Incendio en la Mezquita Catedral de Córdoba
La noche en que Córdoba contuvo el aliento
La existencia de un plan de autoprotección y salvaguarda minimizó los daños y sirve de ejemplo a otros monumentos
Hace ahora un año, la inteligencia artificial daba sus primeros pasos y era fácil creerse toda aquella imagen que se recibía en el teléfono. Nada comparado a lo que es hoy día. Había cierta ingenuidad pero aquellas fotografías y aquellos vídeos que llegaron al móvil de cada uno en el atardecer de aquel viernes de agosto no necesitaban de un titular que lo explicase, ni acaso se dudó de que fuera un montaje de inteligencia artificial. En los tiempos en los que la imagen es más rápida que las palabras la noticia había saltado los límites de la ciudad y corría por toda España y por el extranjero: la Mezquita Catedral de Córdoba estaba en llamas.
Caía la tarde sobre la ciudad. No era una tarde cualquiera sino la de un viernes de agosto, víspera de un fin de semana que entre vacaciones y escapadas rápidas a la playa había vaciado las calles. Esta circunstancia no impidió que el dispositivo se activara de forma inmediata, tanto por parte de los bomberos y de la Policía Local como por los propios trabajadores del Cabildo Catedral, muchos de los cuales interrumpieron sus vacaciones para poner su grano de arena en la salvación del monumento.
Esta maquinaria que de forma inmediata se puso en marcha sabía muy bien los pasos a dar y eso fue clave a la hora de minimizar daños. El templo cuenta con un plan de autoprotección y salvaguarda que detalla cómo actuar ante cualquier tipo de incidente. Además, son frecuentes las visitas de los bomberos a las cubiertas de la Mezquita Catedral para conocer mejor no sólo el terreno sino también la ubicación de los accesos, de las tomas de agua así como de cualquier otro elemento de necesidad ante un suceso.
Si dentro del monumento se actuaba tanto con velocidad como con precisión quirúrgica, en el exterior el alcalde, José María Bellido, y el obispo emérito Demetrio Fernández no se despegaron del templo en los momentos más críticos, en aquellos en los que el humo salía por la cubierta y no se tenían datos exactos de lo que sucedía en el interior, mientras los alrededores se llenaban de curiosos, sí, pero también de cordobeses preocupados por lo que ocurría.
Sólo dos capillas afectadas
Antes de la madrugada ya se sabía que las llamas estaban controladas y que habían afectado a una parte muy pequeña del edificio. Al día siguiente, el deán, Joaquín Alberto Nieva, informó de que se habían visto afectados sólo unos 25 metros cuadrados de los alrededor de 13.000 metros cuadrados que tiene el templo; en concreto, las llamas y el humo sólo llegaron a las capillas del Espíritu Santo y de San Nicolás, donde había colapsado una bóveda.
Como una muestra más de transparencia, el Cabildo decidió que la Mezquita Catedral abriera el sábado sus puertas a la visita turística, a las 12 horas de que apareciera el humo. Muchos acudieron por el interés de ver los efectos de las llamas y también hubo a quien le costó trabajo encontrar el lugar del siniestro para sorprenderse a continuación del escaso impacto del mismo.
Eso sí, el humo había ennegrecido más de la cuenta e inmediatamente se procedió a su limpieza con técnica láser comenzando por las zonas más alejadas a donde fue el fuego. La Consejería de Cultura y la Gerencia de Urbanismo anunciaron que agilizarían al máximo posible los trámites burocráticos para la restauración de la zona afectada. La intención del Cabildo Catedral era la de acometer los trabajos lo antes posible y, de este modo, comenzaron por las cubiertas afectadas, por la limpieza y la retirada de escombros mientras los técnicos elaboraban el proyecto a realizar.
La restauración, en marcha
Finalmente, la Delegación Territorial de Cultura dio luz verde a su ejecución, sobre una superficie de 70 metros cuadrados con la restauración de muros, arcos, pavimentos, rejas, fustes, capiteles, cimacios y otros elementos arquitectónicos dañados por el fuego.
Ahora, al cabo del año, el Cabildo ha presentado los trabajos realizados en este tiempo y el grado de ejecución es del 80 por ciento, tanto en la parte estructural del inmueble como en determinados bienes artísticos.
Al cumplirse el primer aniversario de estos hechos es momento de hacer balance y de que, como se anunció en un principio los daños se estén reparando en el menor tiempo posible. Además, lo sucedido en la tarde del 8 de agosto del pasado año se ha convertido en un ejemplo reconocido por numerosas instituciones, entre ellas la Unesco, de cómo la coordinación y la existencia de un plan suficientemente experimentado por los implicados es capaz de reducir al mínimo los daños, porque el riesgo cero no existe.