Jesús Fernández, obispo de Córdoba

Jesús Fernández, obispo de CórdobaSamira Ouf

Monseñor Jesús Fernández, obispo de Córdoba

«La Iglesia trata a los inmigrantes como lo que son: personas, hijas e hijos de Dios»

Hoy, 24 de mayo, se cumple un año de la toma de posesión de Jesús Fernández como obispo de la diócesis de Córdoba

La llegada de un nuevo obispo a una diócesis se vive por los católicos como un regalo. La figura del pastor, padre y hermano, es una referencia necesaria, un apoyo siempre conveniente, un magisterio al que atender no solo porque la jerarquía es importante, sino porque esta es guardiana de aspectos imprescindibles como la humildad y la obediencia.

Este 24 de mayo, cuando la Iglesia conmemora y celebra a María Auxiliadora, se cumple un año de la solemne toma de posesión de Jesús Fernández González (Selga de Ordás, León,1955) como obispo de Córdoba. La silla de Osio recibía a un prelado del norte español que eligió como lema episcopal «Evangelizare pauperibus» («Evangelizar a los pobres»), tomado del Evangelio de San Lucas y entendido por él como una llamada a una Iglesia cercana, caritativa y comprometida con quienes más sufren.

Se cumple un año de su toma de posesión celebrada en la Santa Iglesia Catedral. Ha sido un año intenso, marcado, por supuesto, por la cercanía, el compromiso y la caridad. Pruebas no han faltado para demostrarlo.

Jesús Fernández, obispo de Córdoba

Jesús Fernández, obispo de CórdobaSamira Ouf

- ¿Cuál es el recuerdo más vívido del día de su toma de posesión?

- Desde el principio, lo que más me sorprendió fue la cantidad de gente, y además de todas las edades, que participó en las celebraciones de ese día. Vengo de un lugar donde, por ejemplo, la infancia, la adolescencia y la juventud eran escasas, y aquí encontré gente de todas las edades, y además en gran número, tanto en la catedral como por la tarde en los salesianos, donde fui a celebrar María Auxiliadora. Eso me impresionó mucho. Y a nivel personal, lo que más me afectó fue el motivo por el que al final se me quebró la voz: que no estaban mis padres, porque mi padre estaba bastante enfermo y mi madre era mayor.

- ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de esta diócesis?

- Lo que decía antes: aparte de la cantidad de personas, la vitalidad que tiene. Hay muchas instituciones, muchas iniciativas, muchos movimientos, mucha vida. Es cierto que a veces observo bastante autonomía y quizás se podría mejorar la coordinación, y lo intentaremos. Pero también hay muchos sacerdotes, muchas vocaciones. La vitalidad de la Iglesia en Córdoba es, para mí, lo más grato que he encontrado.

- Llegaba usted a una diócesis, pero en concreto a una ciudad, con algunos de los barrios más pobres de España. ¿Qué ha pedido o hecho el obispo para abordar este problema?

- He tenido relación con la Concejalía de Asuntos Sociales, con nuestra Cáritas y con otras instituciones —las Hijas de la Caridad y otras— que ya están trabajando en esos barrios, para conocer lo que se está haciendo. He incidido especialmente en el apoyo escolar, porque creo que lo material es necesario y se está haciendo, pero es muy importante también la cultura y la formación. Y particularmente la intervención con las familias, porque el niño, el joven, no es solo un individuo, sino que forma parte de una familia, y el apoyo familiar también lo he buscado. En concreto, he establecido contacto con Puerta Verde en Santa Luisa de Marillac, las Hijas de la Caridad, o en Las Palmeras a través de La Salle, que tienen allí presencia. Eso es lo que he buscado de forma especial, además de intentar concienciar sobre el problema a través de mis intervenciones y mis cartas pastorales.

- Cuando en febrero se presentó el informe Foessa, se constató no solo el crecimiento de la exclusión, sino la ampliación de perfiles: cada vez hay más excluidos.

- Sí, porque, como se está señalando acertadamente, la clase media está disminuyendo. Hay personas que en otro tiempo vivían con total normalidad y que ahora ya no lo están haciendo: tienen que reducir sus gastos en alimentación, y la inflación, la subida de precios y, sobre todo, el coste del alquiler de la vivienda suponen una carga enorme. Casi la mitad de quienes viven de alquiler tienen ya problemas económicos. Eso se está produciendo, y el informe lo pone de relieve. Es un motivo más de preocupación. Creo que a la clase media se la debería cuidar mucho más y no se está haciendo. Ahí hay cuestiones que sobrepasan la competencia de un obispo, pero a nivel de concienciación de la sociedad, el informe está sirviendo y nos está ayudando también para, en el sentido pastoral, poner el acento donde corresponde.

