Imagen de trabajadora estresada
Riesgos psicosociales: las consecuencias del estrés, precariedad y sobrecarga en los trabajadores de Córdoba
El fenómeno impacta de lleno en los menores de 35 años y dibuja el mapa de la «pobreza laboriosa», donde el trabajo deja de garantizar una vida digna tras pagar la vivienda
La Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo señalaba en un estudio reciente que el 28% de la población trabajadora europea padecía de riesgos psicosociales en el trabajo y un 52% de ellos poner de relieve que la carga y ritmos de trabajo es la causa de semejante malestar. «Los factores de la organización del trabajo, tradicionalmente invisibilizados, son los grandes responsables de los riesgos psicosociales», explica el director del Laboratorio-Observatorio de Riesgos Psicosociales de la Junta de Andalucía (Larpsico), Cristóbal Navarrete.
Recientemente, la Delegación de Empleo, Empresa y Trabajo Autónomo y de Inteligencia Artificial, Desarrollo Digital y Administración Pública de la Junta de Andalucía ha celebrado en el Centro de Prevención de Riesgos Laborales de Córdoba una jornada técnica sobre prevención de riesgos psicosociales titulada 'Compromiso por la salud mental en el trabajo'. La iniciativa reunió a profesionales de la prevención, representantes empresariales, técnicos y especialistas para analizar los principales desafíos que plantean los riesgos psicosociales en los entornos laborales actuales, así como las herramientas disponibles para su detección, evaluación y gestión. A partir de ella, este periódico ha querido profundizar en dicho asunto. «Según observamos en el Laboratorio de Riesgos Psicosociales está creciendo muchísimo la sobrecarga de trabajo, es decir, no hay una relación adecuada entre el número de trabajadores y la carga que tienen, unido a los ritmos de trabajo que, en muchas ocasiones, se relacionan con los sistemas automatizados», indica Navarrete. «Me refiero fundamentalmente a la idea de hiperconectividad, ya que se confunde posibilidad de conexión con disponibilidad, si yo te tengo a ti localizado las 24 horas, existe la tentación enorme a que te tenga disponible todas esas horas, y eso no puede ser»
El secretario de Salud Laboral del sindicato CCOO en Córdoba, Aurelio Martín, añade los anteriores factores otros como el trabajo por turnos y el desempeño de trabajos de categoría superior «que ni se pagan ni se reconocen», además de la necesidad de poner en marcha protocolos eficaces de acoso y acoso sexual. Por su parte, Antonio Arroyo, del área jurídico laboral de la Confederación de Empresarios, suma algunos más a todos los mencionados. Entre ellos «la presión derivada del cumplimiento de objetivos, las dificultades para conciliar la vida personal y profesional o los conflictos interpersonales».
Los principales motivos de baja laboral en España son por cuestiones músculo-esqueléticas y la que nos ocupa en este caso, salud mental. «Y la mayor parte de esas bajas por salud mental son de menores de 35 años», especifica Navarrete. Por su parte Aurelio Martín añade que según el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (Istas) de CCOO, «el 70% de las personas trabajadoras sufren algún tipo de riesgo psicosocial en el trabajo». Antonio Arroyo, de CECO, recuerda que «según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, las bajas por síntomas emocionales aumentaron cerca de un 490 % entre 2018 y 2024, además, los trastornos mentales se han situado entre las principales causas de incapacidad temporal en España».
Además de los factores de organización, que pueden tener soluciones más directas, la precariedad laboral -bajos sueldos, alto precio de la vivienda- también influyen en situaciones de estrés o depresión, puesto que el trabajo -ya sobrecargado- deja de ser un medio de ganarse la vida para pasar a ser un elemento de mera subsistencia: «Tenemos un tercio ya de pobreza laboriosa, es decir, de personas que trabajan pero son pobres en cuanto pagan el alquiler o la hipoteca». En este sentido, Aurelio Martín, señala que «decirse a uno mismo soy un trabajador pobre es una de las causas que más estrés y ansiedad genera: en Andalucía, más de 770.000 personas trabajadoras se adentran en el umbral de la pobreza tras pagar el alquiler o la hipoteca». En este punto, Antonio Arroyo concluye: «Estamos ante un fenómeno complejo que no tiene una única causa. En la salud mental pueden influir circunstancias personales, familiares, sociales y laborales, y es importante distinguirlas sin simplificar el problema ni atribuir responsabilidades de manera generalizada».
