La ruta milenaria de Lugo que esconde una antigua fábrica de hielo y la casa de la bandolera más temida de Galicia

La ruta milenaria de Lugo que esconde una antigua fábrica de hielo y la casa de la bandolera más temida de GaliciaTurismo de Galicia

La ruta milenaria de Lugo que esconde una antigua fábrica de hielo y la casa de la bandolera más temida de Galicia

Por él circularon comerciantes, viajeros, vecinos y autoridades cuando las comunicaciones dependían de las caballerías y de las antiguas rutas que atravesaban las montañas gallegas

Hay caminos que sirven para llegar a un destino y otros que, por sí mismos, son el destino. En el interior de Lugo existe uno que durante siglos fue mucho más que una vía de paso. Por él circularon comerciantes, viajeros, vecinos y autoridades cuando las comunicaciones dependían de las caballerías y de las antiguas rutas que atravesaban las montañas gallegas.

Hoy, convertido en itinerario para senderistas, el recorrido sigue las huellas de la antigua vía que comunicaba Mondoñedo (Lugo), capital del antiguo Reino de Galicia, con Ferrol (La Coruña), y que durante siglos desempeñó un importante papel como eje de comunicación y actividad comercial.

Esta es la milenaria ruta gallega

Se trata del Camino Real de A Carba que se adentra en algunos de los espacios naturales y patrimoniales más singulares de este rincón de la provincia de Lugo. De hecho, el paisaje es uno de los grandes atractivos del itinerario. El Camino Real atraviesa la Sierra de la Carba, integrada en el Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) de la Sierra del Xistral, entre zonas verdes y caminos de tierra que permiten realizar buena parte de la ruta con relativa comodidad.

Uno de sus puntos destacados es O Garba, que alcanza los 909 metros de altitud y está coronado por un vértice geodésico. Desde esta zona elevada, se obtienen panorámicas sobre La Tierra Chá y la Sierra del Xistral, en un entorno donde el paisaje abierto de la montaña contrasta con los bosques y masas de vegetación que aparecen en otros tramos del recorrido.

Lugar de Galicia donde nace el viento y la lluvia

Sierra do XistralRías Altas

Pero si algo diferencia al Camino Real de A Carba de otras rutas de senderismo es la cantidad de historias que permanecen vinculadas a su trazado. Al entrar en Xermade por la parroquia de Lousada aparece uno de los elementos más curiosos del recorrido: la Casa da Neveira. Su existencia recuerda una época en la que conservar alimentos y mercancías era un desafío y la nieve constituía un recurso de enorme valor.

En este lugar se recogía la nieve durante los meses más fríos. Después se compactaba y almacenaba para conseguir conservarla durante largos periodos. El hielo obtenido se transportaba posteriormente hacia Ferrol, principalmente en caballerías y aprovechando las horas nocturnas, cuando las temperaturas ayudaban a retrasar su deshielo.

La historia deja paso después a la naturaleza en la Fraga de la Lagoa, uno de los espacios de mayor valor ecológico del recorrido. El camino se interna en un bosque donde sobreviven ejemplares de árboles autóctonos y una vegetación que crea una auténtica cubierta verde. Entre robles y acebos centenarios se encuentra además uno de los primeros manantiales del río Trimaz.

Pero la Fraga de la Lagoa guarda también una historia relacionada con una de las prácticas tradicionales de la Galicia rural. En las zonas altas se realizaban antiguamente monterías y la tradición señala la existencia de un foso de lobo, una construcción utilizada para capturar lobos y otros animales considerados peligrosos.

Una iglesia peculiar y la casa de la bandera más temida de Galicia

El recorrido continúa atravesando distintos lugares hasta alcanzar el Campo de la Feria de Lousada, donde aparece otro de los elementos más sorprendentes de esta ruta: la iglesia de Santo André de Lousada.

El templo, inaugurado en 1962 y diseñado por el arquitecto Rodolfo Ucha, rompe con la imagen que muchos visitantes podrían esperar encontrar en una pequeña localidad del interior de Galicia. Su característica fachada triangular y, especialmente, el gran mosaico de colores que la decora le confieren una apariencia singular que recuerda a construcciones modernistas de Europa y América y convierte la iglesia en uno de los edificios más llamativos del itinerario

La ruta continúa después por lugares como la Cruz da Rega y alcanza el Puente dos Corvos, y entonces aparece uno de los elementos que más alimentan la leyenda del Camino Real de La Carba.

En Abelleira se encuentra la antigua posada vinculada a Pepa A Loba, uno de los personajes más conocidos de la tradición popular gallega y cuya figura ha quedado asociada a las historias de bandoleros que durante siglos recorrieron los caminos de Galicia. Según la tradición, Pepa A Loba habría regentado un hospedaje situado junto al camino sin abandonar sus actividades como bandolera.

Los viajeros que recorrían estas antiguas vías se convertían así en potenciales víctimas de unos asaltos que contribuyeron a alimentar la leyenda alrededor de su figura. Más allá de estas historias, la presencia de esta antigua posada aporta al recorrido un componente de misterio difícil de encontrar en otras rutas.

Antiguos hornos para los viajeros

La historia continúa hasta Roupar, donde el Camino Real vuelve a ofrecer nuevas pistas sobre la importancia que tuvo esta vía. En Os Fornos (Los Hornos) se localizaban antiguamente instalaciones destinadas a cocer pan para abastecer a los viajeros que recorrían el camino.

El itinerario pasa también por la Capilla del Campo y por la iglesia de San Pedro Fiz, antes de continuar en dirección a Aguillón, donde concluye este recorrido por uno de los paisajes menos conocidos y, precisamente por ello, más interesantes del interior lucense.

En definitiva, el Camino Real de La Carba permite descubrir así una Galicia que va mucho más allá de los grandes monumentos y de los destinos turísticos más conocidos. Es un recorrido por una antigua vía de comunicación en la que todavía sobreviven las huellas de quienes la utilizaron durante siglos. Y todo ello entre bosques, montañas, ríos y pequeñas construcciones que han conseguido conservar parte de la memoria del territorio.

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