editorialLa voz de Córdoba

Escenificar la paz

Estamos en un periodo preelectoral en el que determinadas iniciativas administrativas y políticas se miran con lupa, por aquello de no incurrir de mala manera en el terreno regulado de las urnas y su próxima cita. De todas formas, en el reciente pleno ordinario en Córdoba ha habido mociones, a pesar de poder considerarse ello un ejercicio ideológico y, por tanto, electoralista, como serán inevitables las valoraciones positivas de lo gestionado en otros ámbitos como ejercicio de marketing para aquellos a quienes, no lo olvidemos, les va el sueldo en todo esto.

El reciente pleno partía con la prohibición expresa de mostrar carteles reivindicativos, pero el PSOE, tan acostumbrado al trilerismo, se puso la consigna en las camisetas y así sorteó el reglamento. ‘No a la guerra’, abanderan estos próceres del pacifismo. Era moción, además, siempre con la conocida táctica de señalar como belicista, fascista o racista a todo aquel que no abraza sus estéticas causas. El PP, partido en el gobierno municipal con mayoría absoluta, optó por comprar parte de la moción, quizá más con el ánimo de quien no desea seguir escuchando a un vendedor pesado que por pleno convencimiento, y así Córdoba recupera el trasnochado concepto de ‘Ciudad por la Paz’, que nos remite a los felices años 80, cuando el comunismo local gobernaba y se establecía como un líquen en la infraestructura administrativa —puestos y prebendas que incluso hoy en día se heredan— mientras lanzaba al cielo palomas blancas en verbenas vecinales.

No obstante, este PSOE no es aquella izquierda antiyanqui y, hasta cierto punto, romántica. De hecho, ya entonces el socialismo nos metió en la OTAN, con un referéndum que fue el primer ejercicio de brunete mediática gubernamental. Este PSOE es otro, o quizá el mismo: el que abraza banderas según le convenga, alimenta cortinas de humo y hace suya una superioridad moral que, obviamente, ni tiene ni debe ejercer.

Mientras en el pleno cordobés se escenificaba la paz, desde Madrid un ministro indecente azuzaba la responsabilidad de la tragedia de Adamuz al Gobierno regional andaluz, dejando claro que en las elecciones no hay otra estrategia que la de aniquilar, como sea, al enemigo. Y que los conceptos y propósitos elevados solo son pose y simulación.

A ver cuándo los vemos con camisetas de ‘No a la corrupción sanchista’.

comentarios

Más de Córdoba - Opinión

tracking

Compartir

Herramientas