Federico Gutiérrez

Federico GutiérrezSamira Ouf

Federico Gutiérrez, presidente de Alcohólicos Cordobeses Rehabilitados (Alcore)

«Si ellos han podido, ¿por qué no iba a poder yo?»

El presidente de Alcore relata cómo pasó de tocar fondo al recuperar su vida gracias a la asociación y a la identificación con otros enfermos en proceso de rehabilitación

Ayer, 15 de noviembre, se celebró el Día Mundial Sin Alcohol, una jornada promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de advertir que no existe un nivel de consumo de alcohol que esté libre de riesgos. De acuerdo con el informe EDADES 2024 del Ministerio de Sanidad, el 76,5 % de las personas de entre 15 y 64 años en España declararon haber consumido alcohol en el último año. La media nacional de ingesta se sitúa en 12,7 litros de alcohol puro por persona al año, una cifra que se puede asociar a unas 2,6 botellas de vino semanales por adulto.

Pero más allá de los números estadísticos, el acento de una jornada como la de ayer se pone en el consumo prolongado, ya que este puede derivar en adicción, una enfermedad crónica- el alcoholismo- y también (todavía) uno de los grandes tabúes sociales: el alcohol está presente en las celebraciones, en el día a día, en la vida misma, lo que provoca un estigma a quien padece la enfermedad del alcoholismo. Muchas de estas personas no reconocen que tienen un problema, no buscan ayuda o abandonan sus tratamientos si es que dieron el paso para ponerse en manos de profesionales sanitarios o grupos de terapia.

Uno de esos grupos trabaja desde hace 25 años en Córdoba. Surgieron como respuesta a la deriva mercantilista que algunas de estas asociaciones adquieren, porque sus fundadores entendían que la recuperación debe llevarse a cabo sin ánimo de lucro.

Así los Alcohólicos Cordobeses Rehabilitados (Alcore) llevan ofreciendo ayuda desde el año 2000, primero con sede en la antigua Normal de Magisterio y en la actualidad desde el centro cívico Arrabal del Sur del Campo de la Verdad, junto al estadio San Eulogio. Imparten terapias abiertas, también para familiares, y cuentan con el apoyo profesional de un psicólogo clínico que atiende a los enfermos desde la ‘acogida’, ese momento en el que la persona adicta decide contar con la ayuda de una asociación formada por iguales, enfermos como él o ella, y acude por primera vez al centro.

Su presidente es Federico Gutiérrez (Córdoba, 1967) y hoy tiene el gesto valiente y generoso de compartir su historia como él mismo hace muchas veces en las terapias de cada viernes por la tarde. Premiado ahora con una vida nueva y mejor, Gutiérrez ha recorrido un camino que muchos enfermos sufren en este momento pero del que se puede salir. Ese es el mensaje principal que quiere dejar un hombre que esquivó el abismo de las adicciones antes de caer a él de manera definitiva.

Federico Gutiérrez

Federico GutiérrezSamira Ouf

- ¿Cuándo se dio cuenta de que el alcohol comenzaba a ser un problema en su vida?

- La verdad es que me di cuenta bastante joven. Con diecisiete o dieciocho años ya veía que tenía un problema grave, porque el alcohol me superó. Con muy poco que consumiera perdía la noción y perdía los papeles, y eso me llevó a consumir otras sustancias para rebajar el efecto del alcohol. Lo hacía para poder beber más, porque lo que buscaba al tomar otras sustancias era seguir bebiendo.

-¿Cómo es la vida cuando se es alcohólico?

- Es muy complicada. Para mí fue muy complicado, porque el problema no era solo la responsabilidad que tenía —familia, casa, gastos—, sino que además tenía los gastos del consumo. A final de mes necesitaba bastante dinero porque el alcohol y la otra sustancia requerían dinero para poder comprarla. La vida se me hizo muy difícil: no era solo mantener una casa y una familia, sino mantener un consumo prácticamente diario, seguir ese ritmo que mi cuerpo ya me pedía. Era como estar metido en un infierno, algo que se salía de lo normal, un sinvivir.

- El alcohol, además, es de fácil acceso. Forma parte de nuestra vida social.

- El alcohol está en cualquier sitio. A nivel social se utiliza para todo y siempre lo tenemos a mano; no hay prohibiciones reales. Yo recuerdo perfectamente que con catorce años ya podía comprar alcohol en las bodeguillas y bebérmelo en la puerta, y nadie decía nada. Desde muy joven empecé a consumir y era algo que se veía normal: en fiestas, celebraciones, para cualquier cosa. El alcohol estaba siempre presente.

- Los adictos coinciden en que pedir ayuda les resulta muy difícil.

- A mí me costó muchísimo. Estuve muchos años consumiendo. A finales de los noventa ya estaba muy mal y empecé a acudir a Cruz Roja, a Bartolomé Cañuelo, un médico con muchos años tratando estos problemas. Inicié tratamiento con gotas y pastillas, pero no me servía de nada. Pasaba una semana sin consumir, un mes, pero al final recaía: volvía a los mismos bares, con la misma gente, y al final lo buscaba porque el cuerpo me lo pedía. Me engañaba a mí mismo y a mi familia, intentando hacerles ver que estaba bien, pero no lo estaba.

