Olivar de montaña en Andalucía

Olivar de montaña en AndalucíaEuropa Press

El 100% del olivar tradicional y de montaña está fuera de los márgenes de rentabilidad en Córdoba

Diversos expertos analizan los porqués de una situación producida, entre otras cuestiones, por precios inflados e importaciones de Túnez

Desde el inicio de la campaña de comercialización el pasado 1 de octubre de 2025, los olivareros andaluces, y por ende cordobeses, acumulan unas pérdidas superiores a los 1.200 millones de euros. Esta crisis es consecuencia de unos precios en origen «artificial y surrealistamente bajos» que continúan situándose muy lejos del umbral de rentabilidad. En los 273 días transcurridos hasta el 30 de junio de 2026, los productores han dejado de ingresar más de cuatro millones de euros al día. Esta situación, calificada de «insostenible» por UPA Andalucía a través de su secretario general, Jesús Cózar, está poniendo en serio riesgo la viabilidad del olivar tradicional y la supervivencia de miles de pequeños y medianos agricultores. Además, un estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivar (Aemo), muestra que todo el olivar tradicional, y por supuesto el de montaña, está en Córdoba y el resto de la nación fuera de los márgenes de rentabilidad.

Ante este escenario, la organización denuncia una presión artificial sobre las cotizaciones para favorecer intereses ajenos al modelo tradicional, usando pretextos infundados. Tal como recuerda Cózar, «de nuevo, se recurre al argumento de una supuesta buena cosecha en la próxima campaña para justificar una caída de precios que, a nuestro juicio, carece de fundamento, ya que las previsiones actuales apuntan, como mucho, a una producción poco superior a la media». Por ello, rechazan tajantemente que el mercado se desequilibre a costa del eslabón más vulnerable. En palabras del secretario general: «defendemos unos precios justos para todos los eslabones de la cadena agroalimentaria, pero rechazamos que seamos los agricultores quienes soportamos en exclusiva el desequilibrio del mercado, no podemos permitir que unos pocos concentren la mayor parte de los beneficios a costa del trabajo y del esfuerzo de los productores", denuncia.

Los datos de comercialización respaldan la denuncia de UPA Andalucía: entre octubre de 2025 y junio de 2026 se han vendido 1.107.243 toneladas de aceite de oliva (el 85% de la producción nacional de 1.298.502 toneladas, de las cuales 972.544 se produjeron en Andalucía). Con este ritmo de ventas y unas existencias finales estimadas en tan solo 298.000 toneladas, el enlace entre campañas será de los más cortos de los últimos años. Sin embargo, esta alta demanda y la escasez de oferta no se reflejan en las cotizaciones, dejando las comentadas pérdidas diarias de cuatro millones de euros a los agricultores de tradicional.

Ante esta situación, la organización agraria reclama la implantación de mecanismos de mercado para evitar que el mercado libre castigue al productor y pone sobre la mesa la necesidad de garantizar la viabilidad del olivar tradicional. Cózar Pérez cuestiona que «con unas ventas de récord impulsadas por una elevada demanda y con unas previsiones de cosecha que apuntan a una campaña poco por encima de la media, el precio en origen siga sin levantar cabeza», y exige tarifas equitativas para todas las partes. De no corregirse esta anomalía económica que amenaza a miles de explotaciones familiares, la entidad advierte con convocar movilizaciones inminentes en el campo: «El futuro de miles de explotaciones familiares depende de que el mercado remunere justamente el trabajo de los olivareros. Si esto no cambia, en breve volveremos a las tractoradas y manifestaciones».

Las importaciones de Túnez

Por su parte, el presidente de OliveA, organización recientemente presentada en Córdoba, José Gilabert, piensa igualmente que la situación de los precios del olivar «no está justificada por datos objetivos». Para Gilabert, los datos de consumo nacional y de exportaciones van bien, «pero el dato que está distorsionando el mercado son las importaciones, que han aumentado de una manera significativa e injustificadamente, porque hay suficiente aceite en el mercado de España para abastecer», incide el presidente de OliveA, quien destaca principalmente al aceite de Túnez a través del llamado régimen de perfeccionamiento activo. El régimen de perfeccionamiento activo es una norma de aduanas que permite importar materias primas o piezas de fuera de la Unión Europea sin pagar aranceles ni IVA, para transformarlas o repararlas dentro del territorio europeo y luego exportar el producto final. «Este sistema no tiene límite de cantidad y entra en España, se transforma y tiene que salir en seis meses». Para Gilabert, «si entra aceite y sale luego a exportación, es una demanda que deja de existir para los aceites nacionales». Según datos de la organización las importaciones de aceite procedentes de Túnez han aumentado un 85% desde 2016, alcanzando una media anual de 123.000 toneladas, más de 56.000 por el comentado régimen de perfeccionamiento activo. El responsable de OliveA precisa por otra parte que a finales de junio ya se habían exportado 202.000 toneladas de las 220.000 previstas para toda la campaña, «con este ritmo, nos encontramos por otra parte con datos de importaciones que no se justifican con datos de producción, sino por una estrategia deliberada de bajada de precios»

