Procesión de la protohermandad de la Bondad por Córdoba
La Bondad abre las vísperas en Córdoba
El Señor de la Fuensanta, de rojo, hizo latir a la ciudad con una madura y noble estación de penitencia
La tarde se abrió paso en Córdoba con ese aire contenido que precede a lo extraordinario. No era una jornada cualquiera: la ciudad asistía a un momento llamado a quedar en la memoria, la primera procesión de vísperas recorriendo sus calles, y en ella, el Señor de la Bondad marcando el pulso de una nueva página en la historia cofrade.
El Señor volvió a encontrarse con su gente, pero lo hizo de una forma distinta, envuelto en un contexto inédito que multiplicaba la emoción. Este año, además, la imagen lucía una túnica roja de profunda fuerza simbólica. No era solo un cambio estético; era una declaración. El rojo, intenso y sobrecogedor, evocaba la sangre derramada, el sacrificio llevado hasta el extremo, pero también la vida que brota tras la entrega, el mensaje luminoso de la resurrección que se abre paso incluso en la oscuridad.
El misterio avanzaba con paso firme, narrando en silencio la escena del patio de Caifás. Y entre las novedades, la figura de Shira, la portera, se estrenaba aportando una nueva dimensión al conjunto. Su presencia no solo enriquece la composición, sino que acerca aún más al espectador a ese instante de tensión y verdad. Con ella, el misterio sigue tomando forma, quedando apenas dos imágenes para que la escena alcance su plenitud definitiva.
Gran respuesta ciudadana
Córdoba respondió como sabe hacerlo: echándose a la calle. Hubo expectación, curiosidad y, sobre todo, un respeto emocionado hacia lo que se estaba viviendo. No era una procesión más; era el inicio de una tradición que comienza a abrirse camino, una víspera que ya late con personalidad propia.
La Agrupación Musical Cristo de Gracia puso la música a esta tarde señalada. Sus sones acompañaron con elegancia el discurrir del paso, envolviendo cada tramo en una atmósfera de recogimiento y solemnidad, subrayando con cada nota la trascendencia del momento.
Así, entre incienso y acordes, el Señor de la Bondad volvió a caminar por Córdoba, pero esta vez dejando una huella distinta. No era un estreno cualquiera: era el nacimiento de una víspera, el primer latido de un tiempo nuevo que ya empieza a escribir su propia historia en la ciudad.