Farmacia
Regreso al futuro en las farmacias de barrio de Córdoba: cómo la IA recupera al boticario de toda la vida
Investigadores de la universidad desarrollan un modelo de redes neuronales que analiza las variables que más afectan a la calidad de vida de los enfermos crónicos
Un paciente sale del médico y entra para pedir su medicación en una de las farmacias comunitarias de la localidad cordobesa de Espejo. Entonces se le ofrecía formar parte de un estudio realizado por la Universidad de Córdoba. Se analizarían a partir de ahí otras tres visitas a la farmacia para dilucidar cuáles son las variables más importantes que afectan a la calidad de vida de los enfermo crónicos. El propósito es crear un modelo basado en redes neuronales a partir de la Inteligencia Artificial, de modo que el conocimiento mucho más preciso de cada individuo permita una atención mucho más exhaustiva, específica y puntual por parte del farmacéutico. Al ser las farmacias un punto de control determinante para determinadas enfermedades, es decir, paradójicamente es la IA la que devuelve en cierto modo la atención del boticario antiguo. «Un programa de este tipo sería ideal al tener todo estructurado y bien definido pues, como toda acción planificada, permite ahorrar tiempo, que es justo lo que nos falta, porque obligaría a tener más personal», indica María Dolores Reyes, una de las farmacéuticas de Espejo implicadas. «Nosotros hacemos muchas cosas para los pacientes, desde detección precoz de diabetes a campañas contra el cáncer de piel, pero es cierto que incluso en un pueblo depende mucho de la voluntad, del empeño, por falta de tiempo».
Ante la complejidad cada vez mayor de la atención a los enfermos en ese primer punto de contacto que forman las farmacias, los protocolos, los sistemas informáticos y la concreción exigida, los farmacéuticos pueden recuperar su función más tradicional por la vía del progreso tecnológico. Los responsables de la investigación empezaban con un informe de autorreporte «para recoger las características sociodemográficas comunes, cómo se sentía en su día a día, si vivía con dolor, cómo se sentía de ocupado o si sentía estrés», señala la investigadora del Departamento de Enfermería, Farmacología y Fisioterapia de la Universidad de Córdoba María José Reyes. Se incluían a continuación los datos clínicos del paciente, «factor que no incorpora la farmacia comunitaria en estos momentos y es imprescindible». El proceso incorporaba también otro cuestionario conocido como EQ-5D-5Lm , que mide la calidad de vida en 5 dimensiones (movilidad, cuidado personal, actividades cotidianas, dolor/malestar, ansiedad/depresión) con 5 niveles de gravedad por dimensión. Permite describir hasta 3.125 posibles estados de salud mediante un código numérico.
Equipo multidisciplinar
Reyes y Vanesa Cantón junto con el investigador de Ingeniería Electrónica y de Computadores de la Universidad de Córdoba (UCO) y miembro del instituto de investigación DaSCI José Luis Ávila y la investigadora de la Universidad de Jaén, Mª Pilar Carrera.
Tras la extracción de todos esos datos en la primera visita, se analizaban otras tres más: a los tres, a los seis y a los nueve meses. «Con los datos extraídos en la primera visita, mi compañero, que es experto en inteligencia artificial, el profesor José Luis Ávila, ha desarrollado un modelo de red neuronal totalmente conectada que fue el que tuvo más fiabilidad, una vez desarrollado, utilizó para ese modelo las variables que nosotros íbamos obteniendo en la farmacia comunitaria», especifica María José.
Del dolor a las actividades diarias
Al final, entre más de 250 variables analizadas, el estudio concluyó que lo que más afectaba a la calidad de vida del paciente crónico eran cuestiones como sentir dolor o malestar, tener limitaciones en la movilidad, el uso de determinados tipos de fármacos (como los betabloqueantes en patología cardíaca), y los problemas de ansiedad y depresión, junto a las dificultades para desarrollar sus actividades diarias, «¿Esto en qué se traduce? Pues en que un paciente crónico con insuficiencia cardíaca puede tener controlada su patología, pero la calidad de vida que señala no es óptima porque siente dolor, ansiedad, problemas de movilidad... y esto repercute más que incluso la propia patología». A partir de aquí, la conclusión es clara para la investigadora: «la importancia que tiene para el paciente ese bienestar emocional y físico. A través de la farmacia comunitaria se puede ofrecer una atención más personalizada y es un medio idóneo para estar comunicado con el médico de atención primaria».
Todos estos factores, como concreta la María José Reyes, muestran que «el paciente puede tener incluso mayor nivel de confianza con ese farmacéutico de toda la vida que con el propio médico, y se puede sentir más abierto para indicar cómo se siente; desde la farmacia comunitaria perfectamente se podría dar una atención más personalizada y, si es necesario, dirigir a este paciente al profesional médico para individualizar más el tratamiento».
Lejos de deshumanizar la atención, la inteligencia artificial abre la puerta a una farmacia más cercana, capaz de anticiparse a las necesidades reales del paciente crónico. El estudio de la Universidad de Córdoba apunta así a un modelo en el que los datos no sustituyen al profesional, sino que refuerzan su criterio y su capacidad de escucha. En ese equilibrio entre tecnología y trato personal, la botica recupera parte de su papel histórico como espacio de seguimiento, confianza y cuidado cotidiano.