De comienzo en comienzoElena Murillo

Anhelo de formación en el seno de las cofradías

«Monseñor Gómez Sierra decía que el fallo que tienen las cofradías es dar por supuesta la fe, lo que hace que haya veces que los titulares de las hermandades tengan más selfis que padrenuestros o avemarías»

Alboreaba el día con un aire ligero de esos que van haciendo desvanecer el cansino calor veraniego. Parecía que la climatología se había aliado con la sensación de recibir una bocanada de aire fresco a nivel formativo en el mundo cofrade. No era un sábado cualquiera. Era una fecha que marcaba el inicio de un cambio a nivel formativo dentro del colectivo cofrade cordobés. Un cambio para emprender un camino en el que la diócesis invita a tomar conciencia de una única Iglesia universal que transita en comunión con otros cristianos que, como ellos, promueven el culto público, realizan obras de piedad o caridad e impulsan la evangelización, según se recoge en el canon 301 del Código de Derecho Canónico; y, al mismo tiempo, una parcela de la Iglesia que siente la necesidad de ser formada.

A nadie se le escapa que la formación integral de una persona implica un proceso de aprendizaje continuo y permanente. Tal vez esa motivación ha sabido ser transmitida desde la Delegación de Hermandades y Cofradías, siguiendo las directrices del señor obispo, provocando que el interés y la acogida por parte de este colectivo se haya cumplido en grado alto. Ninguna convocatoria a nivel formativo cofrade había obtenido una respuesta similar.

Los participantes se fueron congregando desde temprano con la expectación propia del primer día de clase. Quizá con nerviosismo o tal vez con incertidumbre, puede que con emoción o curiosidad, pero siempre con el deseo y la esperanza de seguir creciendo en la fe.

La religiosidad popular no es un simple acto externo. Debe profundizar en el conocimiento de la ya citada fe. En la cofradía se fortalece la vida en comunidad puesto que no se desarrollan vivencias aisladas o individuales. Además, permite el equilibrio entre el culto externo, la labor caritativa y social (eje fundamental de la identidad cristiana y del compromiso con la sociedad) y una base espiritual sólida. Y, por supuesto, encuentra sentido la misión evangelizadora; el mensaje trasciende más allá de la salida procesional.

Los obispos se han ido pronunciando a lo largo del tiempo, con cierta preocupación, sobre la vida de este colectivo. En cierta ocasión le escuché a Monseñor Ginés García Beltrán, siendo obispo de Guadix, que los miembros de estas entidades eran con frecuencia como un queso agujereado por dentro, que muestra una imagen externa y su interior tiene multitud de carencias. También Monseñor Santiago Gómez Sierra, obispo de Huelva, decía en otro momento que el fallo que tienen las cofradías es dar por supuesta la fe, lo que hace que haya veces que los titulares de las hermandades tengan más selfis que padrenuestros o avemarías.

La diócesis de Córdoba ha iniciado un proceso formativo con el que despertar la curiosidad y animar a la profundización en las distintas materias. Ojalá este inicio sea el reflejo de un itinerario marcado por el alcance de pequeños logros donde se cumpla el objetivo propuesto: «formar para servir, testimoniar y evangelizar».

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