El monumento al Gran Capitán, en 1925
El monumento al Gran Capitán cumple 100 años
La dificultad en recaudar los donativos para sufragar el coste retrasó su inauguración
El próximo 16 de noviembre se cumplirá el primer centenario del monumento que la ciudad de Córdoba dedicó a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. Esta obra de Mateo Inurria, que actualmente preside la plaza de las Tendillas, tuvo una génesis dificultosa, un traslado a un lugar para el que no había sido concebido y un intento de modificar su ubicación que se frenó por el rechazo popular.
El proceso para la erección de este monumento data de finales del siglo XIX, cuando en la ciudad de Córdoba no había en sus calles más que los triunfos a San Rafael y el Cristo de los Faroles, ya que el triunfo dedicado a los Mártires lo destrozaron los franceses durante la invasión.
Inurria recibió el primer encargo en 1897, pero aquello no cuajó y luego se retomó diez años más tarde. La ampliación de la avenida del Gran Capitán era ya una realidad, en sus aceras se alzaban importantes edificios, gozaba de una intensa vida social y pedía un monumento de categoría.
Sin fondos
La intención era comenzar los trabajos con tiempo para que estuviera listo en 1915 y así poder conmemorar el cuarto centenario del fallecimiento de Gonzalo Fernández de Córdoba. Se crea una comisión y se decide que la financiación se haría en base a una suscripción popular. Ni la comisión funciona ni llega el dinero que se esperaba, por lo que el tiempo pasa y es el 1915 cuando el alcalde, Manuel Enríquez Barrios, se toma en serio en asunto y decide sacarlo adelante como sea.
Monumento al Gran Capitán, de Mateo Inurria
Firma un contrato con Inurria en ese mismo año y se fija el coste del monumento en 100.000 pesetas de la época. Los fondos no aparecían por ningún sitio y ante esta situación se paraliza la cimentación del grupo escultórico, que ha había comenzado en la confluencia de Ronda de los Tejares con Gran Capitán.
El empeño -con gran vergüenza, se supone- queda una vez más aparcado y se reactiva el interés en 1923, a los ocho años del acontecimiento que se quería conmemorar. Mientras tanto, Mateo Inurria trabajaba en el grupo ecuestre pero a la vista de la escasez monetaria decidió suprimir una figuras alegóricas que en el proyecto inicial iban junto al pedestal y, sobre todo, se negó en enviar la escultura a Córdoba hasta tanto no estuviese abonada.
La entrega del monumento
Finalmente, recaudado todo el dinero, se pudo hacer efectiva la inauguración del monumento y se hizo por todo lo acto. La fecha fijada fue el 15 de noviembre de 1923 y ese fue un día de fiesta que se vivió en la avenida que lleva el nombre del militar, que además que el público que la llenaba estaba ocupada por militares de infantería, los lanceros de Sagunto y un palco donde se situaron las autoridades, encabezadas por el infante don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y las infantas Luisa de Orleans e Isabel Alfonsa de Borbón, ante la ausencia de los Reyes, que en esos días realizaban un viaje oficial a Italia, precisamente, la tierra que Gonzalo de Córdoba liberó de la dominación francesa.
Monumento al Gran Capitán, de Mateo Inurria
El acto se denominó de entrega del monumento a la ciudad y comenzó a las 11:00 con una misa de campaña celebrada ante la escultura. Ahí se instaló un altar presidido por una imagen de la Inmaculada Concepción, patrona de la infantería.
En nombre de la comisión encargada del monumento interviene el canónigo Juan Eusebio Seco de Herrera quien con toda sinceridad reconoce que esta celebración «es desagravio al vencedor de Garellano y experto diplomático de la Santa Liga, pues hasta ahora la ciudad nada había hecho en su memoria».
El alcalde, Antonio Pineda de las Infantas, recibe el monumento de la comisión y hace referencia al largo proceso de décadas seguido hasta verlo, al fin, materializado. El regidor recuerda en sus palabras a una de las personas que más había batallado por hacer realidad este proyecto, como era el conde de Torres Cabrera, quien había fallecido hacía seis años sin cumplir este objetivo.
Desfile y corrida
El general Bermúdez de Castro intervino en nombre del Gobierno y depositó una corona de laurel a los pies del grupo ecuestre, lo que dio paso a un desfile de todos los efectivos presentes en homenaje al egregio militar.
Este desfile fue seguido de otro más entrañable, consistente en los niños de diversos colegios de la capital. Acompañados de sus maestros y luciendo unos relucientes baberos, depositaron flores ante el monumento.
Grupo de niños ante el monumento al Gran Capitán, el día de su inauguración
Esta jornada terminó con un festejo taurino celebrado en el Coso de los Tejares en el que intervinieron el rejoneador Antonio Cañero y los diestros Maera y Algabeño, que lidiaron reses de Antonio Natera.
El monumento estaría en este enclave sólo cinco años, ya que en 1927 se trasladaría a la recién ampliada plaza de las Tendillas. A finales del siglo pasado, con motivo de la reforma de este lugar, el arquitecto promotor del proyecto propuso quitar la escultura del centro de la plaza y situarla ante la fachada sur. La reacción en contra hizo que se desistiera de la idea.