El perol sideralAlfredo Martín-Górriz

Racismo contra los pitbulls

«Hay perros sueltos por todas partes, algunos de tamaño considerable, y ver un bozal es francamente extraño, incluso en el caso de algunas razas peligrosas que, sorprendentemente, se han convertido en perros de moda para las familias con niños»

Dice el actor Jon Bernthal que el miedo a los pitbulls se puede considerar como racismo canino, y que es algo semejante a la discriminación a los seres humanos por raza u orientación sexual. También que si un pitbull te muerde, va a dolerte, pero que no son más propensos a ello que un chihuahua u otro tipo de perros. Quizá él, que ha interpretado a The Punisher, tenga los recursos suficientes para enfrentarse a perros de razas peligrosas, pero no es así para el resto de las personas, a las que si un pitbull les ataca les brotará todo el racismo canino inimaginable y de golpe, en concreto patas abajo.

Chocan estas declaraciones con estadísticas reales. Un estudio realizado hace unos años En Estados Unidos, reflejó que unos 31.400 perros atacaron en un solo año a más de 61.500 animales, dejando un resultado de 43.500 muertes y 18.100 heridos graves. Entre las víctimas mortales se contabilizan aproximadamente 12.000 perros, 8.000 gatos, 6.000 cabezas de ganado y 17.000 aves de corral y pequeños mamíferos. Según los datos analizados, los pitbulls fueron responsables del 99 % del total de las muertes infligidas a otros animales, un porcentaje escalofriante que incluye el 96% de las agresiones fatales a otros perros, el 95 % a ganado y pequeños animales domésticos, y el 94 % a gatos. Se calcula que alrededor de 30.000 ejemplares de esta raza participaron en ataques, provocando en muchos casos múltiples víctimas. Estas cifras cobran un matiz todavía más drástico al contrastarse con la población total de perros; de los aproximadamente 3,2 millones de pitbulls presentes aquel país, alrededor de uno de cada 107 provocó la muerte o lesiones graves a otro animal durante ese periodo, frente a una tasa de apenas uno de cada 50.000 en el resto de las razas combinadas. Basten estos datos para mostrar el choque absoluto que hay entre lo que percibe un perrófilo y la realidad.

Traigo a colación estos números cuando en las últimas semanas han estado a punto de morderme dos perros. Uno, sobreexcitado por la presencia de un sospechoso gorrilla, enloqueció y se puso a dar mordiscos al aire, justo cuando yo pasaba, así que casi me llevo una dentellada de un ejemplar casi tan grande como un pastor alemán. Otro, igualmente sobreexcitado por la cercanía del parque canino (zona vip que tienen los perros en los parques que invaden), también parece que estaba juguetón ese día. En el primer caso iba con correa, en el segundo no, y en ambos sin bozal. La ley andaluza y las ordenanzas del Ayuntamiento de Córdoba señalan que siempre deben ir con correa. Y la andaluza que el bozal es obligatorio para perros de más de 20 kilos, la cordobesa obliga a ello independientemente del tamaño si puede haber peligro de algún tipo. Evidentemente, todas las razas potencialmente peligrosas han de llevarlo.

Sin embargo, en Córdoba vemos cómo constantemente se incumplen todas estas normas sin ninguna consecuencia. Hay perros sueltos por todas partes, algunos de tamaño considerable, y ver un bozal es francamente extraño, incluso en el caso de algunas razas peligrosas que, sorprendentemente, se han convertido en perros de moda para las familias con niños. Parece que los pocos padres que ya se reproducen quieren jugársela con la elección del amiguito del bebé. En suma, la sensación que tiene siempre el perrófilo con respecto a su mascota dista siempre mucho de lo que se deduce de la más elemental convivencia y, sobre todo, de las posibilidades de hacer daño que su animal puede llevar a cabo. La falta de ejercicio y de educación recibida generalizada refuerza esto último.

En la provincia de Córdoba hay 235.004 perros, de los que 5.284 pertenecen a razas peligrosas. Todos ellos dejando sus micciones y deyecciones en la calle, que dicho así suena fino pero huele que es un primor. Todos ellos descuidados completamente en cuanto a adiestramiento y uso de la correa y bozal. Todos ellos invadiendo cada parque y jardín e impidiendo su disfrute. Confiemos, por tanto, en que muy pronto, ese racismo contra los pitbulls se democratice, y alcance a todas las razas por igual. La relación del hombre con el perro ha degenerado hasta convertirla en un grave problema, cada vez mayor, que desemboca en el incivismo absoluto y una plaga de suciedad que alcanza a todos los barrios.

Hasta que surja una solución, y visto el panorama será muy tarde, procedo a elaborar las mañas del que será primer arte marcial de defensa contra perros, para cuando el alegre peludito de 27 kilos te salte juguetón para arrancarte el rostro a jirones o la femoral, al menos puedas apartarlo a tiempo para que llegue la ambulancia. «Sólo quería jugar», dirá el dueño mientras te practica torpemente un torniquete mirando un tutorial de Youtube.

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