Cartel de Feria de Mayo de 1936, con San Lorenzo al fondo
El portalón de San Lorenzo
El origen del gran mes de mayo de Córdoba
El patio de la casa de vecinos era consustancial a la forma de ser y vivir de los cordobeses
Una vez pasado otro mes de mayo en Córdoba hay quien dice de nuevo, quizás con razón, que el calendario se queda corto en días para tantos eventos como tienen lugar. Y es que a nadie escapa que nuestra ciudad, desde muy antiguo, tiene señalado en rojo a este mes, el más grande de todos, al menos por ambiente popular.
Pero nada de esto ha sido por generación espontánea: Córdoba bebió sabiamente de las fuentes de sus tradiciones, de sus gentes y de su forma de ser para crear esta especie de Hoja Mágica del mejor almanaque del mundo: Batalla de las Flores, Cruces de Mayo, romerías, Patios, Concurso de Rejas y Balcones y, para rematar a lo grande, la Feria de Nuestra Señora de la Salud.
Los patios
Decía el poeta Pablo García Baena que los patios de Córdoba son «patios populares encalados, de líneas azules enmarcando resaltes de arcos y pozo comunal de aguas frías y dulces», «patios monásticos de clausura, con virginales trompeteros abriendo sus azucenas blancas sobre la cara líquida del aljibe» y «patios nobles de mármoles y macetas de hortensias, con el surtidor elevando su llanto como un triunfo angélico».
Se ha explicado que el patio es un legado de Roma, aunque seguramente su origen sea anterior, propio de culturas mediterráneas aun más antiguas. Otro poeta local, Juan Bernier, decía que el encalado era una humilde aproximación o remedo al aristocrático mármol de las casas patricias.
Estos patios cordobeses de antaño estaban ligados al pausado paso del tiempo, tan lento que parecía detenido. Allí estaba garantizada la rehabilitación continua de los pequeños desperfectos por los propios vecinos, según iban surgiendo. Eran patios donde estaban fijadas las fechas para el encalado y limpieza periódicas, y donde sobresalía esa planta que sembraron en tiempos de los abuelos (un limonero, una dama de noche, un jazmín..) y que ahora disfrutaban en la madurez sus descendientes.
Paradójicamente, eran también muy modernos, porque servían como gimnasios, guarderías y residencias de ancianos improvisadas, esos sitios hoy tan demandados. Respecto a lo primero, tender la ropa a pulso en los altos tendederos del patio, y no digamos las sábanas, suponía un ejercicio de brazos que recomendaría cualquier especialista de educación física, junto al de sacar el pesado cubo del pozo una y otra vez. Los más pequeños pululaban por el patio libres y protegidos a la vez, mientras que las personas mayores, sentados a la vera de su vivienda, veían pasar dignamente las horas mientras cualquier vecino, fuese el que fuese, estaba al quite para algo que necesitara.
En fin, que el patio de la casa de vecinos era consustancial a la forma de ser y vivir de los cordobeses, por lo general callados, pero que a veces convertían en asamblea de discusión donde a todos los vecinos se concedía la palabra para opinar, eso sí, en ocasiones a voces, pero al menos se hablaban entre ellos, más allá del actual «buenas» y «adiós» de compromiso.
Este modo tan nuestro de vida tuvo el refrendo político cuando el Ayuntamiento de Córdoba instituyó al principio de los años 20 del siglo XX el Concurso de los Patios, que luego se extendió a Rejas y Balcones. Las autoridades eran conscientes de que en estas humildes moradas de los barrios más populares (Alcázar Viejo, San Pedro, San Lorenzo, Santa Marina, Santiago, San Andrés, la Magdalena...) sus vecinos (sobre todo sus vecinas) ponían todos sus esfuerzos por ponerlas bonitas en primavera con el resurgir de las plantas, ya que aquí se tomaba muy en serio eso de «marzo lluvioso y abril ventoso hacen a mayo florido y hermoso».
Cuando éramos jóvenes solíamos ver, año tras año, que con la llegada de este mes de mayo se repetía el ritual de las casas de vecinos cuyos inquilinos, de mutuo acuerdo con la casera, encalaban sus fachadas ante el paso de la Majestad en Público (la Comunión de impedidos). A aquello se le daba gran solemnidad y ninguna casa de vecinos, por humilde que fuese, se quería quedar atrás. Aparte del encalado las fachadas se adornaban con las mejores prendas de colgar que hubiera como colchas, mantones de Manila o manteles. Incluso, el día de antes, la chiquillería solía ir a los descampados de la Fuensanta a por pericones, mastranzos y otras plantas perfumadas para engalanar el suelo por donde habría de pasar el cortejo del Santísimo que en la mayoría de las ocasiones iba acompañado por la banda de cornetas y tambores del Regimiento de Lepanto número 2, acantonado en el cuartel junto al Jardín del Alpargate.
