Parque eólico Windanker de Iberdrola
El metal exige al Gobierno el despegue de la eólica marina para blindar a Galicia ante la crisis energética
La industria apremia a convocar subastas en el actual contexto de de la guerra en Oriente Próximo
El secretario general de la Asociación de Industrias del Metal y Tecnologías Asociadas de Galicia (Asime), Enrique Mallón, ha hecho un llamamiento al Gobierno para no «perder tiempo» en la implantación de eólica marina y ha apremiado a convocar subastas en el actual contexto de crisis energética a raíz de la guerra en Oriente Próximo.
Apunta que la apertura de consultas para la primera subasta anunciada por el Ministerio para la Transición Ecológica «llega con retraso», pero valora como «una buena noticia que por fin se den los pasos necesarios para impulsar esta energía limpia», una cuestión «clave» para reducir la factura energética de particulares e industrias.
Sobre la opción de que Canarias pueda copar el lanzamiento de la eólica marina en España por delante de Galicia en la primera subasta, el responsable de Asime explica: «Respecto de la demarcación geográfica, en ningún momento se ha comunicado oficialmente que la subasta vaya a circunscribirse solo a Canarias, y nuestra reivindicación es que, por supuesto, Galicia también esté en esa primera puja».
Subasta de proyectos
Confía en que este mismo año Galicia entre en juego en las subastas de proyectos. «Ya hemos enviado las alegaciones correspondientes desde los distintos grupos de interés, ahora deben valorarlas desde el ejecutivo, pero sin duda no debiéramos perder tiempo, es momento de agilizar esta cuestión».
Reflexiona acerca de que «partir desde un inicio con dos o tres regiones de alto potencial, como lo son Canarias y Galicia, permitiría movilizar varios polos industriales en paralelo, beneficiando un mayor aprendizaje, inversiones competitivas y una adecuada ordenación del territorio». Opina que otorgaría «también certidumbre a la cadena de valor, que lleva muchos años esperando esta regulación para poder traducir proyectos en inversiones reales y viables».
Una de las cuestiones que se ha trasladado desde Galicia en las alegaciones «es la necesidad de repercutir adecuadamente la implantación eólica marina en reducción de costes energéticos, valorar la capacidad industrial de los promotores que se presenten a las subastas, y ponderar con especial fuerza la componente industrial local».
«Queremos que en las subastas haya una valoración de la capacidad industrial real del promotor para ejecutar esos parques y que se valore en la justa medida el componente local. No queremos que se ponga una barrera absoluta a productos que vengan de fuera, pero tampoco sería lógico que no apostemos por la fabricación local, por lo que en ese sentido debemos dialogar con el Gobierno de España para que esta oportunidad histórica repercuta positivamente en nuestros hogares y en nuestra industria a través de una menor factura energética, ese es nuestro principal objetivo», afirma.
5.000 empleos durante una década
Actualmente, hay en Galicia 3.000 personas que trabajan directamente y 2.000 de forma indirecta en eólica 'offshore', según cálculos de Asime. Estima que el desarrollo de la eólica marina puede generar 5.000 nuevos empleos directos en los próximos 10 años en Galicia y generar un efecto tractor en 200 empresas.
«Hay más de 60 empresas gallegas que tienen gran parte de su facturación anual dedicada a la eólica marina y otras 120 que trabajan puntualmente para ella», relata.
Apunta a la oportunidad que supone para la industria gallega, pues «hoy en día en Europa solo hay capacidad para proveer a un 50 % de todos los parques eólicos marinos que se planea desarrollar». Y remarca que tres de los cinco únicos parques eólicos flotantes implantados en Europa cuentan con «componentes y tecnología gallega».
«Queremos seguir exportando, que es el que hicimos la ahora; pero también creemos muy conveniente que, cerca de nuestras costas, allá donde sea viable y compatible, se puedan implantar parques eólicos marinos para ser proveedores también en nuestras propias fronteras», concluye Mallón.