El pueblo gallego que se convirtió en símbolo del Prestige vuelve a llenarse para cumplir un extraño ritual con sus piedras

El pueblo gallego que se convirtió en símbolo del Prestige vuelve a llenarse para cumplir un ritual con sus piedrasEFE

Así es el curioso ritual de las piedras que ha vuelto a reunir a cientos de personas en el pueblo símbolo del Prestige

Cada domingo siguiente al 8 de septiembre, visitantes llegados de distintos puntos de España y del extranjero acuden a la Costa de la Muerte para intentar mover una roca y cumplir antiguas tradiciones

Hay una localidad gallega en la que, una vez al año, las piedras se convierten en protagonistas. No se trata únicamente de admirarlas: los visitantes las mueven, pasan por debajo de ellas, introducen la cabeza en sus huecos o buscan algunas de las más escondidas para completar el rituales.

La tradición reúne este domingo a una multitud en la Costa de Muerte. Vecinos, peregrinos y visitantes llegados de distintos puntos de España y del extranjero se acercan hasta el entorno de un santuario rodeado de leyendas para repetir unos ritos de origen pagano que con el tiempo quedaron vinculados a la celebración religiosa.

Un pueblo marcado por el Prestige

El escenario es Muxía, una localidad que, además de por su paisaje y su patrimonio, permanece ligada en la memoria colectiva a una de las mayores catástrofes medioambientales ocurridas en España. En 2002, el hundimiento del petrolero Prestige convirtió este municipio en uno de los principales símbolos de la marea negra que cubrió buena parte de la costa gallega.

Más de dos décadas después, Muxía vuelve a reunir a cientos de personas con motivo de esta celebración. Visitantes y peregrinos se acercan hasta el santuario de la Virgen de la Barca para participar en los tradicionales rituales de las piedras. La más conocida es la Piedra de Abalar, cuyo propio nombre hace referencia a su capacidad para balancearse. El objetivo es conseguir que la enorme roca oscile mediante una sucesión de movimientos y apoyos. No es tan sencillo como parece. Hay que encontrar el punto exacto y mantener el equilibrio mientras se imprime a la piedra el movimiento necesario. Algunos visitantes consiguen hacerla oscilar y otros terminan abandonando el intento.

Gente cumpliendo el ritual

Gente cumpliendo el ritualEFE

No es tan sencillo como parece. Hay que encontrar el punto exacto y mantener el equilibrio mientras se imprime a la piedra el movimiento necesario. Algunos visitantes consiguen hacerla oscilar y otros terminan abandonando el intento. La tradición ha añadido durante siglos un componente de misterio a este ritual. Según las creencias populares, quienes conseguían mover la piedra estaban libres de pecado. En cambio, si la roca comenzaba a oscilar sin que nadie estuviese sobre ella, era considerado un presagio de desgracias.

La jornada ha dejado escenas curiosas entre quienes se han animado a probar suerte. Uno de los visitantes, después de intentarlo sin conseguir moverla, bromeaba: «Si me pasa algo con el coche, lo cubre el seguro, pero esto no. Yo desisto».

Piedras para curar, proteger y encontrar el amor

El ritual no termina en la Piedra de Abalar. El entorno del santuario está salpicado de otras rocas a las que la tradición popular atribuye propiedades muy diferentes. La Piedra de Os Cadrís está relacionada con los riñones y los dolores de espalda. Para completar el rito hay que pasar nueve veces por debajo de ella.

La Piedra da Cabeza tiene otra función: la tradición manda introducir la cabeza en uno de sus huecos para protegerse de las migrañas. Y todavía queda una última búsqueda. La Piedra de los Enamorados, situada más alejada del santuario, está asociada al amor y promete, según la creencia popular, un vínculo eterno a quienes consiguen encontrarla.

Piedra de la Cabeza

Piedra de la CabezaEFE

Son prácticas que mezclan antiguas creencias, supersticiones y religiosidad popular y que han convertido la celebración en una de las estampas más singulares de Galicia. Una tradición que se mantiene con el paso de los años y que cada septiembre vuelve a llevar hasta Muxía a vecinos, peregrinos y visitantes atraídos por unas piedras que siguen siendo parte esencial de la identidad de este rincón de la Costa de la Muerte.

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