También nos quedará el recuerdo de aquellas Cruces de Mayo que se montaban en el patio, escoradas hacia una galería buscando el respaldo del macetero en donde, de forma escalonada, formaban un pedestal los pericones, los geranios y las azucenas. Con el tiempo esa Cruz de Mayo se fue de los patios y se sacó a las plazas y rincones típicos de Córdoba, destacando entre estas primeras de exteriores la que montaba el padre de los artistas Valverde Luján en su minúscula plazuela en la calle Tafures de Santa Marina.
Las romerías y las peñas
Aunque hoy apenas sea un recuerdo lejano que sólo conocen los historiadores, en Córdoba la romería más antigua era la de Nuestra Señora de la Virgen de la Cabeza (filial de la de Andújar), que salía desde el Carmen de Puerta Nueva. Sigue en antigüedad la romería a Santo Domingo (Scala Coeli) y después la de Nuestra Señora de Linares. Estas dos son las dos romerías netamente cordobesas que aún sobreviven, y eso, hay que decirlo, gracias a las peñas.
Con cierta relación con estas romerías tiene lugar en el Paseo de la Victoria la popular Batalla de Flores, donde vuelven a tomar su protagonismo las peñas y las distintas agrupaciones que participan en ellas. Aunque con idas y venidas en el tiempo, hay que decir que esta fiesta también goza de bastante antigüedad en Córdoba.
Muy relacionado con este mundo de las peñas de la Córdoba festiva y popular más tradicional, es de justicia nombrar aquí a Juan Montiel Salinas, ese entusiasta cordobés que fundó la revista ‘Córdoba en Mayo’ en 1956, heredera en parte de los suplementos sobre estas fiestas que realizaban antiguos periódicos y semanarios en la prensa desde las primeras décadas del siglo XX. Montiel era tan castizo que, en compañía de Diego Camino Pulido, quiso que su peña Los 14 Pollitos, incluyera en sus estatutos la obligación de utilizar el sombrero cordobés en los eventos festivos de mayo. Por cierto, que en la inauguración de la Plaza de España, en Sevilla, los vigilantes al igual que los de los Jardines de María Luisa, en su indumentaria llevaban un sombrero cordobés.
Su revista ‘Córdoba en Mayo’ era todo un referente de la historia, la belleza y el estilo de nuestra ciudad, refrendada por las mejores plumas que se daban cita en sus artículos. Combinaba la poesía con análisis históricos de inestimable valor, al igual que la también tristemente desaparecida ‘Alto Guadalquivir’ en referencia a la Semana Santa.
Eran emocionantes los artículos escritos por los que tuvieron que marcharse, preñados de nostalgia, que siempre te venían a decir que para valorar en su justa medida la grandeza de Córdoba había que verla desde la distancia, desde fuera. Contaba con colaboradores desde la Casa de Córdoba en Badalona hasta de más allá del «charco», como los hermanos Milla afincados en Venezuela (hijos de Baldomero Milla Moreno), que tuvieron que marcharse al país caribeño para reorientar sus vidas. Sus artículos acompañaron a la revista durante bastantes años, recordando a sus amigos, a su barrio y en especial a Manolete, el gran amigo del alma.
Una de las últimas revistas de ‘Córdoba en Mayo’, dedicada a Manolete
El Alcázar de los Reyes Cristianos
A mediados de los años 50 el Ayuntamiento quiso poner en valor los maravillosos jardines remodelados en el Alcázar de los Reyes Cristianos. Entre otras iniciativas se organizaron allí unos festivales de baile flamencos de altísimo nivel donde fueron pioneros el gran Antonio y la singular Pilar López, acompañados de otros grandes artistas que llenaron el esplendor y de arte los jardines. A estos Festivales de España como se les llamaba llegó a asistir un numeroso público aficionado proveniente de otras ciudades, e incluso de fuera de España, tal era el ambiente de categoría que la ciudad de Córdoba ofreció.
Por aquel tiempo, el Ayuntamiento, dándole aún más vueltas a la rueda de la alegría en el mes de mayo, apostó también por el cante jondo a partir de un intercambio epistolar entre el poeta Ricardo Molina Tenor y Anselmo González Climent (gran erudito mundial) alentados por algunos entusiastas más del cante. Pudieron contar con una joven promesa de Puente Genil, un tal Antonio Fernández ‘Fosforito’, junto a Rafael Moreno ‘Onofre’. Se pretendía que este Concurso de Cante Jondo fuera una prolongación de lo que pudo ser el intento de Federico García Lorca y Manuel de Falla en Granada en 1922.