Jesús Fernández

Jesús FernándezSamira Ouf

- Precisamente una de sus últimas cartas pastorales habla sobre la precarización en el ámbito laboral. ¿Qué ha constatado el obispo en este sentido?

- Que los trabajos son cada vez más cortos e inestables, y esto no nos sucede solo a nosotros: en países grandes ya venía ocurriendo. Desde hace tiempo se habla de la necesidad de adaptarse a un mundo laboral muy cambiante, y es verdad. Pero esa fragilidad laboral trae mucha inseguridad al trabajador. Hacer un proyecto de futuro sin una cierta estabilidad es muy complicado. Si los jóvenes, además de encontrar poco trabajo, encuentran un trabajo precario y mal pagado, todo eso juega en contra de la estabilidad laboral y de la estabilidad emocional, porque hace que parezca muy difícil construir un proyecto de vida.

Otra cuestión es si se necesita tanta seguridad. Es verdad que hay familias muy valientes que, sin tenerla, se lanzan. En tiempos pasados también se carecía de esa seguridad y, sin embargo, la gente fundaba familias. Lo que ocurre es que ahora buscamos más asegurar la parte material —laboral y económica— antes de iniciar un proyecto. Por eso se retrasa tanto la fundación de una familia o el establecimiento de vínculos estables.

- Como freno, y ayuda, a la situación de exclusión de muchas familias encontramos la labor de las hermandades y cofradías. Pero antes de hablar de ellas, me gustaría saber cómo ha vivido nuestro obispo su primera Semana Santa en Córdoba.

- La verdad es que la he vivido bien. Algunos, antes de llegar, me estaban avisando: «ya verás, ya verás». No diré que me metían miedo, pero se ve que lo decían personas que la viven con mucha intensidad. La verdad es que yo la viví bien, me resultó grata espiritualmente y me gustó su funcionamiento. Es verdad que los primeros días, como los medios habéis hecho constar, hubo algún retraso, pero luego se fue ajustando el ritmo, y creo que fue una Semana Santa buena.

La participación de la gente, tanto en la calle como en las parroquias, fue muy buena. Los párrocos dicen que hubo muy buena participación en la liturgia, lo cual es también una buena noticia, porque, evidentemente, la liturgia y la eucaristía son el centro y el culmen de la vida cristiana. Pero también la vida popular se desarrolló, creo que satisfactoriamente. Yo la viví con interés, con emoción y con devoción.

- ¿Y qué impresión y valoración tiene de esa realidad, las hermandades y cofradías, un año después, teniendo en cuenta, además, que usted procedía de una diócesis donde esta vivencia es diferente?

- Sí, también tienen mucha vida. He visitado en la ciudad las sedes de todas las hermandades y cofradías penitenciales, y he visto de cerca el trabajo y el interés que ponen. Trabajan mucho, tienen el patrimonio muy cuidado. También, especialmente, la labor social y la formación están bien, aunque quizás sea un punto que hay que desarrollar y alimentar más, sin que eso suponga descalificar lo que ya se está haciendo.

En general, las he visto con buena salud. Es verdad que hay mucha diferencia: algunas tienen mucha vitalidad, y otras, por el número de hermanos, están con algo más de dificultad.

- Ese es uno de los aspectos que se recoge precisamente en el nuevo reglamento de hermandades, que parece que ha generado cierto revuelo o malestar. ¿Tiene conocimiento de ello?

- Sí, lo tenía ya indirectamente desde el principio. Creo que al principio la imaginación voló rápido y enseguida se quiso ver un intento de recortar la autonomía de las cofradías y hermandades. Nada más lejos de la realidad: no se pretende quitar autonomía. De hecho, el reglamento es para la delegación. Hemos querido distinguir muy bien la delegación diocesana del consiliario: hay un consiliario para las hermandades de la ciudad de Córdoba, y luego hay un delegado para toda la diócesis. Queríamos dejar claro ese alcance diocesano.

La diócesis es muy extensa y las cofradías son muy diversas: algunas tienen sobrados miembros para constituir juntas directivas, otras van más escasas. Esa diferente realidad ha hecho que se vean las cosas desde distintas perspectivas, con algún recelo que no se ajusta a lo que realmente se propone. Hemos tenido recientemente una reunión con el presidente y algunos miembros de la agrupación, y ha quedado muy claro que no pretendemos en ningún caso quitar autonomía, que trabajaremos juntos. He comprobado, además, la firme declaración de las propias cofradías de que son Iglesia y quieren seguir fieles a lo que la Iglesia propone. La Iglesia no va a quitarles autonomía, les ofrecerá servicios, y el reglamento lo dice con claridad: vamos a intentar dar, sobre todo, formación, y acercarla también a las distintas zonas. En el futuro se elaborará un reglamento propio para las cofradías, que será, por supuesto, dialogado, reflexionado y consensuado con ellas.

