Participantes en Aulas con Historia, visita a las escuela La Inmaculada de Córdoba

Participantes en Aulas con Historia, visita a las escuela La Inmaculada de Córdobaamgorriz

De Cervantes a San Ignacio de Loyola: las Reales Escuelas La Inmaculada reivindican su historia

Hoy concluye el proyecto de visitas culturales de este centro de enseñanza de Córdoba

Año de Nuestro Señor 1554. Me de junio. El día de la inauguración de las Reales Escuelas La Inmaculada de Córdoba, la ciudad vivió todo un acontecimiento. Un desfile con miembros del Cabildo, la Inquisición y el Ayuntamiento fueron en procesión desde la Casa del Agua de la marquesa de Priego -actual restaurante Bandolero- junto a los primeros 18 profesores jesuitas y los alumnos. Las calles lucían decoradas con tapices, alfombras y flores como en el día del Corpus Christi. En resumen, una verdadera fiesta. Tuvo como guinda un certamen en latín para que esos jóvenes pupilos pudieran competir y lucirse. «Esto viene relatado con todo lujo de detalles por San Francisco de Borja, que tenía como misión contarle a San Ignacio de Loyola lo que estaba ocurriendo en Córdoba», ha explicado el arqueólogo y profesor del centro Giuseppe Palmieri, responsable de la III edición de 'Aulas con historia', una visita cultural al centro de enseñanza que tiene como objeto revalorizar su importancia histórica, patrimonial y educativa. Cuenta con notable presencia de un alumno de excepción: el mismísimo Don Miguel de Cervantes.

Las Reales Escuelas La Inmaculada de Córdoba, centro educativo de la Fundación Diocesana Santos Mártires y una de las instituciones docentes más antiguas de Andalucía, han celebrado este sábado su último día de estas jornadas abiertas a cualquier interesado. Han participado casi una veintena de personas de todas las edades. El recorrido se inicia en la Plaza de la Compañía, muy diferente en 1554, pues «el suelo no estaba enlosado, no existía el edificio del colegio Santa Victoria ni la iglesia de la Compañía, que era la capilla de nuestro colegio; la plaza, de hecho se conocía como de Santo Domingo de Silos por el antiguo templo que hoy es el Archivo Provincial», ha especificado Palmieri.

Historias dentro de la historia

Tras el prólogo en la Plaza de la Compañía, los asistentes han tenido la oportunidad de conocer la curiosa e interesante historia de este lugar, que se inicia realmente en la ya comentada casa de la marquesa, al lado de la Catedral de Córdoba, en 1553. Pasa en seguida, un año después, a su actual ubicación, que era la casa del deán, Juan Fernández de Córdoba quien tenía una justificada mala fama de mujeriego, y contaba con varios hijos. Intentó compensar sus andanzas con la cesión del inmueble, ya que optaba, en pleno Concilio de Trento, a una cátedra cardenalicia que se le iba a complicar por su vida disoluta. Se convierte entonces en el principal valedor de la escuela junto a la marquesa de Priego y la Compañía de Jesús, quienes habían conocido y asumido el proyecto gracias a la correspondencia con San Juan de Ávila, confesor de la marquesa. La mano derecha de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Borja vino para supervisar toda la organización. Palmieri resume con gran sentido del humor: «tenemos como precursores a San Juan de Ávila, San Francisco de Borja e, indirectamente, a San Ignacio de Loyola; Catalina Fernández de Córdoba, marquesa de Priego, y el deán, que es otro Fernández de Córdoba... la champion league de la época trabajando juntos y aportando incluso bienes materiales».

La primera denominación de las escuelas fue Santa Catalina, y fue un colegio que «asombró a la población cordobesa, porque nadie pensaba que aquellos que literalmente ni podían llevarse un trozo de pan a la boca pudieran escolarizar a sus hijos». Palmieri recuerda que al contar con alumnos marranos, es decir, judíos conversos, el centro tuvo una firme vigilancia por parte de la Inquisición.

La visita habla también de las ampliaciones realizadas por el Ayuntamiento de entonces, que quiso sumarse al carro, y se centra en los aspectos clave del inmueble, Bien de Interés Cultural, desde sus patios a su escalinata. Tras la expulsión de los jesuitas por Carlos III, la familia Fernández de Córdoba volvió a recuperar el proyecto. El arqueólogo sospecha que tras unos frescos que se ven en el descansillo de la escalinata, podrían ocultarse otros relacionados con la orden, pero tapados posteriormente.

Si hay un alumno destacado en La Inmaculada, éste es Miguel de Cervantes, cuya presencia está ampliamente documentada. Es el gran protagonista de un documental que se ofrece al término de la visita, guinda perfecta para un itinerario completo que pasa por todos los aspectos de las instalaciones. De esta forma, el proyecto trata de dar a conocer a los cordobeses, la riqueza de un lugar que, gracias a estas iniciativas, ya no pasa desapercibido.

Esta iniciativa ha sido reconocida recientemente en el último Simposio Internacional de Icomos, celebrado en Valladolid en octubre de 2025, en el que se destacó el proyecto como un ejemplo sobresaliente de patrimonio educativo vivo, capaz de integrar memoria histórica, identidad y transmisión intergeneracional en el contexto de un centro en pleno funcionamiento.

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