Un hombre introduce una llave en la cerradura de la puerta de una vivienda
Así entran los ladrones en las viviendas de Córdoba: cerraduras obsoletas y marcas casi invisibles
Aunque los robos con fuerza en domicilios van en descenso, el verano sigue siendo un periodo especialmente sensible por la ausencia de muchos propietarios durante las vacaciones
La situación se producía el pasado domingo en un bloque de viviendas próximo a la Plaza de Toros, en Ciudad Jardín. Elena y Manuel regresaban por la mañana con su bebé después de pasar la noche en las afueras con unos amigos y notaron algo extraño en el piso. Aparentemente todo estaba en orden y la puerta no parecía forzada, pero al entrar en el dormitorio encontraron un cajón abierto y comprobaron que habían desaparecido unos anillos heredados de la abuela de Manuel. Los ladrones no habían tocado nada más. Fueron directamente a por lo seguro y, quizá, a lo de mayor valor en la vivienda de estos jóvenes padres.
Pero el piso de esta pareja no fue el único objetivo de los cacos. Antes habían colocado un hilo de silicona, casi imperceptible, en la parte inferior de las puertas de varias viviendas del bloque. Es uno de los métodos que utilizan para comprobar si en el piso hay actividad y asegurarse de que lo encontrarán vacío cuando decidan entrar. Julio es uno de los meses propicios para este tipo de delitos.
Según los últimos datos oficiales del Ministerio del Interior, la provincia de Córdoba registró 881 robos con fuerza en domicilios durante 2025, de los que 348 se produjeron en la capital, cifras que, no obstante, supusieron un descenso del 19,7 % y del 6,2 %, respectivamente, respecto al año anterior. La tendencia se mantiene durante el inicio de 2026, ya que en el primer trimestre se contabilizaron 132 robos en la provincia y 84 en la ciudad, un 15,4 % y un 26,3 % menos que en el mismo periodo de 2025. Pero las estadísticas no invitan a bajar la guardia: la prevención continúa siendo fundamental.
Aunque la Policía Nacional no ha detectado oficialmente un incremento de este tipo de delitos en las últimas semanas —«dos denuncias a lo sumo», señalan fuentes policiales—, otras fuentes consultadas por este periódico confirman que durante este mes se han reforzado los dispositivos de vigilancia, tanto de Seguridad Ciudadana como del Grupo de Robos en Domicilios de Policía Judicial, especialmente en la zona de Poniente. El operativo se centra principalmente en Ciudad Jardín, Vista Alegre y el entorno del Hospital Quirónsalud Córdoba, «desde la avenida del Aeropuerto hacia arriba, porque es donde más denuncias de robo en domicilio se están produciendo».
Cerraduras vulnerables
En muchos de estos robos no es necesario forzar la puerta. El método empleado en el caso de Elena y Manuel es conocido como bumping, una técnica que permite abrir determinadas cerraduras sin dejar apenas señales visibles. Sin embargo, José Antonio Diéguez, cerrajero cordobés y vicepresidente de la Unión Cerrajeros de Seguridad (UCES), advierte de que ni siquiera es ya el procedimiento más utilizado.
«El bumping ha quedado ya un poco obsoleto», explica. En su lugar han aparecido otros sistemas, como el impressioning o herramientas específicas como el denominado topolino, que permiten abrir numerosas cerraduras instaladas actualmente en las viviendas.
El problema, asegura, no está únicamente en la habilidad de los delincuentes, sino en el estado del parque de cerraduras existente en España. «Está absolutamente obsoleto. Igual que cambiamos un colchón cada diez años, la cerradura no se cambia nunca. Solo nos acordamos de ella cuando empieza a dar problemas o cuando ocurre algún robo cerca».
A ello se suma otro factor que considera especialmente preocupante: muchas promociones de viviendas nuevas siguen instalando cerraduras básicas. «Estamos hablando de pisos que cuestan cientos de miles de euros y llevan una cerradura que apenas ronda los 80 euros de coste. Se instalan cientos de viviendas con el mismo modelo de puerta y de cerradura, lo que multiplica las posibilidades de acceso para los delincuentes».
