Incendio de Boborás
Estabilizados los incendios de Boborás y Xermade tras arrasar más de 280 hectáreas
Los fuegos de los últimos días empiezan a dar una ligera tregua, aunque el dispositivo de extinción sigue en alerta
La ola de incendios que afecta a Galicia en los últimos días empieza a dar una ligera tregua, aunque el dispositivo de extinción sigue en alerta. La Consejería do Medio Rural ha informado de la estabilización de los incendios forestales de Boborás (Orense) y de Xermade (Lugo), dos de los últimos focos activos que dejan en conjunto más de 280 hectáreas calcinadas.
La situación llega tras varios días complicados en distintos puntos de la comunidad gallega por la simultaneidad de incendios y la necesidad de desplegar importantes medios aéreos y terrestres.
Situación estabilizada en los tres fuegos
El incendio de Boborás, en la provincia de Orense, quedó estabilizado en torno a las 21:30 horas de este lunes, después de iniciarse en la noche del sábado. El fuego ha afectado a unas 250 hectáreas, según las estimaciones oficiales, y obligó durante la jornada del domingo a activar la Situación 2 por la cercanía del fuego a núcleos de población, una medida que posteriormente fue desactivada tras mejorar la evolución del incendio.
En las labores de extinción se ha desplegado un amplio operativo con decenas de brigadas, motobombas, medios aéreos y técnicos especializados, en un dispositivo que refleja la magnitud del incendio.
En la provincia de Lugo, el incendio de Xermade, en la parroquia de Roupar, también quedó estabilizado en la noche del lunes, en torno a las 23:45 horas. El fuego, que se inició a primera hora de la tarde del mismo día, ha afectado a unas 35 hectáreas, según las primeras estimaciones. En su extinción se han movilizado helicópteros, aviones, brigadas y maquinaria pesada. Y por último, a estos dos incendios se suma el de Herbón, en el municipio de Padrón, que permanece estabilizado desde este lunes tras afectar a unas 350 hectáreas.
Aunque la evolución es positiva, las autoridades mantienen la vigilancia ante posibles reactivaciones, especialmente en zonas donde el terreno y las condiciones meteorológicas pueden complicar la extinción definitiva.