Maricarmen, Olga, Salvador y Gema
El camión rojo de Cáritas que lleva veinte años abriendo puertas en Córdoba
Solemccor, la empresa de inserción de Cáritas Córdoba, combina reciclaje, formación y acompañamiento para dar empleo a quienes el mercado laboral ha dejado atrás
Son las tres de la madrugada y Maricarmen Talavera conduce sola por las calles vacías de Córdoba. Va al volante de un camión de carga lateral recogiendo cartón. A veces se cruza con una patrulla, con una ambulancia, con algún guardia de seguridad. «Aunque pertenezcamos a otro gremio, es como si todos trabajáramos en equipo», dice. Tiene 48 años, un hijo de 19 y es la responsable del turno de noche de Solemccor, la empresa de inserción social de Cáritas Diocesana de Córdoba.
Gema Ariza llegó al mismo sitio desde otro camino. Un día, la monja de su parroquia en el Poligono del Guadalquivir le dijo que el jueves siguiente pasaría por allí una trabajadora de Cáritas. «Tráete el currículum». Gema llevaba años como charcutera y carnicera en una cadena de supermercados, se había quedado en paro y no buscaba trabajo con urgencia —cobraba su ayuda y con eso tiraba—, pero reconoce que no le gusta estar parada. Cuando le ofrecieron entrar en Solemccor, la primera reacción fue de sorpresa. La segunda, de alivio. «A mí me cambió la vida», dice. Cuando le confirmaron su contrato de seis meses, lloró emocionada.
Estas dos mujeres, junto a Olga García, jefa de operaciones, encarnan a su manera lo que Solemccor lleva dos décadas intentando demostrar: que trabajar en la recogida de residuos y el reciclaje puede ser el primer peldaño hacia una vida laboral estable para quienes el mercado laboral – y a veces la propia vida- ha dejado atrás.
Un proyecto que nació como servicio público
Solemccor arrancó en torno a 2006 como un servicio de apoyo y subcontratación dentro de Sadeco para la recogida de papel y cartón. Desde finales de los años 90 Cáritas ya venía trabajando con la empresa municipal. Veinte años después, su gerente Salvador García lo describe como «prácticamente la única empresa de inserción que hay en la ciudad y en la provincia», y un referente en Andalucía por tamaño, facturación y desempeño. Es, además, una sociedad limitada unipersonal con el cien por cien del capital de Cáritas Diocesana de Córdoba, lo que la obliga a competir en el mercado en igualdad de condiciones con cualquier empresa privada. «Competimos de tú a tú con cualquier empresa de la ciudad», dice García. «Y eso es una rara avis».
Salvador García
En ese tiempo la empresa probó con hostelería, servicios de limpieza y costura, y acabó especializándose en lo que García llama «lo que somos fuertes»: el reciclaje de papel, cartón y textil, la destrucción confidencial de documentos y las tiendas de ropa de segunda mano Moda re-. En 2025 superó los 9,8 millones de kilos de papel y cartón reciclados —la mayor cifra de su historia— y recogió más de un millón de kilos de ropa. Ese mismo año sensorizó el cien por cien de sus contenedores de textil para optimizar rutas y reducir emisiones.
Los números, sin embargo, no son lo que más importa a quienes trabajan allí.
Tres complejidades que ninguna empresa ordinaria tiene
«Solemccor tiene tres complejidades más que el resto para competir en el mercado laboral», explica Salvador García. La primera: cuando una persona está formada, tiene sus competencias adquiridas y es plenamente productiva, se va. Los contratos son de seis meses, renovables hasta un máximo de tres años, que es el tope que permite un itinerario de inserción sociolaboral. La segunda complejidad se deriva de la primera: no puedes llenarte de personal nuevo continuamente porque eso merma la capacidad productiva. Y la tercera: con esas dos restricciones, las cuentas tienen que cuadrar. «Tenemos que mantener unas cuentas saneadas y una viabilidad económica contando con los dos hándicaps anteriores».
Salvador García
El éxito, insiste García, no se mide en kilos reciclados. «Nuestro verdadero éxito es cuando una persona sale por la puerta y se incorpora al mercado laboral porque una empresa demanda perfiles como el suyo. Porque necesitan incorporar un chófer, un repartidor, un operario de almacén, un técnico en soldadura, una persona con carné de carretillero o una dependienta de tienda. Ese es el éxito de Solemccor: que le quiten a otros».
