La playa que aparece y desaparece según la marea
La cala efímera de Galicia entre los acantilados más altos de Europa: aparece y desaparece con la marea
En sus inmediaciones descansan restos de antiguas cetáreas romanas, estructuras utilizadas para la cría de mariscos como mejillones
Galicia es una tierra de contrastes en la que la naturaleza se impone con fuerza. Entre bosques, pueblos marineros y costas batidas por el Atlántico, se encuentran algunos de sus arenales más singulares.
Las Rías Bajas son conocidas por sus playas pero el norte gallego, con sus Rías Altas, guarda curiosidades como una pequeña cala de arena blanca y aguas turquesa que solo aparece cuando baja la marea.
Esta es la singular cala gallega
Nos referimos a la Cala Sonreiras. Situada en la ría de Cedeira (La Coruña), esta pequeña cala representa uno de los enclaves más especiales del litoral gallego.
Su particularidad más llamativa es que está totalmente condicionada por las mareas. Solo con la bajamar emerge la playa, dibujando una franja de apenas 20 metros de longitud que desaparece bajo las aguas cuando sube la marea. Es como si la naturaleza decidiera esconderla cada cierto tiempo, guardándola para aquellos que saben esperar y conocen los ciclos del mar.
A los pies de los colosales acantilados de Vixía Herbeira los más altos de Europa continental con más de 600 metros sobre el nivel del mar, Cala Sonreiras se ubica entre paredes de piedra y vegetación, protegida del oleaje por la forma recogida de la ría.
Se accede por un sendero que parte desde la Punta Sarridal y se interna en un bosque costero antes de descender por unas escaleras de madera hasta este enclave virgen.
Si el tiempo lo permite, practicar snorkel o buceo son algunas de las opciones que ofrece este arenal en sus aguas transparentes, gracias a la protección natural que ofrecen los acantilados.
Más que tomar arenal, mar y sol
Pero además de su atractivo natural, Sonreiras tiene también historia. En sus inmediaciones descansan restos de antiguas cetáreas romanas, estructuras utilizadas para la cría de mariscos como mejillones, que testimonian la herencia marinera de la zona.
A escasos metros, en lo alto de la Punta Sarridal, se alza el Castillo de la Concepción, una fortificación construida para defender la ría tras un ataque de la armada inglesa. Hoy convertido en mirador y museo, desde su posición se puede contemplar la cala.
No muy lejos, el Faro de Punta Candieira y el de Robaleira completan un recorrido costero que transcurre por los miradores naturales, desde los que se puede ver la lonja de Cedeira, donde se subastan percebes y berberechos extraídos de las mismas aguas que, algunas horas al día, cubren la playa que tanto esfuerzo cuesta encontrar.
En definitiva, Cala Sonreiras no es solo una playa. Es una experiencia que el Atlántico otorga a quienes se dejan guiar por la marea.