Este es el pazo de Galicia con un jardín singular, un laberinto de piedra: refleja la vida de la nobleza ruralTurismo de Galicia

Así es el pazo gallego que sobrevivió a las tropas napoleónicas: esconde un laberinto de piedra muy singular

Recorrerlo es experimentar cómo vivía la de nobleza rural gallega

Los pazos gallegos constituyen un elemento clave para comprender la organización histórica del territorio y la sociedad rural de Galicia. Estas casas señoriales, repartidas principalmente por el interior y la costa, funcionaban como centros de gestión económica, social y administrativa de sus comarcas.

Más allá de su función residencial, los pazos articulaban la explotación agrícola, la administración de justicia local y las relaciones sociales y culturales, reflejando el peso de determinadas familias en la estructura del poder regional. Es decir, lejos de ser simples construcciones monumentales, los pazos fueron espacios vivos, adaptados a su entorno y a las necesidades de cada época.

Muchos de ellos han llegado a nuestros días transformados, pero algunos conservan la capacidad de mostrar, con detalle, cómo se desarrollaba la vida de la nobleza rural gallega. En el sur de la provincia de Lugo, sobre una colina que domina el valle de Lemos, se encuentra un pazo de los mejor conservados, que hoy funciona como museo, permitiendo recorrer sus estancias tal y como fueron habitadas.

Este es el pazo, un legado intato

Nos referimos al Pazo de Tor, que se sitúa en la parroquia de San Xoán de Tor, a unos ocho kilómetros de Monforte de Lemos. Sus orígenes se remontan al siglo XIV, cuando estuvo vinculado al linaje de los Garza de Castrillón, aunque la edificación actual corresponde al último tercio del siglo XVIII.

En su arquitectura se combinan elementos propios del barroco gallego con influencias neoclásicas, visibles tanto en su estructura como en la disposición de los espacios interiores.

A lo largo de su historia, el pazo resistió incendios provocados por las tropas napoleónicas y episodios de conflictividad social como las revueltas irmandiñas. Pese a ello, siempre permaneció en manos de la misma familia, lo que contribuyó a la conservación del inmueble y de su valioso patrimonio. Esta continuidad se mantuvo hasta finales del siglo XX, cuando falleció su última heredera, María Paz Taboada de Andrés y Zúñiga.

Sin descendencia, decidió legar el pazo a la Diputación de Lugo con la condición de que se abriera gratuitamente al público y que nada de su interior se alterara: ni el mobiliario, ni los objetos personales, ni la distribución de las estancias. Gracias a esta decisión, y tras una restauración que respetó íntegramente la estructura original, el pazo abrió sus puertas como museo en julio de 2006, integrándose en la Red Museística Provincial. Hoy permite a los visitantes recorrer una casa señorial del siglo XVIII tal y como fue habitada, ofreciendo una visión de la vida, la organización y las costumbres de la nobleza rural gallega.

El laberinto de piedra

Uno de los elementos más singulares del pazo se encuentra en el exterior: un laberinto de piedra diseñado en el siglo XVIII. A diferencia de otros ejemplos europeos, no está formado por setos vegetales, sino por losas de granito que delimitan estrechos caminos.

El laberinto conserva en gran parte su trazado original, compuesto por cuatro espirales conectadas por ocho caminos que conducen a pequeños pilones de agua situados en el centro.

Durante décadas, el jardín del pazo permaneció parcialmente abandonado, hasta que fue recuperado por su última propietaria. Su carácter escénico lo convirtió además en escenario cinematográfico, apareciendo en películas como La esmorga o Beatriz, basada en textos de Valle-Inclán.

Así vivía la nobleza rural en Galicia

El recorrido por el Pazo de Tor es una inmersión directa en la vida cotidiana de la nobleza rural gallega. Tras cruzar el patio y ascender por la escalinata de piedra, se accede a un interior donde cada sala conserva su función original.

Se pueden visitar casi todas las dependencias de la vivienda. La sala de armas, con espadas, escopetas y otros elementos defensivos; el salón norte, presidido por un retrato de la última propietaria y con vitrinas que albergan joyas antiguas, abanicos, relojes de bolsillo y objetos personales; o la sala de mediodía, la más luminosa de la casa, con grandes espejos.

Especial relevancia tiene la sala de música, donde se conservan instrumentos singulares como un claviórgano Longman and Broderip o un pianoforte Collard & Collard. El despacho del pazo guarda algunos de los volúmenes más valiosos de su biblioteca, que reúne cerca de 3.000 libros editados entre los siglos XVI y XX.

Los dormitorios, incluido el infantil y el conocido como cuarto del obispo, la capilla privada con un retablo rococó del último tercio del siglo XVIII y las estancias de servicio completan el recorrido. Cocheras, bodegas, caballerizas, cortes y tullas permiten entender el funcionamiento autosuficiente de estas grandes casas señoriales.

Hoy, el Pazo de Tor se presenta como un museo vivo, donde arquitectura, objetos y paisaje permiten comprender cómo era la vida en un pazo gallego.