Las Tendillas o el corazón rojigualda de la ciudad
Miles de cordobeses celebran la victoria de la selección española en la conocida plaza, que no contó para la ocasión con pantalla gigante
Celebración en la plaza de las Tendillas de la victoria de España en el Mundial
Uno no sabe cuántos tipos distintos de cláxones hay hasta que España gana un mundial o una eurocopa. Y desde la última, y a pesar del envejecimiento del parque móvil de Córdoba, se han incorporado nuevos sonidos en estos artefactos de los automóviles. Estridentes, enérgicos, atronadores, penetrantes, cascados, sordos, graves... El más sofisticado del Tesla convive con el del viejo Opel Corsa que el tío Rafaé compró en los noventa. Cada uno de ellos, a modo de orquesta improvisada, y durante horas, llenaron las calles de la ciudad desde el mismo momento en que el árbitro pitó el final del partido entre España y Argentina. Y dentro del coche, bocinas. Y gritos desaforados. Esa es la música de la final desde la Avenida de Barcelona al Marrubial, Ollerías, Ronda de los Tejares, Vallellano y el Vial: un itinerario circular de pitidos procedentes de autos locos.
El punto de encuentro ciudadano estaba las Tendillas. En el camino se asoman a las ventanas vecinos pegando gritos, otros con más bocinas, algunos acercan a los pequeños al balcón estilo Michael Jackson, con una mijita de peligro de caída al vacío, mas envueltos en la indispensable bandera española. Unas chicas jóvenes cantan «Dónde está Leo Messi», otros grupos «Yo soy español, español, español». Gritos de «¡España» llegan de cualquier lado. Gente de todas las edades se dirigen al centro de la ciudad.
Celebración en la plaza de las Tendillas de la victoria de España en el Mundial
Justo en el semáforo del Corte Inglés, un nutrido grupo de chicos se dedican con denuedo a un clásico: torear coches. Por capote, camisas. Y camisetas por muletas. Estoques figurados, banderillas invisibles, y hasta gente en patinetes a modo de picadores o rejoneadores. Los toros de ocasión, esto es, los conductores de automóviles, no vieron con tan buenos ojos la escena por el peligro de cogida. Y es que ninguno se asemejaba a Morante de la Puebla o Roca Rey. Espontáneos en honor a Porro, Curbasí, Cucurella, Olmo o Yamal, sólo se les puede pedir que no terminen en la enfermería... por una caída o resbalón. Eso sí, hubo voluntad en las verónicas.
En diversos bares se vio a gente perfectamente conjuntada, grupos de amigos que habían comprado exactamente la misma equipación para disfrutar del partido. A modo de cuadrillas como existen en el norte del país, debieron de atragantarse más de una vez con un trozo de flamenquín ante alguna situación del encuentro. Pero ir todos iguales valió al final la pena.
Celebración en la plaza de las Tendillas de la victoria de España en el Mundial
Gondomar, Jesús y María, Cruz Conde o Claudio Marcelo, fueron arterias por las que se desplazaban cientos de glóbulos rojigualdas dispuestos a llegar al corazón, esto es, las Tendillas.
Uno no sabe cuántos tipos distintos de borracheras hay hasta que España gana un mundial o una eurocopa. La alegre, la eufórica, la cariñosa, la vocinglera, la agresiva, la del que está ya afónico en la primera pausa de hidratación, la del que suelta gallos extrañísimos, la filosófica, la del ausente, la del acróbata o bailarín, la del que insulta y blasfema, la común o incluso la elegante. Todas parecían darse cita de camino, en torno y en la propia plaza, ante la atenta mirada de nutridos grupos de policía.
Trepando por una farola, y ya como escaladores residentes, pues no se movía de ahí, dos chicos negros, perdón, racializados, y ataviados con la camiseta de la selección, emulaban a propósito a Williams y Yamal. Otra farola contaba igualmente con alpinistas urbanos ya fijos. Como si hubieran obtenido plaza en una oferta de empleo público, ese era ya su puesto de trabajo en esta fiesta: animadores en una posición elevada a falta de escenario.
Y eso es lo que faltó. Sin pantalla ni actuación musical, y con la estatua ecuestre vallada para evitar males mayores (para la estatua), ya cerrando o vacíos los bares de alrededor, el lugar quedaba a expensas de los ánimos de los asistentes, que fueron, desde luego, muchos. Pero la victoria de España en el mundial merecía tener algo preparado para la ocasión lejos del recinto artificial del Córdoba Live, tan poco tradicional y forzado a última hora en detrimento del sitio habitual para los cordobeses.
Celebración en la plaza de las Tendillas de la victoria de España en el Mundial
Además de los vítores a España, canciones de Manolo Escobar, e himnos habituales, tuvo enorme éxito en el lugar el moderno soniquete que empieza por «Pedro Sánchez» y concluye con una sonora y contundente expresión que rima consonantemente con viruta, cicuta, astuta o contravoluta. También con fruta. Se mezclaban ahí política y fútbol en una reivindicación colectiva contra el estado de las cosas.
El jolgorio compartido, cierto patriotismo que debiera manifestarse más allá del deporte, la amistad, el encuentro con los conciudadanos, la celebración de la gesta, la excusa para alargar la noche o el recuerdo compartido para siempre con los familiares... todo eso estuvo en unas Tendillas de gargantas desgañitadas, constantes fotos con móviles y, sobre todo, verdadero júbilo. Dice la leyenda que la estatua del Gran Capitán tiene la cabeza de Lagartijo. Quizá habría que ponerle la de Ferrán Torres.