Uri, Leo y Carmen en su velero, el «Forquilla»
Entrevista 'El Debate'
Carmen, Uri y Leo, vuelta al mundo en velero: «Compartir cada minuto con nuestro hijo nos da la vida»
La familia da ejemplo de la importancia de pasar tiempo juntos, compartir un proyecto de vida y compatibilizar los sueños vitales y la maternidad y paternidad
Carmen es coruñesa y vive en un velero junto a su pareja, Uri, y el hijo de ambos que tiene dos años y medio. El verano pasado iniciaron el proyecto de dar la vuelta al mundo juntos en su velero, en el Forquilla, atravesando mares y océanos y compaginándolo con su otro gran reto: ser padres. El Debate ha podido hablar con ellos justo después de que acabasen de cruzar el Atlántico para conocer cómo es vivir en un barco y cuáles son sus enseñanzas y retos.
– Comenzasteis la vuelta al mundo cuando vuestro hijo ya había nacido ¿Esperasteis a tener un hijo para hacerlo o surgió así?
– Cuando conocí a Uri, me planteó el proyecto de la vuelta al mundo y yo sí tenía claro que quería tener familia. Me parecía que la parte más interesante de conocer el mundo era conocerlo a través de un pequeñajo. Esos primeros años de vida que solo quieren estar enganchados a ti, queríamos darle una visión del mundo sin prejuicios y sin importarle que la gente que tenga al lado hable distintos idiomas. Me parecía muy bonito y cuando empezamos a intentar encajar estos dos proyectos conseguimos encontrar el barco, lo compramos y empezamos a hacer viajes por el Mediterráneo, un poco para probar. Entonces, en un viaje de tres meses nos dimos cuenta de que era la vida soñada y que queríamos ir a por ello. Luego me quedé embarazada, por lo que siempre fue de la mano. Una vez me quedé embarazada ya empezamos a planear en función de la edad del niño. Hicimos un viaje costeando cuando era recién nacido y estuvimos hasta sus tres meses por ahí. Con un niño cada etapa cambia mucho y desde los 9 días ha vivido en el barco.
Carmen y Leo en el velero
– ¿Es más difícil criar a un hijo o dar la vuelta en velero?
– Criar a un hijo es lo más difícil que vamos a hacer en nuestra vida porque, para nosotros, es lo más importante. Cuando tienes una tarea tan grande y decides dar el 24/7 para él requiere la mayor parte de nuestra energía pero, además, le hemos sumado una vuelta al mundo. De lejos, lo más difícil es Leo. No por él, que es maravilloso, sino porque queremos que su educación sea lo más respetuosa y él siempre esté lo mejor acompañado.
– ¿Qué esperáis que Leo aprenda con vuestro estilo de vida?
– Espero que Leo sea una buena persona. Eso es lo que espero. Espero que el hecho de estar viendo distintos colores en la piel de la gente, distintos idiomas, costumbres y culturas le haga no extrañar cuando eso suceda. Espero que tenga una apertura mental y respete a los demás. Y que tenga ganas de conocer y entender a todo el mundo. Estos días estamos compartiendo el tiempo con un chico que tiene 23 años, se llama Alex y ha vivido lo mismo que Leo a su edad y es un chico maravilloso y coincide en que esto es algo muy positivo. Solo el tiempo pasado con sus padres, es algo que a mí me habría encantado tener. Son años que se quedarán en nuestra memoria para siempre.
Uri y Carmen durante el cruce del Atlántico
– Carmen, tu padre era pescador ¿soñabas con algo así de niña?
–Lo era por afición no era su trabajo, pero me llevaba a pescar siempre que podía. Era muy divertido. Siempre he amado mucho el mar. Soy gallega, de La Coruña, y el mar está muy presente en Galicia. Mi padre me acercó mucho a él. Pero nunca pensé que se podía hacer algo así. Fue gracias a Uri que supe que esto era posible.
– ¿Cómo os organizáis con la comida?
– Como todo el mundo. Es una pregunta que a la gente le inquieta bastante pero vamos al supermercado cuando estamos fondeados. Vamos a la playa, de paseíto, vamos a mercados o supermercados o lo que sea y subimos a bordo y hacemos menú normales. Nos adaptamos a lo que está de temporada en cada zona, pero nada raro. Para travesías largas hacemos una gran carga. Ahora veníamos al Caribe y es verdad que el producto en España es bueno y barato y llenamos la despensa hasta reventar. La primera semana usamos el producto fresco y la segunda el congelado y hemos comido exactamente igual que si estuviésemos en tierra.
Leo se ríe con su padre, Uri, en el velero en el que viven
– ¿Y con los turnos de noche?
–Hacemos turnos de cuatro horas. Para la travesía del Atlántico contamos con un amigo que vino con nosotros así que ellos, Uri y Xavi, hacían los turnos nocturnos para liberarme a mí que tengo más carga con Leo durante el día y hacían cuatro horas y cuatro horas. Normalmente no supone mucho esfuerzo. Durante el día hacemos siestas también. Además, venimos del mundo del cine y hemos hecho muchas jornadas nocturnas porque en los rodajes cambian mucho los horarios. No nos requiere mucho esfuerzo.
– ¿Es difícil permanecer en un entorno reducido tanto tiempo?
– No lo es porque estás viendo la inmensidad del mar. Dentro del barco pasamos el menor tiempo. Estás en un espacio abierto y la inmensidad del océano hace que no sientas que estás en un espacio reducido.
Nosotros tenemos una convivencia excepcionalmente buena y, de alguna manera, eso es todo. No me imagino con otra persona metida en el barco tanto tiempo. En las cosas referentes a la navegación, Uri tiene la última palabra y en las cosas referentes a Leo, la tengo yo. No es tampoco algo radical pero, más o menos.
- Y después de la vuelta ¿Hay planes a largo plazo?
– No sabemos ni qué vamos a hacer en el Caribe. Este proyecto se pensó sin fecha de final y vamos fluyendo.
La familia completa en el velero
– ¿Hay algún destino concreto que os apetezca más visitar?
– La Polinesia francesa y Galápagos.
– En la época en la que los hijos se califican, a veces, como un lastre, ¿Qué lección os ha dado vuestro niño?
– Nuestro hijo es la bomba. Compartir cada minuto con él es el mejor regalo que me ha dado la vida. Te lo digo de verdad. Hemos visto cada gesto y cada aprendizaje. Cada experiencia vital a su lado es mejor. Es duro tener un hijo y, aunque no es todo maravilloso, porque hay momentos duros, lo que nos da es mucho más. Nos da muchísimo. Es empático, es inteligente y es respetuoso.