Duelo en El Arcángel entre el Córdoba y el Andorra

Duelo en El Arcángel entre el Córdoba y el AndorraFC Andorra

Bochorno mayúsculo para una derrota que le hace daño al Córdoba (1-4)

Los blanquiverdes firmaron ante el Andorra la peor imagen en muchísimo tiempo e incluso el campo quedó desangelado en el 75

El ridículo fue mayúsculo. El Córdoba CF firmó uno de sus peores partidos en mucho tiempo y cayó con estrépito (1-4) ante un FC Andorra que no necesitó demasiado para desarbolar por completo a un rival frágil, descompuesto y sin respuesta.

El duelo se decantó demasiado pronto. Apenas había tomado temperatura El Arcángel cuando llegó el primer golpe. Lautaro aprovechó un desajuste grosero en la zaga blanquiverde, retrató a la defensa y también a Íker Álvarez, lento en la reacción, para establecer el 0-1. Un mazazo inicial que dejó al descubierto la endeblez local.

El Córdoba no asimiló el impacto y, todavía en el arranque, otro error defensivo —de esos que desesperan a cualquier entrenador— dejó en bandeja el segundo. La fragilidad era evidente, las vigilancias inexistentes y el Andorra, práctico y directo, no perdonó: Josep Cerdá amplió la herida ante la incredulidad de la grada.

Con el 0-2, El Arcángel respondió con una sonora pitada. El equipo quedó en la lona. No hubo reacción, ni rebeldía, ni fútbol. Solo dudas y una sensación permanente de que cada aproximación visitante llevaba veneno. Antes del descanso llegó el tercero, obra de Minsu, culminando otro episodio de desorden colectivo. El partido estaba sentenciado en apenas 45 minutos.

Tras el paso por vestuarios, el conjunto de Iván Ania intentó ofrecer algo de orgullo en los primeros compases. Un amago de presión más alta, algo más de intención. Pero fue un espejismo. El Andorra volvió a gobernar el ritmo ante un Córdoba espeso y sin alma. Iván Ania no encontró soluciones desde el banquillo y los cambios tampoco alteraron el guion.

El cuarto tanto terminó de retratar la noche. Otro error de Íker Álvarez, inseguro y superado, facilitó el gol de Le Normand. Fue la sentencia definitiva y también el punto de fuga para muchos aficionados, que abandonaron el estadio antes del pitido final. Pudo caer el quinto y hasta el sexto ante un rival que levantó el pie. Con todo decidido, Adilson anotó para que el marcador que quedara para el recuerdo no fuese tan contundente.

La derrota no fue solo cuestión de marcador. Fue una caída sin matices, sin argumentos y sin competitividad. El Córdoba tocó fondo en una noche para olvidar, de esas que dejan cicatriz y obligan a una profunda reflexión. Porque más allá del 1-4, lo preocupante fue la imagen. Y esa, hoy por hoy, duele incluso más que el resultado.

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