Internet tampoco ayuda. Herramientas que hace unos años solo estaban al alcance de profesionales hoy pueden adquirirse con relativa facilidad. «No es una varita mágica; hay que saber utilizarlas. Pero quien sabe hacerlo es precisamente el delincuente», resume.
La prevención empieza antes del robo
Para Diéguez, la seguridad nunca depende de un único elemento. «Todo suma», insiste. Cambiar la cerradura por otra de alta seguridad, instalar escudos protectores, añadir cerrojos de refuerzo, emplear llaves con perfil protegido o complementar la protección con alarmas y cámaras dificulta considerablemente el trabajo de los ladrones.
«Desde que alguien entra en el portal ya empieza la seguridad de la vivienda. Si el edificio no está bien protegido, el robo resulta mucho más sencillo. Y ahora, en vacaciones, cuando la mayoría de las casas permanecen vacías durante horas o incluso días, todavía más».
Cuando el robo no termina al cambiar la cerradura
Pero las consecuencias de un robo van mucho más allá de las pérdidas económicas. Carlos P. lo comprobó el 16 de junio del pasado año.
Era domingo y se encontraba leyendo la prensa en el salón de su vivienda, situada en el casco histórico de Córdoba, cuando escuchó ruidos en la puerta. Miró con cautela por la mirilla y descubrió a dos hombres manipulando la cerradura. Durante unos segundos pensó que estaba interpretando mal la escena. Después comprendió que estaban intentando entrar en su casa.
Gritó lo primero que se le ocurrió e hizo creer a los delincuentes que había otra persona en el interior encargándose de avisar a la Policía. Los dos individuos huyeron, pero desde entonces convive con una inquietud que aún no ha desaparecido. «¿Volverán? ¿Me estarán vigilando para saber cuándo salgo?». Un año después sigue sin sentirse completamente seguro en su propio domicilio.
José Manuel Aguilar Cuenca, psicólogo forense, sostiene que esa reacción resulta mucho más habitual de lo que suele pensarse. «Una casa no es solo un techo y unas paredes. Una casa es el punto desde el cual partimos para explorar el mundo y, con el mismo valor y en sentido contrario, el lugar al que volvemos cuando todo se nubla. Necesitamos ese referente, el lugar que nunca falla, al que siempre podemos volver. Por tanto, una casa no es tanto un lugar físico como una emoción».
El especialista lamenta que habitualmente el análisis de estos delitos se limite a cuantificar los objetos sustraídos o los daños materiales, dejando en un segundo plano el impacto emocional que puede prolongarse durante meses o incluso años. «Si la vivienda es violada, están entrando en nuestro cuerpo, en nuestra alma. Nos están diciendo que los límites físicos no existen, que eran una fantasía y que, si eso es así, nada impide que mañana vuelva a pasar. Es la destrucción de la emoción que siempre ha estado allí, la eliminación del último refugio».
Aguilar concluye describiendo un sentimiento que muchos afectados reconocen inmediatamente: «Es devastador porque ya no queda nada donde asirse. Y si no hay referentes, lo único que queda es el desamparo —la sensación de estar a merced de una fuerza externa por más que luches—, el cinismo y la apatía. Con la violación de tu hogar desaparece tu mapa moral y el hueco se llena de la ansiedad de la incertidumbre».
Pequeños gestos que pueden evitar un disgusto
La Policía Nacional insiste cada verano en una idea sencilla: la mejor protección comienza antes de salir de casa. Evitar anunciar las vacaciones en redes sociales, no dejar señales evidentes de ausencia prolongada, pedir a una persona de confianza que recoja el correo o suba y baje persianas de forma ocasional y comprobar que puertas y ventanas quedan correctamente cerradas son algunas de las recomendaciones básicas. A ello se suma la conveniencia de no dejar objetos de valor a la vista y de avisar inmediatamente a la Policía si se detectan marcas, hilos de silicona u otros indicios sospechosos en la puerta de la vivienda.