El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda

El presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso RuedaÍñigo Rolán

De heredero a líder refrendado: el bienio político de Alfonso Rueda

El presidente Rueda reivindicó este domingo a su equipo calificándolo de una «máquina que funciona, que Galicia respeta y que gana elecciones»

Dos años han pasado desde la noche del 18 de febrero. Una jornada marcada por la incertidumbre sobre el futuro del partido, no tanto por temor a perder las elecciones, sino por un cambio de líder que llegó unos meses antes tras un terremoto político que sacudió los cimientos de Génova. Finalmente, Alfonso Rueda no decepcionó y consiguió la quinta mayoría absoluta de los populares en Galicia.

Con 40 escaños, el sucesor de Feijóo consumó el relevo silenciando a aquellos que creían que no contaba con el empuje necesario para conservar el poder. Felices se la prometían los nacionalistas, liderados por Ana Pontón que contaban con acercarse peligrosamente al PP. Nada más lejos de la realidad, el BNG se hizo con 25 diputados quedando por delante del PSOE que se desplomaba hasta los 9 escaños.

A pesar del resultado, la sombra política de Feijóo persiguió a Rueda durante muchos meses. Su perfil bajo y tono sereno se tornó poco a poco en su mejor aliado y le hizo tejer un equipo renovado en el que, a día de hoy, sigue conservando parte del legado del ahora presidente del PP.

Al llegar al ecuador del mandato, puede apreciarse el continuismo y la estabilidad institucional. Ni grandes escándalos, ni cambios en el ideario del gobierno autonómico. El reto del impulso industrial sigue siendo uno de los ejes de la legislatura guiado por la extensión de la energía eólica que ha encontrado una de las principales trabas en la propia Justicia gallega, protagonista de la paralización de la mayoría de los parques y de una batalla continua entre empresa, institución, Justicia y la Unión Europea.

A pesar del aumento de votantes al nacionalismo gallego, el PP gallego continúa siendo líder indiscutible de las encuestas y el BNG sigue ocupando un lugar secundario en la política de la región.

El presidente Rueda reivindicó este domingo a su equipo calificándolo de una «máquina que funciona, que Galicia respeta y que gana elecciones». Lo hizo en un acto durante el acto de conmemoración del segundo aniversario de su triunfo al que acudieron mil personas.

El líder del PP gallego llamó a «ir a por todas» en las generales y, al mismo tiempo, pidió a su propio gobierno «ir a por más». «Para no caer en la autocomplacencia, hay que poner deberes», afirmó tras lo que pidió «no renunciar a nada».

Dos años después de aquella noche electoral, Rueda ya no es el presidente que llegó por relevo, sino el que ganó en las urnas. El resultado electoral despejó las dudas internas y frenó las expectativas de un cambio político que el BNG creyó posible.

El balance de este bienio deja una fotografía nítida: estabilidad institucional, control orgánico del partido y ausencia de grandes sobresaltos políticos. También retos abiertos. La sanidad sigue tensionando el debate público, la expansión eólica continúa atrapada en los tribunales y el nacionalismo mantiene una base electoral sólida que obliga al PP a no descuidar el terreno.

Rueda ha optado por la gestión discreta frente al liderazgo de grandes gestos. Esa fórmula le ha funcionado hasta ahora. Las encuestas mantienen al PP en cabeza y el presidente presume de un equipo que «gana elecciones». Pero la mayoría absoluta no inmuniza frente al desgaste.

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