¿Qué nos dieron los romanos?Luis J. Pérez-Bustamante

El espejo de París

«Es muy preocupante que pueda cundir una sensación de inseguridad ciudadana que dista hoy mucho de la que vivíamos en este mismo país hace 40 años»

Si está usted leyendo estas líneas en un sábado como hoy posiblemente esté enterado de que hay nuevas manifestaciones y movilizaciones convocadas hoy en París para protestar por la situación que vive el país. Lo que empezó como una protesta estudiantil ha puesto en jaque al país vecino con unos enfrentamientos de enorme violencia y gravedad en los que los protagonistas no son los estudiantes sino grupos de salvajes que arrasan, queman y roban todo lo que pueden. Ante esto, el Estado francés se ha puesto serio y parece que tal y como dijera De Gaulle allá por los años 60 se va a acabar el recreo.

El efecto parisino se ha dejado notar en otras ciudades europeas como Milán, Oporto o, en España, Madrid y La Coruña. Vivimos tiempos convulsos en los que la falta de claridad ante el camino a seguir está llevando al resurgimiento de tensiones que se creían superadas. Es muy preocupante que pueda cundir una sensación de inseguridad ciudadana que dista hoy mucho de la que vivíamos en este mismo país hace 40 años.

Más preocupante aún es ver cómo determinados cargos políticos ponen en duda, no la impresentable actitud de los extremistas que solo buscan el enfrentamiento y el ataque a la Policía, sino la actuación de ésta en su legítima defensa. Los sucesos acontecidos en La Coruña esta semana, con decenas de chavales que iban a boicotear un acto de Vox lanzándoles piedras y sillas a los policías, suponen una muy preocupante llamada de atención. Cuándo no se permite la exposición libre de ideas (por malas que sean éstas), cuando se amenaza, se insulta o se agrede al contrincante político caemos en los extremos. En nuestra sociedad, el término fascista se ha prostituido hasta un punto en el que se ha perdido la realidad de su significado.

Con la excusa de que Vox es un partido de ultraderecha hay quienes están amparando la violencia sin sentido. Yo no voto a Vox, pero desde luego tengo claro que mientras no demuestren lo contrario hay que dejarlos expresarse libremente. Mucho más que a todos estos vándalos que carecen de ideas y no son más que títeres manipulados. Mucho más que a los nostálgicos que mantienen que contra Franco se vivía mejor mientras pontifican desde moquetas subvencionadas.

Más allá del enfrentamiento, de la prohibición del contrario y de su persecución, ver a ministros justificar estas actuaciones, ver a numerosos políticos ponerse de lado ante las agresiones constantes que sufre la Policía abochorna y, sobre todo, preocupa. De fondo, no nos engañemos, está la deriva de esta campaña electoral que no sabemos hacia dónde nos va a llegar.

El juego de redes sociales, la inteligencia artificial, los insultos, las faltas de respeto y la carencia de mensajes políticos nos llevan a una situación sin retorno en la que estamos jugando con cosas muy serias. Deberíamos mirarnos en el espejo de París porque a este paso vamos a acabar así. Con manadas incontroladas arrasándolo todo y trabajadores, autónomos, viendo cómo lo pierden todo. Y todo ello, única y exclusivamente, porque hay quien le tiene un apego al sillón que ha pasado de enfermizo a nauseabundo. Alentado por irresponsables que azuzan los miedos sin escrúpulos ni restricciones. No quieren el bien común, quieren «su» bien común. Se está jugando con cosas muy serias, cuidado no vayamos a tener que arrepentirnos después de lo que estamos sembrando.

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