Agustín Gómez, el gran periodista y aficionado de Montilla, comentó que en aquel concurso intervinieron, en la modalidad de cantes flamencos, baile, e incluso toque de guitarra, lo mejor que se había guardado en los anaqueles del tiempo. Destacó igualmente la gran categoría del jurado, que premió a aquel joven Fosforito que supo aunar al legado tradicional y clásico convirtiéndose en «carne cantaora de nuestro pueblo».
Este festival y concurso, por desgracia, desaparecieron hace años del panorama cordobés, y ya sólo queda el recuerdo de lo que pudo haber sido y no fue.
El patio del Colegio Salesianos, engalanado para las fiestas de María Auxiliadora
Las fiestas de María Auxiliadora
Aunque a un nivel más limitado en el mayo cordobés hay que hablar, sin duda, del colegio salesiano, donde desde 1901, cuando se instaló en la ciudad, todo el mes gira alrededor de la fiesta de María Auxiliadora el día 24. La presencia consustancial de jóvenes alrededor del colegio, unido al carácter alegre y festivo que siempre quiso Don Bosco, hicieron el resto.
Don Manuel Enrique Barrios, en abril de 1951 con motivo de cumplirse entonces el cincuentenario de la fundación del colegio, escribió el siguiente artículo en el diario ‘Córdoba’:
“Conmemoramos la plantación del grano de mostaza simbolizado en aquella pequeña casa de la calle Mayor de San Lorenzo donada a los salesianos por dos venerables sacerdotes de perdurable recuerdo, Don Francisco Romero Bolloqui y Don Mariano Amaya Castellanos, Rector de la Parroquia de San Lorenzo. Desde aquel oriente a este esplendoroso mediodía no se ha puesto el sol en los dominios salesianos en Córdoba. Sin nubes ni eclipses, sin desmayos ni intermitencias, allí ha brillado el alma tensa de amor a Dios y a los pobres. La miniatura de escuela de ayer, pobre y falta de materiales y medios pedagógicos, se ha transformado en los magníficos grupos escolares en donde reciben educación y enseñanza gratuita un millar de muchachos desvalidos de la fortuna.
Ya no es sólo la Primera Enseñanza elemental sino también la Enseñanza Secundaria y las Clases de Comercio, cauce abierto, quizás por primera vez en Córdoba, a la noble ambición, constancia y trabajo de prestigiosos cordobeses que supieron escalar altar esferas; pero con igual meritorio esfuerzo descuellan como funcionarios modelos en entidades bancarias o empresas mercantiles. Aplauso fervoroso a los Antiguos Alumnos, médicos, abogados, ingenieros, propietarios, empleados y obreros, lámparas votivas de ejemplaridad y devoción salesiana”.
La carrera de María Auxiliadora
La carrera de María Auxiliadora
Pero, como hemos indicado, los salesianos no se quedaron en la tarea (gran tarea, por cierto) de formar «personas de provecho». Desde el Oratorio de verano a mediados del XX, que trataba de imitar el ambiente alegre abierto a todos los jóvenes que había impregnado al Oratorio original de Don Bosco en Turín, y en el que destacó como organizador el gran salesiano don José María Izquierdo, hasta las iniciativas sin freno de otro gran salesiano, don Francisco Marín Valiente, director de la EGB, «El Dire», en los años 80 y 90. Don Francisco Marín convirtió a mayo en el mes salesiano de los concursos sin fin donde faltaban días para tanto evento: concursos de sevillanas, de disfraces o el «museo de cera» (que aún perdura), sin dejar de lado, por supuesto (los salesianos lo llevan en la sangre), a las clásicas tómbolas, representaciones de obras de teatro y proyecciones de cine, así como las fiestas propias de los alumnos.
Además, en esos años, bajo la incansable actividad de Francisco ‘Kiko’ Pastor Ruiz, apoyado por otros jóvenes profesores del colegio como Rafael Cano y José Luis Gallardo, convirtieron los patios escolares en un hervidero de actividades deportivas, todo ello bajo el ideario salesiano de ver sus instalaciones con las puertas abiertas, repletas de niños, primando valores como la amistad, el compromiso, el sacrificio y la diversión sana. Dentro de los deportes, el baloncesto fue quizás el estandarte, capitaneado por Alfonso Guerrero, ‘El Gordo’. También se organizaron numerosos maratones de fútbol sala (entonces llamado futbito) que se prolongaban hasta las madrugadas y fines de semana.
