Aspecto de la terraza de un bar de barrio pasadas las 9 de la noche del domingo
La cruz de la hostelería cordobesa: el verano y el calor causan estragos
La actividad económica se reduce drásticamente en los establecimientos y se cierra por las tardes
Ha llegado el verano acompañado de una ola de calor que, si ya hace difícil el pasear a determinadas horas de la calle, repercute en un sector fundamental de la economía cordobesa: la hostelería. Los hábitos de los clientes cambian radicalmente. Los parroquianos habituales siguen yendo al bar de siempre, pero más temprano para evitar el calor. Los desayunos parece que siguen funcionando, pero el éxodo vacacional también va a vaciar los veladores paulatinamente. El tardeo desaparece de la agenda de ocio de los cordobeses y éstos solo salen a tomar algo a la calle a partir de las nueve de la noche, que es cuando se puede pisar la calle sin miedo a sufrir un síncope.
Según el presidente de la patronal de la hostelería cordobesa (Hostecor), Jesús Guerrero, por las mañanas se funciona «un poquito», pero que hasta las 9 de la noche «no hay nada que rascar». En efecto, debido a que casi todo el mundo huye del trabajo camino a casa para refugiarse con el frescor del aire acondicionado, las cervecitas del mediodía y el tardeo han echado el cierre. «El tardeo en terrazas no existe y como tal, no existe», apunta Guerrero. Esa es la causa de que entre 4 y 8 de la tarde, la mayoría de establecimientos de hostelería, ya sean bares, sobre todo los pequeños, y restaurantes, echen la persiana. Y el panorama nocturno no es tampoco muy halagüeño. Según el presidente de Hostecor, los efectos post Covid se dejan aún sentir, ya que «no hemos llegado aún a la rentabilidad de 2019». A esto hay que añadir el incremento del precio de la luz, de auténtico disparate en algunos períodos de este lustro pasado, los costes de personal (y eso que la mayoría de establecimientos tiene una plantilla inferior a cinco trabajadores), el incremento de los precios de los suministros…y todo ello influye en que ”se alcanza muy baja rentabilidad en las horas en las que está abierto el establecimiento”, añade Guerrero.
Jesús Guerrero, presidente de Hostecor
El ejemplo de un hostelero
Alfredo Romeo, empresario al frente de varios negocios de hostelería, abunda en el tema: «La temperatura cada día influye más en la toma de decisión de un cliente a la hora de salir a la calle. Han cambiado los hábitos, evidentemente. Desde que llega el calor, a mediodía básicamente no se vende o se vende muy poco y toda la venta la tienes en el tramo nocturno. ¿Cuál es el problema? Que se reduce mucho el tramo de operaciones. Ya no tienes un negocio que te factura 8 horas, te factura 4». La tarde ya no funciona como antes y a mediodía, al haber acabado los colegios, «desplazarse los clientes a mediodía a tomar algo, pues no apetece». Romeo añade: «Y los desayunos, depende de la zona. Hay zonas donde no interesa abrir ni siquiera para desayunos, porque no tienen suficiente volumen de clientes. Por eso cada día hay menos sitios que ofrecen desayunos. Frente al ingreso medio que puedes obtener por una comida o una cena, ¿cuántos desayunos necesitas simplemente para nivelar los costes laborales, de electricidad y demás?»
Alfredo Romeo
Romeo coincide con Guerrero en que, tras la pandemia, hay menos rentabilidad. «Podrán ser las mismas cifras, porque se han aumentado los precios acorde a los costes, pero hay que añadir la reducción de la jornada laboral, por lo que se va a trabajar menos y se reduce, en consecuencia, la oferta a los clientes. Y mantener puesto el aire acondicionado te puede costar 40 euros al día».
Por último, Romeo también se refiere al cambio de hábitos de los consumidores en los últimos años. «Antes la gente salía más a cenar y ahora prefiere quedarse en casa y recibir la comida a domicilio. Han cambiado mucho las cosas. Hay otras alternativas».
La salud de Hostecor
En otro orden de cosas, Jesús Guerrero cumple año y medio al frente de Hostecor y afirma que ya se ha puesto orden en organización, ya que en la anterior asamblea general se aprobaron las cuentas, «cosa que antes no se podía hacer, ni responsabilizarnos, porque no había nada». Cuando él accedió a la presidencia encontró numerosas irregularidades en las cuentas y facturas impagadas. «Cuando entramos estábamos en la UCI y con medicamentos. Ahora ya estamos en planta. El balance es positivo porque de 150 se ha pasado a 240 socios».