Ayuda y acompañamiento para prevenir las conductas suicidas
Diez años, la edad desde la que Asaenec ya trabaja en Córdoba para prevenir el suicidio
La asociación tiene 18 personas en sus grupos de jóvenes y una escuela de familia a la que acuden 35 familiares
Hablar. Pedir ayuda. Aprender a detectar que algo está cambiando. Son tres acciones sencillas que cambian de dimensión cuando detrás hay pensamientos suicidas. En Córdoba, Asaenec Salud Mental trabaja ya con menores desde los diez años dentro de sus programas de prevención, una edad que muestra hasta dónde ha bajado un problema que este jueves, 10 de septiembre, vuelve a la actualidad con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
«Es muy alarmante», reconoce la psicóloga de Asaenec Melani García. Pero matiza: que esos menores lleguen a consulta después de un intento no consumado o con ideación suicida significa también que «están en el sitio adecuado y están pidiendo ayuda».
La asociación cordobesa se ha sumado este año a la campaña de la Confederación Salud Mental España, que bajo el lema «Ni culpa ni silencio: hablemos del duelo por suicidio» pone parte del foco en quienes quedan después de una muerte por esta causa. Con cada suicidio se estima que al menos seis personas quedan profundamente afectadas, y el duelo puede sumar al dolor de la pérdida sentimientos de culpa, vergüenza o rabia.
El planteamiento coincide con el lema internacional elegido para el periodo 2024-2026, «Cambiar la narrativa sobre el suicidio», que pide iniciar la conversación y sustituir el silencio y el estigma por una aproximación abierta al problema y orientada a buscar ayuda.
«Para mí significa pasar de una conversación dominada por el miedo, el silencio o el morbo a una conversación más centrada en la prevención, la escucha, la evidencia y la esperanza», explica García. En esa conversación incluye también a las personas que quedan alrededor: «Necesitan nuestro apoyo, nuestra comprensión y, sobre todo, no ser juzgadas».
Más de mil muertes en Córdoba
Los últimos datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía reflejan la dimensión del problema en la provincia. Entre 2011 y 2025 se registraron en Córdoba 1.063 muertes por suicidio: 854 de hombres y 209 de mujeres, un 80,3 % de varones. El máximo de la serie se alcanzó en 2023, con 82 muertes, y desde 2020 la cifra anual no ha bajado de 69.
¿Por qué una diferencia tan marcada entre hombres y mujeres? La psicóloga de Asaenec advierte de entrada que «la explicación es multifactorial» y no puede reducirse a una sola causa. Sí apunta hacia las dificultades para expresar el malestar.
La prevención, sostiene, necesita estrategias que faciliten esa expresión emocional que los hombres, por razones educativas, pueden no haber aprendido de la misma manera. «Al no estar tan acostumbrados a hablar sobre su mundo emocional, parece que provoca un bloqueo interno que aumenta la probabilidad y el riesgo de suicidio», señala.
De los 10 a los 45 años
Parte del trabajo de Asaenec se desarrolla antes de llegar a esas situaciones. La asociación acude a centros educativos de Córdoba y trabaja con menores y adolescentes, además de con las familias, a las que García define como «las grandes olvidadas».
En su sede funcionan también grupos de ayuda mutua. Actualmente participan 18 personas en el grupo joven, aunque el trabajo no se limita a las conductas autolesivas y aborda también la autoestima, las habilidades sociales o la gestión de las emociones.
La organización distribuye estos grupos por edades: de 10 a 18 años, de 18 a 28 y de 28 a 45, aunque las características personales pueden determinar la incorporación a uno u otro.
A ello se suma una escuela de familia que se reúne semanalmente durante dos horas y en la que participan actualmente 35 personas. Según García, la mayoría convive o ha convivido con personas con conductas suicidas, aunque insiste en que la ideación suicida tampoco implica necesariamente un trastorno mental.
La asociación ha reforzado durante el último año su presencia en los institutos. El objetivo, explica la psicóloga, es que los adolescentes sean capaces de pedir ayuda antes de que el sufrimiento avance.