No hay, por tanto, motivo de alarma. Soy consciente de que al principio se produjo ese recelo, y espero que vaya aminorando, porque estas situaciones dan pie a que el rumor haga crecer el problema sin que haya una causa objetiva para ello.

Jesús Fernández, obispo de Córdoba

Jesús Fernández, obispo de CórdobaSamira Ouf

- Otra de las realidades de la Iglesia en Córdoba es el impulso de los movimientos de primer anuncio. Además, se está constatando que muchas personas regresan a la Iglesia; recientemente, 52 adultos han sido bautizados. ¿Cómo vive esto nuestro obispo?

- Esta vuelta a la Iglesia es real. Hemos bautizado 52 adultos y, al comparar con otras diócesis, incluso más grandes, veo que no llegan a ese número. Quiere decir que ese primer anuncio —que, hay que decirlo, en muchos casos llega a través de las cofradías y hermandades— está funcionando bien. Lo vemos con ilusión. Ahora bien, también sabemos que ese primer anuncio es muy emotivo, y esa emoción tiene que ser acompañada, tiene que echar raíces. Por eso la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe ha publicado el documento Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, donde se señala la necesidad de desarrollar todos los elementos de la fe.

La fe es también emoción, y eso se vive mucho en la piedad popular, no solo en los movimientos de primer anuncio. Pero hace falta una formación que permita que esa emoción arraigue y se convierta en idea, en concepto, en proyecto, en compromiso. Hay que desarrollar todas esas dimensiones. Lo recibimos, pues, con ilusión, como una puerta de entrada para mucha gente y de vuelta a la Iglesia, pero ahora hay que acompañarles para que esa fe madure y permanezcan en la Iglesia como piedras vivas, es decir, activas: no solo consumidores de lo religioso, sino partícipes del proyecto de una Iglesia que quiere seguir anunciando a Jesucristo, celebrando la fe y ayudando a los enfermos y necesitados.

- También hay otro crecimiento, el de los centros evangélicos, sobre todo en barrios donde es mayor la presencia de hispanoamericanos. ¿Qué opinión le merece?

- La verdad es que no tengo datos para poder contrastar esa información. Si usted lo dice, lo acepto. Lo que sí estoy viendo es que, respecto a los inmigrantes, cuya presencia está creciendo mucho en nuestra tierra, las parroquias están haciendo un gran esfuerzo por estar cerca de ellos, y muchos inmigrantes ya están en las parroquias: los vemos en las celebraciones, participan activamente. La delegación de migración está realizando también una labor importante y, por supuesto, Cáritas, aunque el inmigrante no solo necesita una ayuda material, sino también acompañamiento. Nuestras Cáritas parroquiales están haciendo esa labor, y por eso quiero poner en valor lo que nosotros estamos intentando hacer.

Somos conscientes de que quizás nuestro planteamiento de fe es más integral: no nos conformamos con una emoción, queremos también formación y compromiso. En ese sentido, puede que haya otro tipo de creencias que resulten más atractivas por su planteamiento. Pero no pretendo juzgar otras creencias; solo quiero poner en valor, repito, lo que nosotros estamos intentando hacer, siguiendo además la propuesta del Papa Francisco, resumida en cuatro verbos muy claros: acoger, proteger, promover e integrar. Todos ellos tienen un gran contenido: desde la creación de vías de acceso seguras a nuestra tierra —y ahí está el apoyo de la Iglesia a la iniciativa legislativa popular de regularización de inmigrantes—, hasta proteger dando seguridad, promover dando cultura y formación —que a través de Cáritas y de instituciones formativas ya se está haciendo—, e integrar, que es la fase final: que nuestra cultura pueda ser aceptada por ellos y vivida como una riqueza heredada y compartida.

- Hablemos de inmigración, porque es un asunto importante tanto por el proceso de regularización en marcha como por el lugar que ocupa en la agenda política y , lamentablemente, en la confrontación.

- Es una pena, porque no debería ser así. La vida de unas personas es algo demasiado importante como para hacer política. Hubo un tiempo en que la iniciativa legislativa popular contó con un gran respaldo; el problema está en cómo se planteó: en lugar de hacerse por consenso, se hizo de otro modo. Eso fue un error que se podría haber evitado, porque en principio había un acuerdo amplio. Al politizarse, se convirtió en confrontación, y usar la vida de unas personas —que tienen padres, hijos, que sienten como nosotros— para hacer política me parece muy ruin. Lo siento profundamente.

La Iglesia los trata como lo que son: personas, hijas e hijos de Dios. Hay preocupación por ese uso que se hace de ellos y compromiso por nuestra parte de ayudarlos e integrarlos en nuestra sociedad. Ya lo están haciendo, además: nos están ayudando en un trabajo que los nacionales no haríamos, y están enriqueciendo las parroquias, porque también están haciendo que nuestra Iglesia crezca. Tenemos que sentirnos contentos de que estén entre nosotros.