En esa misma línea, la secretaria de la DOP Priego de Córdoba, Francisca García, apunta, con respecto al aceite de Túnez, que hay que ser realista: «Túnez es el segundo productor mundial, algo que hay que tener en cuenta, y también entra aceite de Marruecos a precios mucho más baratos, compitiendo ambos con costes mucho más bajos y, evidentemente, no con la misma reglamentación que tenemos ni en la UE ni en España». Al margen de esta entrada, García cree que hay otros elementos que pueden influir en la situación de los precios, desde que los compradores estén reteniendo el mercado a que el olivar intensivo y superintensivo negocie a futuro, «por lo que al final esto es como una ruleta rusa a la que, realmente, muchas veces no hay por dónde coger, porque las bajadas de precios no tienen justificación ni por una gran producción, quedando por debajo del nivel de rentabilidad de los agricultores». En el caso del área que comprende esta DOP, no sólo hablamos de olivar tradicional, sino de montaña, cuyo umbral de rentabilidad fija su presidenta no ya en los cinco euros que cifra UPA para el tradicional, sino incluso seis si es de alta montaña.

Para contrarrestar esta situación, desde OliveA, José Gilabert, apuesta por estrategias de diferenciación del aceite de oliva procedente del olivar tradicional, que ya partan de prácticas sostenibles que deriven en un producto de calidad destinado al adelanto de campaña para el ecológico, todo ello con una comercialización con valor añadido. En este sentido, apuetas por las DOP y las IGP: «el futuro del olivar tradicional es un mercado diferenciado de aceites certificados». La secretaria de la DOP Priego de Córdoba, Francisca García, además, por supuesto, del papel que desempeñan organizaciones como la suya, considera que también la Administración tiene algo que decir y, sobre todo, tener un trato diferente para el olivar intensivo y superintensivo, distinto del tradicional «y no digamos ya el de montaña, del que ya se están viendo parcelas abandonadas y, de seguir así, cada vez se verán más»

Como medida drástica e inmediata, Gilabert medita sobre la posibilidad de que provincias como Jaén, Córdoba, Sevilla y Granada, que tienen en estos momentos el 80% del aceite que queda, es decir, de las existencias. Todas ellas proceden del olivar tradicional. «Estas existencias las tenemos nosotros y tienen que venir a comprarnos, lo que aparentemente puede parecer una debilidad, puede ser, sin embargo, una fortaleza». Para aprovechar esa circunstancia apuesta por dos herramientas: la ley de la cadena, «que obliga a vender y comprar por encima del coste del producto», y la actualización de costes realizada recientemente por un estudio de la Asociación Española de Municipios del Olivar (Aemo). Con respecto a esta posibilidad, la secretaria de la DOP de Priego cree que es complicada, porque ante un cierto cierre del sector «siempre hay alguien que necesita vender para obtener recursos económicos, por lo que un acuerdo sectorial en ese sentido es complicado al haber muchos intereses».

La realidad de la rentabilidad

Ese estudio de costes de Aemo al que hace referencia José Gilabert es el que esta organización elabora desde 2010, y que ha contado con una muy reciente actualización. Refleja cuánto cuesta un kilo de aceitunas según el tipo de producción. Y el análisis es claro: «todo el olivar tradicional, tanto de secano como de regadío tiene costes superiores a 3'30, que es el precio de mercado ahora mismo del aceite, es decir, todo el tradicional está fuera de la rentabilidad y, por supuesto, el de montaña», concreta el director de Aemo, José María Penco.

Para solucionar esta situación, Penco apela a combinar la fidelidad del consumidor con el hecho de que el agricultor apueste por poner un precio digno «pues hemos comprobado que se vende lo mismo si está a 3'5 en origen que a cinco». Al director de Aemo le parece que el «sector se derrumba psicológicamente cuando se habla, por ejemplo, de si la próxima cosecha será grande, se pone nervioso todo el mundo, y empieza a vender cada vez más bajo». Para Penco, el agricultor «debe montar el precio del aceite en función de los costes y no de otros factores psicológicos». Hay que tener en cuenta que, según datos de este organismo, los costes medios, teniendo en cuenta cualquier tipo de producción, han subido un 57% en los últimos seis años.

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