Semilla que brota de nuevo
«Es posible un resurgir del cristianismo en Europa»
París. Un viaje apostólico. Un lema: «para que el mundo tenga vida». Una multitud inundando los extensos Campos Elíseos. La voz del pontífice que resuena en la Plaza de la Concordia: «En este bello país que es Francia, muchos bebieron de esta agua (de Jesús) y le dedicaron totalmente su vida». Nada es fortuito en un territorio en el que la Iglesia puede constatar cómo el número de los catecúmenos crece, afortunadamente, de manera exponencial; un territorio en el que la semilla del cristianismo parece que comienza a brotar de nuevo.
La voz de León XIV, vigorosa, ha clamado en defensa de la vida frente a otras realidades tales como el aborto o el suicidio asistido que llevan tiempo invadiendo a una sociedad secularizada. Un don, el de la vida, que gana un enorme peso en otra de sus escalas en el país galo: Lourdes, un lugar en el que el dolor se convierte en esperanza. Más allá de la vida humana, en esta visita se ha ido percibiendo el deseo de la protección del medio natural, de la relación de la persona con la educación, la ciencia y la tecnología, y también el fomento del diálogo para conseguir un espíritu fraternal lejos de las diferencias culturales.
Sin duda, el último hito de este periplo ha sido otro lugar simbólico: Metz, ciudad a la que estuvo vinculado Robert Schuman, uno de los padres de Europa en cuya base se encontraba la idea de la fraternidad.
No está de más recordar las intervenciones que los tres Papas anteriores a León XIV fueron haciendo acerca de las raíces cristianas de Europa en los años 2003, 2005 y 2014. En la exhortación apostólica Ecclesia in Europa, el Santo Padre Juan Pablo II señalaba «la pérdida de la memoria y de la herencia cristianas, unida a una especie de agnosticismo práctico y de indiferencia religiosa, por lo cual muchos europeos dan la impresión de vivir sin base espiritual» y hacía referencia a la necesidad de una dimensión religiosa en Europa. Por su parte, Ratzinger (siendo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe) impartía una conferencia sobre los fundamentos espirituales en el continente utilizando bellísimas palabras: «Europa, justo en esta hora de su máximo éxito, parece haberse vaciado por dentro, paralizada en cierto sentido por una crisis de su sistema circulatorio, una crisis que pone en riesgo su vida, dependiendo por así decirlo, de trasplantes, que sin embargo no pueden eliminar su identidad». En el discurso del Santo Padre Francisco al Parlamento Europeo se transmitía un mensaje de esperanza y aliento: «un mensaje de aliento para volver a la firme convicción de los Padres fundadores de la Unión Europea, los cuales deseaban un futuro basado en la capacidad de trabajar juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz y la comunión entre todos los pueblos del continente».
Probablemente este viaje a Francia de León XIV haya venido a confirmar que «donde hubo fuego quedan rescoldos» y que es posible un resurgir del cristianismo en Europa.