Pero es que, además, este grupo de profesores tuvo en 1982 la feliz idea de organizar una carrera popular dentro de las fiestas de mayo de María Auxiliadora, y sacarla a la calle, fuera del colegio. Era toda una novedad. Hoy, ya en 2026, son otros los organizadores, por desgracia muchos de los pioneros ya no están con nosotros, pero igualmente se ha celebrado con su puntualidad atlética y deportiva la carrera de María Auxiliadora, dedicada desde hace años a ‘Kiko’ Pastor, que se nos fue por desgracia demasiado joven. La distancia ha sido de nueve mil metros, con entrada y salida en el colegio por la calle San Francisco de Sales.
La fiesta y procesión de María Auxiliadora
Con todas sus fiestas que inundan mayo los salesianos son siempre conscientes de que al final todo gira en torno a Ella, a su fiesta del 24 de mayo, fecha en la que, días arriba o abajo, solía empezar la Feria cuando era de un solo fin de semana.
En los años 40, durante el directorio de don Francisco Javier Montero, la procesión de María Auxiliadora seguía el tradicional recorrido popular por las calles del barrio de San Lorenzo.
Al final de esa década, en 1948, la Junta de Antiguos Alumnos del Colegio estaba entonces formada por:
Presidente: Isidoro Barneto Blanco. Secretario: Miguel Rey Serrano. Tesorero: Leopoldo Romero Romero. Vocales: Luis Moreno Segura, Fernando Guillón Arévalo, José Murillo Aroca, Rafael González Beltrán y Andrés Clemente Priego .
La procesión de María Auxiliadora (1949) presidida por don Félix Romero Mengibar. Al fondo el Instituto Góngora
Esta Junta, con el apoyo de don José María Campoy, convenció al director para solicitar a las autoridades municipales que ese año la procesión de María Auxiliadora ampliase su recorrido, hasta entonces limitado al barrio, y llegara hasta la plaza de José Antonio (actual Tendillas). Así se hizo, se consiguió la autorización, y aquella procesión llegó hasta el centro de la ciudad. En ella iban los alumnos del colegio formando sus filas a un lado y otro de la comitiva. Los más pequeños portaban ramos de flores que al final ofrecerían a María Auxiliadora.
Con el paso del tiempo, con un tráfico de vehículos cada vez más limitante, la procesión volvió a quedarse sólo en el entorno de su barrio, llegando incluso a suspenderse hasta que se retomó a mediados de la década prodigiosa de los 80.
Con todo, el principal acto siempre ha sido el de la misa previa a la procesión, que desde hace algunas décadas se realiza al aire libre en el llamado Patio Verde. Allí acuden gran cantidad de devotos y de cordobeses que vuelven por un día a su antiguo colegio.
La aglomeración de personas es tal que el mismo obispo de Córdoba, don Jesús Fernández, el año pasado, nada más tomar posesión de la silla episcopal de Osio ese mismo día 24 de mayo en la Catedral por la mañana, por la tarde tuvo su primer acto masivo en público celebrando esta misa en el patio del colegio. En su homilía, y en comentarios posteriores, no tuvo más remedio que comentar su enorme impresión por la cantidad de fieles asistentes, que él, un hombre sencillo que venía de Astorga, no había visto nunca. Según él, había muchísima más gente en ese patio que la que veía en los pueblos durante las visitas pastorales en su antigua diócesis leonesa.
Un pequeño cálculo
Por último, y como a mí me gusta jugar con los números, me ha dado por intentar estimar el número de asistentes en la misa en el Patio Verde de este año de 2026, nuevamente con la presencia del Obispo don Jesús. Según un video casero de la ceremonia religiosa, desde que el obispo dijo: «Podéis ir en Paz».
Los asistentes empezaron a salir por la única puerta de colegio abierta (la que da a Domingo Savio), considerando el flujo de salida de una persona al principio, y llegando hasta un flujo de siete en los momentos de mayor afluencia. Podemos obtener una media de cuatro personas, y teniendo en cuenta que, según el video, estuvieron saliendo personas durante 39 minutos (2.340 segundos), se obtiene 2.340 x 4 = 9.360 personas. En el colegio quedaron de forma residual unas 300 personas, mayormente organizadores, y en la propia calle Domingo Savio, en el trayecto que iba para calle María Auxiliadora, esperando la procesión había, a un lado y otro de su acerado, y tirando por lo bajo, unas mil personas, por lo que en total al acto asistieron más de 10.500 personas. Con lo que podemos decir que las Fiestas de María Auxiliadora también forman parte del Mayo Cordobés.