Federico Gutiérrez

Federico GutiérrezSamira Ouf

- No conseguía levantar cabeza.

- No, la verdad es que no. Recaía una y otra vez. Cada recaída era peor: consumía más en menos tiempo, abusaba más del alcohol y de otras sustancias, y al final era un infierno. Llegó una época en la que me encontraba muy mal. La familia habló con el doctor Cañuelo y pidieron buscar algún lugar donde pudiera ingresar un tiempo largo. Estuve en un centro en Cartaya casi ocho meses. Allí te desintoxicas, claro: psicólogos, actividades, todo el día ocupado… te encuentras mejor. Salí con mucha euforia, creyendo que ya estaba todo controlado.

Pero después, si no haces cambios reales en su vida —rutinas, forma de afrontar problemas, relaciones— los problemas vuelven a superarte. Volví a entrar en el bar al lado de mi casa para tomar una cerveza 0,0. Veía que lo controlaba. Después una normal. Después dos. Y poco a poco volví a consumir de diario. Un día me di cuenta de que estaba exactamente en el mismo sitio. El alcohol podía conmigo y yo no era capaz de controlarlo. Tuve muchísimas recaídas, cada vez más graves. Mi vida se destrozó. Consumía solo, escondiéndome, perdiendo días enteros, llegando a casa de madrugada solo para ducharme antes de ir a trabajar. Necesitaba dinero y lo buscaba por donde fuera.

- Llega a una asociación después de varios centros y allí sí encuentra la recuperación, en una asociación abierta, sin ingreso médico y con terapias con familiares. ¿Qué encontró en Alcore que no halló en otro sitio?

-Para mí esta asociación fue una luz. Cuando llegué, prácticamente quería dejar de vivir. Terminé ingresado en Cruz Roja muy mal. Una noche le dije al médico que solo quería cerrar los ojos y no volver a abrirlos. No soportaba más la vida que llevaba ni el daño que hacía a los que tenía alrededor.

Fedrico Gutiérrez, durante la entrevista

Fedrico Gutiérrez, durante la entrevistaSamira Ouf

En Alcore, desde las primeras terapias, escuchar a los compañeros hablar de su vida y ver que era la misma historia que la mía fue decisivo. Me vi reflejado en ellos: lo que habían vivido, sufrido, lo que habían hecho para cambiar. Y, sobre todo, escucharles decir que llevaban tres, cuatro, diez o quince años sin consumir. Pensé: si ellos han podido, ¿por qué no voy a poder yo? Ahí empecé a trabajar y a darme cuenta de que yo era un enfermo alcohólico con un problema muy grave, y que ese era el lugar donde podía salir adelante.

- Cualquiera que le conozca ahora no puede imaginar al Federico de hace unos años.

- La verdad es que no. Sobre todo mi familia. Yo prácticamente no vi crecer a mi hijo. En aquellos años él no tuvo padre. Mis hermanos y la gente cercana, al verme ahora, no se lo pueden creer. Incluso compañeros de trabajo a los que les cuento mi historia no se lo imaginan. Me dicen que es impensable que haya estado tan mal y que haya podido salir y llevar la vida que llevo ahora.

- Pero sigue siendo alcohólico.

- Por supuesto. Yo lo tengo clarísimo. Soy alcohólico y moriré siéndolo. Sé que no puedo probar una gota, porque sé cuál sería el siguiente paso: volver al camino que dejé atrás. Vivo de veinticuatro en veinticuatro horas. Cada día me levanto recordando lo que soy: un enfermo con una adicción.

- Muchos enfermos coinciden también en la dificultad de encontrar una salida.

- Sí se puede. Con ganas y con lucha se puede. Yo hubo un momento en mi vida en que no daba nada por ella y pensé que no sería capaz de salir. Y gracias a Alcore —que hoy tengo el honor de presidir, aunque al final soy un enfermo más— pude recuperar mi vida. Sigo asistiendo a mis terapias porque necesito recordarme lo que soy, y porque quiero estar ahí para la gente que llega nueva, igual que estuvieron conmigo.

El alcohol está muy presente en nuestra sociedad y hay mucha gente con este problema. Pero se puede salir. Y quien realmente ayuda es gente que ha vivido lo mismo que tú. Esa identificación le da la fuerza: ver que otros han podido y que tú también puedes.

Federico Gutiérrez, visto por Samira Ouf

Federico Gutiérrez, visto por Samira Ouf

- ¿Qué es lo mejor de la vida ahora?

- La tranquilidad. Haber aprendido a decir no. Hacer frente a los problemas de otra manera. Disfrutar del día a día, sabiendo que hay días buenos y malos. Disfruto de mi hijo, disfruto de mi nueva pareja —porque hay cosas que no se pueden recuperar—. Pero he recuperado la vida gracias a la asociación. Me he vuelto a casar, tengo mi trabajo, disfruto de los momentos, del agua, de la lluvia, del sol… del simple hecho de vivir. El alcohol ha desaparecido de mi vida. Antes todo giraba en torno a él; ahora todo lo contrario. Ahora disfruto de la vida que me queda, que es lo principal.

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