la seguridad de las comunicaciones y la capacidad de operar en entornos electromagnéticos disputados adquieren así una importancia creciente.

La IA no sustituirá la responsabilidad del mando

Otro de los ejes fundamentales del discurso ha sido el papel que debe desempeñar la inteligencia artificial en los procesos de decisión militar. El JEME considera que estas tecnologías pueden aportar ventajas importantes en diferentes ámbitos de la actividad operativa. Entre ellos ha mencionado el análisis de inteligencia, la comparación de líneas de acción, el mantenimiento predictivo, la protección de la fuerza y la coordinación de las operaciones.

La principal aportación de estas herramientas consiste en reducir el tiempo necesario para transformar la información disponible en decisiones útiles. Su capacidad para analizar grandes cantidades de datos permite identificar tendencias, anticipar determinados problemas y ofrecer recomendaciones a los responsables de las operaciones. No obstante, el general ha advertido de que acelerar los procesos no garantiza necesariamente una ventaja militar.

Los algoritmos pueden formular recomendaciones, pero no poseen una comprensión integral de las dimensiones políticas, estratégicas, humanas y morales de una operación»General de Ejército Amador Enseñat y BereaJefe de Estado Mayor del Ejército (JEME)

«La velocidad no equivale necesariamente a superioridad», ha afirmado. A su juicio, la verdadera ventaja consiste en comprender mejor el escenario, decidir con mayor fundamento y actuar en el momento oportuno. Esta distinción resulta especialmente relevante en un contexto en el que la automatización puede generar la impresión de que los sistemas tecnológicos son capaces de resolver por sí solos problemas complejos. El JEME ha defendido que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo al mando, pero nunca como un sustituto de su responsabilidad. «Los algoritmos pueden formular recomendaciones, pero no poseen una comprensión integral de las dimensiones políticas, estratégicas, humanas y morales de una operación», ha explicado.

A esta limitación se añade otra cuestión fundamental: los sistemas tecnológicos no asumen las consecuencias de las decisiones que se adoptan. Esa responsabilidad corresponde a los mandos militares y debe permanecer bajo control humano. El desarrollo de la guerra algorítmica no puede, por tanto, interpretarse como una sustitución del criterio profesional por decisiones automatizadas. La tecnología debe proporcionar mejores instrumentos para analizar las situaciones y valorar las alternativas, pero la decisión final debe seguir correspondiendo a quienes ejercen el mando.

Esta posición sitúa el factor humano en el centro de la transformación militar. Lejos de perder importancia, las cualidades personales y profesionales de los militares resultan todavía más necesarias cuando aumenta la complejidad de los sistemas tecnológicos.

El factor humano seguirá siendo decisivo

El JEME ha dedicado una parte importante de su intervención a reivindicar las cualidades tradicionales de la profesión militar en el nuevo escenario tecnológico. La inteligencia artificial puede procesar información a una velocidad difícilmente alcanzable por las personas, pero necesita profesionales capaces de interpretar correctamente sus resultados, cuestionar sus recomendaciones y detectar posibles limitaciones o errores. «Cuanto más avanzados sean los sistemas, mayor será la necesidad de contar con mandos capaces de interpretar sus resultados, cuestionar sus recomendaciones y reconocer sus limitaciones», ha señalado. En este sentido, ha defendido la necesidad de preservar los atributos esenciales del ejercicio del mando y de la profesión militar: «criterio, carácter, disciplina, iniciativa, capacidad de adaptación y sentido de la responsabilidad».

La incorporación de nuevas tecnologías debe realizarse sin renunciar a estos principios. El Ejército necesita militares preparados para trabajar con sistemas cada vez más sofisticados, pero también capaces de actuar cuando esos sistemas no proporcionen respuestas o dejen de funcionar. La adaptación tecnológica exige, por tanto, una evolución paralela de la formación, la preparación de las unidades y los procedimientos de actuación. No se trata únicamente de adquirir nuevas herramientas, sino de conseguir que los militares sepan utilizarlas correctamente y que las organizaciones puedan integrarlas en sus estructuras operativas. El general Enseñat también ha defendido la necesidad de construir una arquitectura tecnológica coherente que permita conectar sensores, sistemas de armas y diferentes escalones de mando.