Las señales que pueden alertar
No existe, advierte García, «una señal mágica». Sí pueden producirse cambios que deberían llamar la atención del entorno: más desesperanza, sentirse atrapado o sin salida, aislamiento social, dejar de relacionarse con personas hasta entonces importantes o cambios bruscos en el estado de ánimo.
También menciona un mayor consumo de alcohol, despedirse de personas o regalar pertenencias valiosas. «Estas señales sí pueden ayudarnos a alzar la voz y pedir ayuda», explica.
En los más jóvenes, Asaenec observa además dificultades para trasladar sus problemas a las personas próximas. «Creen que son una carga, no quieren molestar a sus padres porque tienen otros problemas», señala García. Ese bloqueo puede llevar al aislamiento y a refugiarse cada vez más en la tecnología frente a esa interacción de tú a tú.
Para Asaenec, la respuesta no puede recaer solo en psicólogos y profesionales sanitarios. «Esto es una responsabilidad comunitaria», sostiene García.
Ni culpa ni silencio
La campaña de este año añade otra dimensión: qué ocurre cuando el suicidio se ha consumado. Salud Mental España pone el foco en un duelo al que pueden sumarse preguntas sin respuesta fácil: qué se podría haber hecho, si hubo alguna señal que pasó inadvertida o si era posible evitarlo.
De ahí el lema «Ni culpa ni silencio» elegido para este 10 de septiembre, que según García apunta en la misma dirección: dejar espacio a quienes atraviesan un duelo por suicidio sin juicio ni tabú.
Esa ayuda empieza, en ocasiones, por algo tan elemental como conseguir decir que se necesita.
La prevención, también a debate en Córdoba
El Palacio de la Merced, sede de la Diputación de Córdoba, ha acogido esta mañana la mesa redonda «Hablemos del suicidio sin mitos: prevención desde la salud mental, la psicología y la educación», organizada por la Asociación Internacional Teléfono de la Esperanza dentro de los actos por el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.
En el acto han participado la delegada de Derechos Sociales de la Diputación, Irene Aguilera; el presidente de la sede cordobesa de Teléfono de la Esperanza, Rafael Ruiz; la delegada de Servicios Sociales, Mayores y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Córdoba, Eva Contador; y la delegada provincial de Sanidad y Consumo de la Junta de Andalucía, María Jesús Campos.
«Abrimos las puertas de la Diputación para convocar una mesa que creemos muy necesaria. Son muchos los mitos relacionados con el suicidio que nos impiden escuchar, en un determinado momento, voces de alarma que deben llamar nuestra atención», señaló Aguilera durante su intervención. La delegada añadió que «vivimos en un momento en el que todo es muy rápido y en el que se reducen los tiempos de escucha», por lo que, a su juicio, «pararnos y mirar con las gafas de las personas que reclaman nuestra atención es fundamental». La también presidenta del Instituto Provincial de Bienestar Social (IPBS) subrayó que «detrás de ese teléfono hay personas formadas que escuchan, que saben detectar problemas y ofrecer soluciones a problemas concretos».
Por su parte, Ruiz explicó que la entidad celebra tres actos centrales al año —uno dedicado a la escucha, otro al voluntariado y el de este jueves, centrado en la prevención del suicidio—. La prevención, sostuvo, «es una de las líneas maestras de nuestro trabajo, intentando con la intervención directa prevenir y reducir», y apuntó a las barreras sociales como uno de los principales obstáculos para actuar. Puso como ejemplo la idea, extendida según él, de que hay quien cree que no hay que hacer caso a una persona que habla de suicidio, cuando ese es precisamente el momento de iniciar un proceso de escucha y atención. «En torno a estos mitos se centra la mesa redonda que abordamos hoy», apostilló.
Ruiz cifró en cerca de 7.000 las llamadas que recibe la línea al año, no todas relacionadas con el suicidio, atendidas por un equipo de voluntarios y orientadores.
El teléfono 024 de atención a la conducta suicida es un servicio nacional, gratuito, confidencial y disponible las 24 horas del día durante los 365 días del año. Ante una emergencia vital inminente debe llamarse al 112.