El túnel que transformó el paisaje gallego

El túnel que transformó el paisaje gallegoTurismo de Galicia

Montefurado, la obra maestra de la ingeniería romana que cambió el curso de un río gallego para extraer oro

El túnel midió 120 metros de longitud, 19 de ancho y 17 de alto

Galicia es una tierra que sorprende al visitante por la belleza de sus paisajes, su identidad cultural y su riqueza patrimonial. En cada rincón de la comunidad gallega existen vestigios que hablan de siglos de ingenio y aprovechamiento del entorno. Ese legado, visible en caminos, aldeas, monumentos y construcciones varias, forma parte esencial de su oferta turística.

Entre los muchos tesoros que Galicia ofrece a quienes la recorren, hay obras poco conocidas. Una de ellas es el túnel de Montefurado, una construcción que transformó por completo el curso de un río con el único objetivo de encontrar oro.

Cuando el Sil obedeció a Roma

En las cercanías de Quiroga, en la provincia de Lugo, se encuentra un lugar que encierra uno de los episodios más fascinantes de la ingeniería romana: Montefurado (‘monte agujereado’).

Aunque el paisaje de Montefurado llama la atención por su belleza natural, lo que hoy parece una formación caprichosa del terreno es, en realidad, una creación del ser humano. Y es que este singular túnel no surgió por obra de la naturaleza, sino como resultado de la ambición de los ingenieros romanos decididos a extraer el oro que arrastraban las aguas del río Sil.

En tiempos pasados, este río serpenteaba libremente entre valles y meandros hasta encontrarse con el Bibei, pero todo cambió cuando, bajo mandato del emperador Trajano, se emprendió una obra que alteró el curso del río y, con él, el propio paisaje.

Los ingenieros romanos llevaron a cabo una intervención en las paredes rocosas de Montefurado mediante la excavación de un túnel de 120 metros de longitud, 19 de ancho y 17 de alto. Esta construcción permitió desviar el cauce del río Sil con el objetivo de facilitar la extracción de oro, que solía acumularse en el fondo del meandro original del río.

El sistema diseñado permitía canalizar el río a través del túnel durante la estación seca, dejando el meandro sin agua y facilitando así la recogida del oro.

Se estima que, a raíz de esta modificación hidráulica, en la zona se pudieron extraer aproximadamente 190 toneladas de oro.

Durante los meses de invierno, el túnel se cerraba, y el agua volvía a circular por el cauce original, lo que contribuía a depositar nuevos sedimentos, este ciclo se repetía para optimizar la extracción del mineral.

Una obra que no venció al agua

Aunque gran parte de la estructura ha resistido al paso del tiempo, en noviembre de 1934 una violenta riada causó el derrumbe parcial del túnel. De sus 120 metros originales, en la actualidad apenas se conservan unos 52. Y es que, finalmente, el agua reclamó lo que, en su momento, le fue arrebatado.

El desplome, además, sepultó un castillo medieval que se erigía sobre la roca, del cual solo queda constancia en documentos históricos y leyendas locales.

El túnel quedó taponado durante años, causando inundaciones en los campos circundantes, lo que transformó el entorno en una zona húmeda rica en biodiversidad. No fue hasta 1941 cuando se reabrió parcialmente el conducto. Desde entonces, el río Sil volvió a circular a través del túnel, aunque de manera limitada.

El túnel de Montefurado es un vestigio arqueológico que demuestra el grado de conocimiento técnico que poseían los romanos en materia hidráulica y geológica.

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