Quien domine los datos, la modelización y la integración tecnológica no sólo actuará más rápido: entenderá antes, decidirá mejor y desplegará con mayor precisión y resiliencia»General de Ejército Amador Enseñat y BereaJefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra

Esta arquitectura deberá reunir cuatro características fundamentales: seguridad, resiliencia, interoperabilidad y coherencia. El objetivo es que las capacidades tecnológicas puedan trabajar de forma integrada y que su incorporación vaya acompañada de los cambios doctrinales y organizativos necesarios. La interoperabilidad resulta especialmente importante en unas operaciones en las que los ejércitos deben actuar conjuntamente y compartir información con otras Fuerzas Armadas y organizaciones aliadas.

«La superioridad ya no se mide solo en plataformas»

En la parte final de su intervención, el JEME ha elevado el alcance de la transformación tecnológica y ha situado la inteligencia artificial como una capacidad operativa que ya afecta al conjunto de las actividades militares. «Vivimos un cambio de era. La Inteligencia Artificial ya no es únicamente un laboratorio o un algoritmo prometedor: es capacidad operativa», ha afirmado.

El general ha enumerado algunos de los ámbitos en los que esta tecnología puede proporcionar ventajas decisivas: información, logística, ciberdefensa, mantenimiento, preparación y toma de decisiones durante todo el ciclo de las operaciones militares. Su planteamiento es que la superioridad futura dependerá de la capacidad para integrar todas estas funciones y aprovechar la información disponible en beneficio de las unidades. «Quien domine los datos, la modelización y la integración tecnológica no sólo actuará más rápido: entenderá antes, decidirá mejor y desplegará con mayor precisión y resiliencia», ha señalado. La reflexión culmina con una de las afirmaciones más destacadas de su discurso: «La superioridad ya no se mide solo en plataformas; se mide en inteligencia integrada».

Esta idea representa un cambio de perspectiva respecto a los modelos tradicionales de evaluación del poder militar. La disponibilidad de carros de combate, vehículos, helicópteros, sistemas de artillería o plataformas de vigilancia seguirá siendo fundamental, pero su eficacia estará cada vez más condicionada por la capacidad de conectarlos, intercambiar información y utilizarlos de manera coordinada.

La ventaja no dependerá exclusivamente de cuántos medios tenga un Ejército, sino también de cómo consiga integrar sus capacidades para obtener una visión más completa del escenario y actuar con mayor eficacia.

La inteligencia artificial, los sistemas autónomos y el tratamiento de datos pasan así a formar parte de un concepto más amplio de transformación militar, que afecta tanto a los medios materiales como a la organización y la preparación de las fuerzas.

Retos Futuros: diagnóstico y prioridades

El JEME ha definido dos objetivos concretos para las jornadas de este año. El primero consiste en realizar un diagnóstico compartido de la situación actual y de las capacidades disponibles. El segundo, establecer prioridades claras para orientar las líneas de actuación, investigación e inversión del Ejército de Tierra durante los próximos años.

El general ha insistido en que el encuentro no debe limitarse a un ejercicio de reflexión teórica sobre posibles escenarios futuros. Su finalidad debe ser contribuir a mejorar la preparación real de las unidades para cumplir las misiones que España les encomiende. «Nuestro objetivo no es anticipar un futuro abstracto, sino mejorar la preparación de nuestras unidades para cumplir las misiones que España les encomiende», ha señalado ante los asistentes.

En este sentido, ha invitado a los participantes a abordar los debates con ambición intelectual, espíritu crítico y sentido práctico. La presencia de representantes de las Fuerzas Armadas, las administraciones públicas, las empresas tecnológicas y el mundo académico responde precisamente a la necesidad de integrar diferentes perspectivas.

El JEME ha considerado que estas jornadas constituyen una oportunidad para analizar experiencias, contrastar conocimientos y preparar al Ejército para los desafíos que plantea la evolución de los conflictos. De hecho, ha querido destacar el carácter estratégico de esta iniciativa al afirmar que «no son sólo una cita en la agenda: son un punto de inflexión».

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