Seminaristas en Córdoba

Seminaristas en CórdobaLa Voz de Córdoba

Seminaristas en Córdoba: «un giro radical a la propia vida»

Tres jóvenes explican su vocación sacerdotal en el Día del Seminario

Hoy 22 de marzo se celebra el Día del Seminario, el primer domingo tras la festividad de San José, con el lema «deja tus redes y sígueme», inspirado en el texto del evangelio de Lucas. «La llamada es contundente y exige un giro radical a la propia vida», expresaba el obispo de Córdoba, Jesús Fernández González, en la carta pastoral publicada el pasado día 19 con motivo de esta jornada. «En primer lugar, requiere un discernimiento capaz de diferenciarla de tantos reclamos como se presentan hoy y que, lamentablemente, son sucedáneos de plenitud y de felicidad», continuaba el obispo, para concluir que «supone renunciar a los propios proyectos para adoptar los de Jesucristo, así como dejar a un lado la satisfacción inmediata para volcarse en hacer felices a los demás». Precisamente, esos reclamos y esa renuncia se hacen especialmente difíciles en estos tiempos tan poco propicios a las vocaciones sacerdotales. La Voz de Córdoba ha querido conocer cómo nace esta llamada por boca de sus propios protagonistas, capaces de ir más que a contracorriente, verdaderamente a contramundo.

Rafael Marrón tiene 21 años y lleva nueve en el seminario. Ahora estudia en el mayor de San Pelagio tras pasar por el seminario menor. Se puede decir que, en su caso, tuvo clara la vocación desde pequeño. Todo comenzó a sus siete años, cuando sus padres le apuntaron a la catequesis de primera comunión, como a cualquier niño, y empezó a ir cada domingo a misa: «un mes antes de la comunión, mi catequista me invitó a salir de monaguillo junto a otro amigo, allí fui conociendo lo que hace un sacerdote, participando en actividades y adentrándome más en la vida de la parroquia, además de que mi madre entró también», recuerda Marrón. Su amigo monaguillo le invitó precisamente a una convivencia en el seminario menor, conocida precisamente como Día del Monaguillo, a la que acuden muchos niños de primaria y secundaria durante una jornada en el mes de abril. «Aquello estaba lleno de niños como yo, de apenas diez años, que pensaban como yo y tenían el deseo de conocer más a Jesús».

Rafael Marrón, hace unos meses, junto al ya fallecido Papa Francisco I

Rafael Marrón, hace unos meses, junto al ya fallecido Papa Francisco ILa Voz de Córdoba

Aunque su familia, hasta el momento en que inició la catequesis, no era especialmente religiosa, se tomó muy bien el camino que ya estaba empezando a conformarse y que concluyó con su vocación sacerdotal. «Tras más convivencias y campamentos, se lo dije primero a mi madre, con ese miedo por no saber cómo reaccionaría, y como quedaban meses para empezar en el seminario, creo que pensaban que se me pasaría... pero eso siguió». Tras unas conversaciones con los formadores, sus padres se convencieron de que ahí residía su felicidad.

La comprensión de la llamada

¿Cómo se vive la vocación sacerdotal en un mundo tan beligerante muchas veces con la fe católica? «A día de hoy hay un rechazo hacia Dios, porque muchas veces uno desea satisfacer sus propias necesidades, y nos despreocupamos del prójimo», señala Rafael Marrón. «Entre mis amigos al principio hubo de todo, unos me apoyaron, otros, en cambio, no; y sin embargo, conforme pasaron los años, fueron comprendiendo más la vocación sacerdotal y lo que es sentirse uno llamado».

Desde la tarde del pasado día 12 de marzo hasta el 22, diversos seminaristas se distribuyeron por varios pueblos y la capital para la campaña del Día del Seminario. Por la mañana visitan parroquias, por la tarde la clase de religión de los institutos. En ambos lugares explican qué es un seminario, su vocación sacerdotal y la vocación a la santidad, a la que todo católico está llamado. También hablan del matrimonio o la vida religiosa.

