Ágata González hace una prueba al adoquín reciclado
La Universidad de Córdoba diseña un adoquín 100% reciclado con conchas marinas y residuos mineros
El molusco usado es una especie de almeja de agua salada comestible conocida como corruco o langostillo que se comercializa y consume en conserva
Un equipo de la Escuela Politécnica Superior de Belmez (EPSB) de la Universidad de Córdoba ha logrado sustituir los materiales naturales por otros reciclados para la fabricación de un adoquín. En el caso de los áridos que se utilizan en los morteros y hormigones, el grupo lo cambió por uno generado a base de un tipo de residuo sin valor industrial alguno: las conchas de molusco. En concreto, de Acanthocardia tuberculata, una especie de almeja de agua salada comestible conocida como corruco o langostillo que se comercializa y consume en conserva.
José Ramón Jiménez, Ágata González y José María Fernández
«La industria conservera genera toneladas de este residuo que acaban acumulándose en vertederos», explica Ágata González Caro, investigadora del Área de Química Inorgánica y responsable principal del estudio. El trabajo plantea una manera de dar salida comercial a los residuos de este sector, a la vez que se resuelve uno de los retos de la industria de la construcción: triturar las conchas de este molusco, obteniendo un árido calizo capaz de sustituir a los naturales en los morteros y hormigones.
La investigación
Además de sustituir el árido por uno elaborado a base de conchas de moluscos, el grupo de investigación, del que también forman parte los investigadores de la UCO José Ramón Jiménez, José María Fernández Rodríguez y Antonio Manuel Merino Lechuga, se plantearon sustituir el resto de componentes hasta conseguir un adoquín cien por cien con materiales reciclados. Para reemplazar el cemento, sorteando así sus elevados costes medioambientales de producción, se emplearon residuos procedentes de una escombrera de la mina del Valle del Guadiato y cenizas volantes, dando a su vez una nueva vida a estos restos. Al someterlos a un proceso denominado activación alcalina, mediante el contacto con una solución alcalina con un pH muy elevado, se produjo una transformación que originó nuevos compuestos muy similares a los del cemento.
El resultado, explica la investigadora, es un bloque de adoquín resistente que cumple con los criterios mecánicos, de durabilidad y seguridad que requieren estos materiales. Todo ello sin contar en su composición con ningún material de origen natural, sólo las sobras y desperdicios de otras industrias.