Un vecino trabaja en las labores de limpieza
«Nos llegaba el agua al cuello»: el relato de los vecinos de Viana do Bolo tras la riada que arrasó sus hogares
El agua y el lodo alcanzaron más de dos metros de altura en algunos puntos y obligaron a varios vecinos a escapar por las ventanas para salvar la vida
Las imágenes recuerdan más a las consecuencias de una catástrofe natural de gran magnitud que a las secuelas habituales de una tormenta. Bicicletas enterradas entre troncos, coches sepultados por el barro, campos arrasados y viviendas rodeadas de escombros forman parte del escenario que este viernes encuentran los vecinos de las aldeas de A Bouza y Pradocabalos, en el municipio de Viana do Bolo (Orense).
Dos días después de las intensas lluvias, los habitantes de la zona siguen intentando asimilar lo ocurrido. La tromba de agua que descendió desde la montaña de O Testeiro provocó una violenta crecida del río Bouzo, que arrastró piedras, ramas, barro y toneladas de material que acabaron invadiendo las poblaciones. «Esto fue un tsunami», repiten muchos de los afectados para describir una situación que aseguran no haber visto ni vivido nunca antes.
«En cinco minutos desapareció todo»
A primera hora de la mañana, decenas de vecinos ya trabajaban en las labores de limpieza. Armados con palas, carretillas y maquinaria agrícola, trataban de retirar el barro acumulado alrededor de sus viviendas. Manolo, uno de los afectados, todavía no logra comprender la rapidez con la que se produjo el desastre. «Fue cosa de visto y no visto. En cinco minutos desapareció todo. Salí a la puerta y ya no reconocía el pueblo», explica mientras observa los daños causados por la corriente.
Entre los testimonios más impactantes está el de Adolfo, que vivió momentos de auténtico pánico junto a su padre cuando intentaban sacar el coche del garaje. «El agua nos llegó hasta el cuello. Tuvimos que salir por una ventana porque si no nos quedábamos dentro», relata. La familia perdió el vehículo, diversos electrodomésticos y uno de sus perros. Otros animales de la zona murieron arrastrados por la corriente o continúan desaparecidos.
Y es que las consecuencias son visibles en cada rincón. Muros derrumbados, árboles arrancados, maquinaria agrícola inutilizada y edificios anegados forman parte de un balance provisional que todavía está lejos de completarse. Aún así, y oese a la magnitud del desastre, los vecinos celebran que no hubo víctimas mortales, una circunstancia que consideran casi milagrosa dadas las dimensiones de la riada.
Un puente evitó una tragedia aún mayor
La situación también fue crítica en la aldea de Pradocabalos. Allí, la enorme cantidad de troncos, piedras y restos vegetales acumulados contra el puente de acceso al pueblo puso en riesgo la estructura. Operarios de conservación de carreteras trabajan desde primera hora para retirar los escombros y reducir la presión sobre los pilares.
Según explicó el alcalde de Viana do Bolo, Germán García-Ávila, si el puente hubiera cedido, la población habría quedado completamente inundada. «El pueblo habría desaparecido», resumió el regidor al describir el riesgo que se vivió durante las horas más críticas del temporal.
Más allá de los daños materiales en viviendas y vehículos, la riada ha golpeado duramente a la actividad agrícola de la zona. Campos completamente cubiertos de lodo, huertas destruidas y cosechas perdidas dibujan un panorama especialmente complicado para los habitantes de estas aldeas rurales.
Mientras tanto, continúan sin agua potable y dependen de botellas suministradas para cocinar y beber. Las autoridades trabajan en la evaluación de daños y el Ayuntamiento ya ha solicitado apoyo para agilizar las ayudas y estudiar la posible declaración de zona de emergencia. Sin embargo, en A Bouza y Pradocabalos la prioridad sigue siendo otra: retirar el barro, rescatar lo que aún puede salvarse y reconstruir unas aldeas que, en apenas unos minutos, quedaron sepultadas bajo una riada que sus habitantes jamás olvidarán.