El reparto de habas en las Ermitas de Córdoba. Una tradición secular recuperada como fiesta popular
Este año se ha suspendido debido a la incierta meteorología
Reparto del puchero de habas o «sopa para pobres» por los ermitaños de Córdoba
Ha habido ermitaños en la sierra de Córdoba desde tiempos inmemoriales, con leyendas que sitúan a los primeros eremitas en el siglo III o IV, cuando se refugiaron en cuevas de Sierra Morena huyendo de las persecuciones romanas. Y también hay constancia de ello en el siglo XI, en esta ocasión huyendo de la persecución musulmana. Sin embargo, el conjunto monumental conocido como «Las Ermitas» o el Desierto de Nuestra Señora de Belén, donde residieron más de dos siglos y medio, fue construido oficialmente a partir de 1703, tras la concesión de tierras por el Ayuntamiento, albergando vida eremítica continua de sus moradores hasta 1957.
Primeras constituciones de la congregación de los Ermitaños de 1613
Y allí permanecieron ininterrumpidamente durante 254 años (salvo los nueve que duró la Desamortización de Mendizábal, de 1836 a 1845), y hasta dicho 1957, año en que la Congregación se extinguió por – entre otras causas – falta de vocaciones, uniéndose a la Orden de Carmelitas Descalzos a través de uno de los cinco ermitaños que quedaban, el Venerable Hermano Juan Vicente de la Madre de Dios, según apunta la Asociación de Amigos de Las Ermitas en su página web oficial.
Hoy, el Desierto de Nuestra Señora de Belén, restaurado por la Asociación de Amigos de las Ermitas, ha vuelto a recobrar las edificaciones a su estado originario para que las personas que lo deseen puedan practicar y vivir durante unos días de retiro el género de vida de los antiguos ermitaños en el marco de una naturaleza única, rodeados de ese silencio y soledad tanto en una ermita como en la hospedería que allí existe.
Ermitaños rezando ante Nuestra Señora de Belén
La Asociación Amigos de las Ermitas tiene como objeto promover el culto a la Virgen de Belén y al Sagrado Corazón de Jesús, preservar el patrimonio del eremitorio mediante la permanente conservación y restauración de este conjunto histórico y difundir el conocimiento de este santo lugar, declarado monumento con la categoría de Bien de Interés Cultural (BIC) por parte de la Junta de Andalucía.
Ermitas de Córdoba
Pero vamos al turrón. O mejor dicho, a las habas. Decía San Isidoro que las habas fueron las primeras semillas que comió el hombre y, por su parte, Plinio el Viejo describió la planta desde el punto de vista botánico y de su cultivo y recogió la creencia de que las habas contenían el alma de los difuntos. Por esa razón se empleaban en rituales y cultos funerarios.
Coincidiendo con el primer domingo tras el Domingo de Resurrección tiene lugar una misa en honor de Nuestra Señora de Belén y, a su término, tiene lugar la tradición denominada «el reparto de las habas» que rememora el acto misericordioso de compartir los ermitaños su guiso de habas si se acercaba por aquellos altos que dominaban Córdoba algún piconero, peregrino o menesteroso para aliviar el hambre, ya que siempre había un plato para dispuesto para ellos.
Reparto de comida a los pobres en las Ermitas
Desde 1983, la Asociación de Amigos de las Ermitas ha trabajado en la recuperación de las celdas y espacios circundantes y también en recuperar la tradición del reparto de habas, aunque en 2020 y 2021 no puedo tener lugar debido a la pandemia de Covid-19 y en 2022, las condiciones meteorológicas lo impidieron.
Degustación de habas de 2024
Como sucede en este 2026, que también ha visto suspendida esa tradición por la amenaza de lluvia, privando de nuevo a muchos cordobeses y cordobesas de degustar el guiso centenario con el escenario único de la sierra y de la ciudad de Córdoba a tiro de piedra y a los pies del Sagrado Corazón de Jesús, que desde 1929 imparte su bendición a la ciudad, habiéndose sobrepuesto en dos ocasiones al impacto de rayos que afectaron en su día gravemente al monumento, que desde hace años luce como un faro en lontananza sobre la capital cordobesa. Y si se sientan en el Sillón del Obispo, la vista será ya embriagadora para los sentidos.