Jesús Fernández, durante la entrevista

Jesús Fernández, durante la entrevistaSamira Ouf

- En este primer año usted ha vivido, como todos nosotros, la tragedia de Adamuz. ¿Cómo fueron esos días?

- Fueron días muy tristes y duros. Desde el primer momento, la parroquia, su Cáritas, el párroco don Rafael y yo mismo nos hicimos presentes pronto. El contacto con esas familias, sobre todo al principio —cuando esperaban noticias de sus familiares porque no llegaban al centro de mayores de Adamuz y aún albergaban esperanza—, fue tremendo tanto para ellos como para nosotros. Estuvimos hablando con algunos; otros no eran capaces ni de dialogar ni de hablar, y respetamos su silencio. Alguno nos abrazó y nos abrazamos para darnos ánimo, allí en Adamuz y también en el centro cívico al que fueron trasladados después.

Ese fue el primer momento. Después tuve la oportunidad de visitar en la UCI a algunos heridos. Alguno estaba consciente y nos habló con testimonios extraordinarios de fe: por ejemplo, sobre el valor de la oración, porque su madre había estado rezando pocos minutos antes del accidente, y se salvaron cuatro de los cinco que iban en el primer vagón, dos niños y dos adultos. Fueron momentos de mucha emoción, pero también de mucha entereza, porque esas personas, como demostraron en el funeral celebrado en Huelva, encontraron en la fe mucha fortaleza y capacidad de reacción.

Fueron días duros, pero hay que quedarse también con lo positivo. Primero, ese testimonio de fe que nos dieron. Y segundo, el entendimiento entre las administraciones, que luego se fue enturbiando —porque en cuanto entra la política, todo se complica—, pero me quedo con ese primer momento, en el que hubo un gran entendimiento y dimos un ejemplo en toda España: desde otros puntos del país me decían qué bien, qué ejemplo de entendimiento. Y nos felicitaban también a la Iglesia por esa cercanía. Nuestra Iglesia mostró su proximidad a esas personas, y ahora siguen recuperándose. Para ellos sigue siendo muy difícil, y en Huelva se sigue trabajando por acompañarles en este momento tan duro.

- ¿Cómo es su relación con don Demetrio, con nuestro obispo emérito?

- Es muy buena. Él me ha valorado, me ha abierto las puertas y me ha ofrecido toda la ayuda que podía darme. Yo valoro también su trabajo. Es cierto que, como obispo emérito, su presencia es mucho menor, pero eso es lógico. Yo ocupo ahora el espacio que corresponde, porque así debe ser. En ese sentido, ejerzo de obispo y él respeta eso con mucha discreción y humildad. Tengo que valorar especialmente, aparte de la acogida que me ha dispensado, su humildad para cumplir su papel de obispo emérito y dejarme a mí la primera línea como obispo residencial. La relación, en suma, es muy buena.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernéndez, visto por Samira Ouf

El obispo de Córdoba, Jesús Fernéndez, visto por Samira Ouf

- Viene Su Santidad el Papa, lo cual es siempre motivo de alegría. ¿Qué quiere decirle a los cordobeses nuestro obispo con motivo de esta visita?

- En la vigilia de Pentecostés hemos tenido una oración especialmente dedicada a pedir por los frutos de la visita. Escribiré también una carta pidiendo oraciones y unión espiritual con la Iglesia universal, representada en el Santo Padre. Quiero decirles que es un momento muy importante para España: desde 2011, cuando vino el Papa Benedicto XVI, llevamos prácticamente quince años sin recibir a un Papa. Es, por tanto, un momento significativo.

También por los temas que va a tratar: la comunión —un tema muy de Iglesia y de fe—, y el lema Alzad la mirada, que nos dirige justamente a Jesucristo, nuestro Señor, a quien adoramos y seguimos, nuestro maestro y hermano mayor, que marca la meta de nuestra vida. Y también la caridad, en torno a la migración, que se desarrollará en Canarias. Cristo como centro de nuestra vida y misión, y la caridad: son temas nucleares de la fe.

Nosotros trataremos de ahondar en este misterio de amor, de comunión, de fe en Cristo y de caridad, y con su presencia él nos animará a ello. Para España es muy importante, y para muchos de nosotros será también la oportunidad de encontrarnos con él. La diócesis, como tal, no ha organizado peregrinaciones, salvo la de los jóvenes —más de un millar han confirmado ya su participación, sobre todo en la vigilia del día de los jóvenes, el 6 de junio—, y también algún movimiento o parroquia realizará su peregrinación a Madrid. Muchos lo viviremos de alguna forma en directo, y quienes se queden aquí se unirán espiritualmente a la visita del Santo Padre.

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