Rosca gallega de Pascua

Rosca gallega de PascuaREDES SOCIALES

Rosca gallega de Pascua: el dulce aroma que custodia la tradición en cada hogar

Un bocado de mantequilla y huevos que nació para marcar el final de la Cuaresma

El recetario gallego atesora una herencia dulce capaz de convertir cualquier sobremesa en un rito. La larpeira, las filloas y la tarta de Santiago se alzan como embajadoras para los amantes de los sabores de siempre, pero el mapa de la repostería de Galicia es mucho más extenso. Referentes como la bica o los buñuelos completan un catálogo de joyas artesanas con una tradición inquebrantable en estas tierras.

En este inventario de tentaciones dulces, hay una pieza que es protagonista durante la primavera: la rosca gallega de Pascua. Aunque a día de hoy se consume a lo largo de todo el año, su reinado es en Semana Santa.

Su origen nació para marcar el final de la Cuaresma. Antaño, tras semanas de ayuno, los huevos guardados se bendecían y se repartían entre los allegados como símbolo de alegría en el Domingo de Resurrección. Esa receta, que surgió de la necesidad de dar salida a los excedentes acumulados, evolucionó hasta integrar los huevos directamente en una masa dulce y esponjosa, dando vida a la pieza que hoy preside nuestras mesas.

De generación en generación

La rosca de Pascua gallega es de esos dulces cuya receta ha pasado de generación en generación. Guarda muchas similitudes con el roscón de Reyes, pero se diferencia por su miga más densa y húmeda, además del toque de anís y el protagonismo de los huevos cocidos incrustados en la masa. Además, a diferencia del dulce navideño, esta versión gallega suele prescindir de las frutas escarchadas por la superficie, el limón y el agua de azahar.

Lo cierto es que esta tradicional receta tiene distintas variantes dependiendo de la zona geográfica de Galicia. Así, por ejemplo, en A Guarda, las rellenan de crema pastelera, y en Caldas de Reyes, en general, tienen forma alargada y no circular.

Su elaboración es relativamente sencilla, aunque requiere paciencia para respetar los tiempos de cada paso de la receta. A menudo se presenta trenzada o rellena, aunque la versión más purista es la seca, que puede acompañarse de chocolate, dulce de leche o crema pastelera. Para lo más golosos, la opción ideal es con leche condensada.

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