Para llegar a ese momento, Solemccor trabaja en paralelo en dos líneas que Olga García, jefa de operaciones, distingue con claridad: la productiva y la social. «En una empresa al uso los trabajadores se limitan a ser un recurso productivo, pero aquí, además, tenemos que acompañarlos en el día a día para que vayan adquiriendo capacidades» que les permitan acceder después al mercado ordinario. Eso implica conocer a cada persona, saber qué trae, qué puede aprender allí y hacia dónde quiere ir. Los perfiles son muy distintos entre sí. «Nos encontramos mucho con el problema del edadismo», señala Olga García. «Son personas muy válidas, con mucha experiencia, y nosotros intentamos darles ese empujón para que vuelvan a sentirse parte del mercado laboral». Junto a los coordinadores de producción, trabajan también educadoras y trabajadoras sociales que acompañan el proceso.
Olga García
Nuestro verdadero éxito es cuando una persona sale por la puerta y se incorpora al mercado laboral"
La ciudad de madrugada
Maricarmen llegó a Solemccor en 2019 tras años de trabajos precarios. Había criado sola a su hijo —limpiando casas, haciendo extras de camarera, aprovechando las visitas del padre al niño para poder alargar la jornada— y tenía claro que quería algo distinto. Llevaba ya el carné de camión y se preparaba unas oposiciones para Sadeco cuando alguien le habló de la empresa. El itinerario de inserción no fue largo en su caso: ya traía la formación. Lo que vino después fue el trabajo, las rutas, y con el tiempo la responsabilidad del turno de noche.
Maricarmen Talavera
Ese turno tiene sus dificultades —el horario invertido, ir sola por calles vacías— pero también una lógica propia. «Es como estar fuera de la rutina habitual de la ciudad, pero a la vez formando parte de ella». Hoy Maricarmen no solo conduce: coordina las rutas de su turno y forma a los compañeros. «La formación que tenemos es continua. Yo, a día de hoy, sigo formándome, aunque ahora tenga otro rol y otras funciones».
El currículum que cambió en una parroquia
Gema Ariza tiene 46 años, dos hijas y toda una vida laboral en supermercados. Cuando llegó a Solemccor no esperaba acabar conduciendo una furgoneta para recoger documentación confidencial en despachos de abogados y empresas. Tampoco esperaba que ese giro le gustara tanto. «Me gusta mucho el área de destrucción de documentos. Es un trabajo más tranquilo, más repetitivo, pero me gusta». Y le gusta aún más cuando le toca salir a hacer rutas. «Me encanta conducir. Me encanta ir de un punto a otro y recoger material».
Gema Ariza
La cantidad de ropa que ve pasar no deja de sorprenderla. «Los contenedores están a rebosar. Muchísima ropa. No damos abasto». Pero tienen un equipo, dice, y lo llevan bien.
Lo que más satisface
Olga García lleva tiempo viendo entrar y salir personas por las puertas de Solemccor. Lo que más la gratifica, dice, no es la producción ni los contratos. «Lo que más me satisface es ver cómo las personas vuelven a tener ilusión y empiezan a sentirse útiles. Sobre todo cuando se trata de personas que llegan después de haber tocado fondo. Que encuentren en Solemccor un aliado para volver a formar parte de la sociedad es algo muy gratificante».
Maricarmen, Olga, Salvador y Gema
En 2025 la empresa facilitó el acceso al mercado de trabajo a alrededor de cincuenta personas en situación de vulnerabilidad. Y tiene previsto seguir creciendo: además de la tienda Moda re- que ya opera en el centro de Córdoba, prepara la apertura de un segundo local en la avenida de Barcelona, y trabaja en nuevas líneas de negocio que requieran menor tecnificación y puedan acoger perfiles que hoy no encajan en el reciclaje de carga pesada. Detrás de cada servicio, de cada contenedor recogido y de cada documento destruido, hay un método que Salvador García resume en tres palabras: «Con cariño, con rigor y con acompañamiento».