Además de de San Pelagio y del seminario menor, en Córdoba existe también el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater «San Juan de Ávila», perteneciente al Camino Neocatecumenal. Allí estudian Manuel González Vicente, cordobés de 19 años; y Luis Rubén Díaz Garo, de 25 y natural de República Dominicana. Están en segundo y sexto año respectivamente.

La vocación de ambos procede de sendas crisis existenciales surgidas muy jóvenes y de distinta naturaleza. «En segundo de bachillerato experimenté que, en el fondo, quería ser feliz, pero que por muchas cosas que hiciera , porque la felicidad no estaba ahí», explica González. «En medio de mi crisis y mi sufrimiento, vi claramente que Dios existía y que la respuesta era Cristo, por lo que decidí que la Iglesia decidiera por mí, ofreciendo mi disponibilidad para entrar en el seminario». Por su parte, Díaz destacaba como beisbolista en la República Dominicana. Su proyecto de vida residía en la oportunidad de ser profesional en Estados Unidos y convertirse en deportista de élite, con el dinero y posibilidades que ello supone, además de tener una esposa. Una grave lesión de grado 3 en el tobillo le impidió jugar durante un año. Ahí llego su crisis. «Me preguntaba, ¿por qué el Señor ha permitido esta lesión?» Su familia no era, en general, religiosa, pero una tía suya le invitó a ir a misa. Al término de una, los catequistas del Camino Neocatecumenal le invitaron a quedarse: «eso cambió mi vida, ahí fue donde me encontré con Cristo y experimenté su amor».

Luis Rubén Díaz y Manuel González en el patio del seminario Redemptoris Mater

Luis Rubén Díaz y Manuel González en el patio del seminario Redemptoris Materamgorriz

Manuel González, tercero de seis hermanos, y de familia religiosa perteneciente al Camino Neocatecumenal, contó con un notable apoyo de su madre y de sus hermanas cuando anunció su vocación: «mi madre, que llegó a dejar su trabajo para cuidar a mi abuela, fue un verdadero ejemplo». Luis Rubén Díaz lo tuvo algo más difícil, porque además del sueño del béisbol estaba la meta de estudiar ingeniería química. Pero tras una cierta oposición al principio, sus padres fueron aceptando su elección de vida.

Esta vocación se topa luego con un cierto mundo indiferente, cuando no directamente hostil, a la fe católica. Pero ambos ven con esperanza la comprensión de una elección que consideran tiene un carácter indudablemente sobrenatural. Todo ello lo han podido ver en las jornadas del Día del Seminario gracias al contacto con otros jóvenes. «Pienso que quizá nos vean como bichos raros, como personas que estamos un poco locas, no tenemos nada que hacer y nos hemos metido en el seminario», dice con gran sentido del humor Manuel González. «Pero cuando conocen nuestro testimonio, que hemos dejado a nuestra casa y nuestra familia... esa verdad les impresiona y ya nos entienden mejor». Luis Rubén Díaz añade: «Al final creo que les impacta, porque se les manifiesta una nueva forma de ver la vida». En ese punto destaca la vida en comunidad: «El mundo experimenta mucha soledad, hay demasiada gente que vive sola, cuando damos testimonio sobre nuestra vida en comunidad, sobre que tenemos detrás a mucha gente a la que contarle nuestros sufrimientos y nuestras luchas, y que somos ayudados dentro de una Iglesia que está viva, también eso les impacta».

De esta manera, Rafael Marrón, Luis Rubén Díaz y Manuel González, junto a sus compañeros, son un ejemplo que bien puede resumir otro párrafo de la carta pastoral del obispo: «si para los discípulos de primera hora la respuesta supuso dejar las redes de hilo con que capturaban peces en el lago, para los de hoy supondrá dejar otro tipo de redes, todo aquello que los ata y esclaviza: la autosuficiencia, la avaricia, el hedonismo, la superficialidad…»

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