En cuanto a sectores, los riesgos psicosociales, por su naturaleza, pueden aparecer en multitud de trabajos, estando muy presentes en el sector de la salud, servicios, atención al público, enseñanza, cuerpos de seguridad, transporte o agricultura, campo este último que por su deriva está in crescendo en este aspecto incluso con un relativamente alto número de suicidios.
Reglamentos, normas y medidas
Las normas sobre riesgos laborales son pródigas en reglamentos muy concretos, y especialmente exhaustivos en ocasiones, sobre múltiples materias, como ruido, exposición a contaminantes o agentes químicos «pero no tenemos reglamentados los factores psicosociales, como mucho tenemos un criterio técnico de la inspección o una nota técnica del instituto, cosas que las empresas no aplican, pero nos falta una verdadera norma reglamentaria: Suecia, Dinamarca o Bélgica sí que lo tienen», especifica el director de Larspico. Esa norma debería «delimitar los factores de riesgo y ordenarlos por prioridad, precisar los instrumentos y, por último, precisar las condiciones laborales», añade el director del Laboratorio-Observatorio de Riesgos Psicosociales, quien aboga por dicho reglamento nuevo y más claro.
Por parte de CCOO, Aurelio Martín, cree que habría suficiente si las empresas cumplieran con las obligatorias evaluaciones psicosociales, que se encuentran dentro de la propioa Ley de Riesgos Laborales. «Nos encontramos con que muchísimas empresas no tienen la evaluación de riesgos psicosociales, ya que la están sustituyendo por una encuesta de clima laboral». Para Martín «a las empresas les cuesta mucho entrar en el asunto de la organización del trabajo, ya que en cierto modo se trata de democratizar el trabajo y que la persona trabajadora participe de dicha organización al ser precisamente la conocedora».
Antonio Arroyo, de CECO, está de acuerdo en que «las empresas ya tienen obligaciones en materia de prevención de riesgos laborales, y esa prevención debe incluir los factores psicosociales, el reto consiste en conseguir que estas obligaciones se traduzcan en actuaciones concretas y eficaces, teniendo en cuenta las características y los recursos de cada organización: cualquier nueva regulación debería elaborarse esa prevención debe incluir los factores psicosociales, el reto consiste en conseguir que estas obligaciones se traduzcan en actuaciones concretas y eficaces, teniendo en cuenta las características y los recursos de cada organización: cualquier nueva regulación debería elaborarse mediante el diálogo social, con participación de la organizaciones empresariales y sindicales y con criterios técnicos claros.
Arroyo también hace mención al asunto de las bajas laborales, que considera un derecho para el que necesita realmente protección pero acerca del que hay que vigilar su uso indebido: «Es imprescindible mejorar la capacidad de respuesta del sistema sanitario, reducir las demoras en la atención especializada y revisar los mecanismos de seguimiento y control de las bajas, siempre con garantías para las personas trabajadoras».
La crisis de los riesgos psicosociales y las bajas por salud mental en el entorno laboral —impulsada por la sobrecarga, la hiperconectividad y la precariedad económica— exige trascender la simple prevención técnica. Expertos, sindicatos y empresarios coinciden en que el fenómeno requiere un abordaje complejo que combine tanto la mejora de la organización del trabajo como el diálogo social. Sin embargo, persisten discrepancias esenciales sobre las vías de solución, divididas entre la necesidad de crear una normativa legal específica reclamada por los observatorios y el cumplimiento estricto de las obligaciones actuales exigido por las patronales. En definitiva, frenar esta problema que afecta especialmente a los jóvenes demanda un compromiso institucional firme y herramientas eficaces para proteger la salud en el trabajo.