Una de las escaleras de las zonas comunes
Okupación Madrid
Vecinos atemorizados al tener que convivir con okupas violentos: el edificio del Barrio de Salamanca desde dentro
El infierno de vivir como propietario o inquilino en un bloque donde prevalece la ley del más fuerte. Los okupas amenazan y amedrentan para mantener el control del edificio a costa del miedo infundido a los vecinos.
La Guindalera es un distrito tranquilo, relativamente cerca de la Plaza de Toros de las Ventas y en pleno Barrio Salamanca. Las comodidades que ofrece por su excelente ubicación hacen que la zona sea un reclamo en la ciudad. La calle Azcona es completamente tranquila, y atractiva para vivir ahí. Claro, lo que no te imaginas es que mudarte a esa calle va a ser sinónimo de vivir un auténtico infierno.
Precisamente en eso, en un infierno, se ha convertido la vida de los vecinos de los cinco pisos que viven en un edificio de esta calle que lleva okupado desde el año 2010. De los 16 pisos que hay en este bloque, 11 están okupados por personas violentas que se dedican a intimidar a los vecinos que pagan. La ley del más fuerte se ha instaurado en el edificio.
Los vecinos tienen dos opciones: enfrentarse a ellos o pasar desapercibidos para tratar de esquivar los posibles enfrentamientos con los okupas. Y, ahí, cada persona lo afronta como puede.
Los bajos del edificio se encuentran completamente desnudos, luciendo el ladrillo. Cuentan que quitaron el revestimiento porque «solían aparecer pintadas en las baldosas insultando a la mujer que vivía en el bajo y que pagaba religiosamente». Aunque llama la atención el número de pegatinas de alarmas que están en la fachada y que se pueden ver con facilidad desde la calle.
Al subir por las escaleras del portal, los telefonillos están arrancados de la fachada. Tan solo quedan los botones de algunos de ellos, pero parece que no funcionan. Dentro, los buzones también están rotos. Tampoco hay luz en los pasillos, al dar al interruptor las bombillas no se encienden. Las escaleras descuidadas, se puede ver cómo han arrancado una parte de la pared tapada con pintura, y algunas partes de las zonas comunes completamente descuidadas.
«Tengo miedo a que me agredan»
Al cabo de un rato por las inmediaciones del edificio, uno de los okupas amenaza con tirarnos huevos. Pero no nos disipa y continuamos a la espera de hablar con alguno de los propietarios que sí que pagan.
Al rato una chica joven sale del edificio y nos cuenta que vive en uno de los pisos con su novio. La propietaria es la madre de él, pero les permite vivir ahí a la pareja. Asegura que «la situación no es fácil, ni agradable», pero con cierta resignación afirma: «es lo que hay».
Las peleas y trifulcas entre los okupas suelen ser algo habitual, pero la máxima fue cuando «el otro día cortaron el suministro de luz en el edificio». Apareció la policía y el aparatoso despliegue llamó la atención del resto de vecinos de otros bloques.
«Bajé a hablar con la policía y al día siguiente me encontré mi felpudo en la basura a modo de represalia por haber hablado con ellos», relata esta chica de no más de veinte años. El problema está en que los okupas han pasado a tomar el control del edificio y a través de la coacción y la fuerza tratan de amedrentar a los vecinos legales que se ven obligados a convivir con ellos: «Trato de pasar el menor tiempo en mi casa cada día».
Agresiones físicas contra los vecinos
Vivir con miedo es un sinvivir y más cuando te tienes que cruzar cada día por las escaleras de tu casa con gente violenta que cree que vive al margen de la ley y que usa la fuerza como una herramienta de coacción.
Esta situación no es nueva, los okupas llevan más de 15 años en el edificio porque «una mafia es la que va gestionando los pisos y en cuanto que uno se vacía, meten a gente nueva», aseguran.
Pero, en los pisos legales también hay rotación de inquilinos. Una de estas inquilinas vive un auténtico calvario cada día, pero no puede irse a otro piso porque «apenas hay alquileres en Madrid que pueda pagar, piden tres nóminas y muchos requisitos que son imposibles», lamenta. Ahora lo único que podría pagar sería en otra localidad cercana a Madrid, pero no en la capital y eso conlleva «más de una hora de transporte público y estar muy lejos del trabajo». Por eso, aguanta y aguanta con esta presión y conviviendo con el miedo cada día.
«Agredieron en el ascensor a una vecina, entró una okupa y empezó a pegarle hasta llegar a fisurarle la nariz», relata. Una agresión que fue denunciada a la policía y que se encuentra en proceso judicial. Fue ahí, en comisaría, donde les contaron que la okupa «ya tenía causas pendientes con la justicia». Sin embargo, lamentan que «después de denunciar, se la llevan presa y luego vuelta a convivir con ellos en el edificio cada día». Algo que aumenta la sensación de inseguridad de los que viven de forma legal porque luego vienen las amenazas del resto de okupas: «Están siempre comunicados, se cuentan todo y se unen entre ellos».
Sensación de abandono después de 15 años con okupas
Lo que se percibe entre los vecinos es una sensación de desamparo. Que las autoridades no hayan echado a estos okupas en 15 años no resulta un panorama nada halagüeño para los vecinos.
En 2020 la propiedad la asumió la Sareb y, claro, no hay presión por parte de nadie para desalojar los pisos okupados porque no hay propietarios al uso detrás de estos inmuebles.
Por eso, la indignación de los vecinos legales es enorme y tratan de «impedir que cuando se vacía un piso lo vuelvan a ocupar, pero es muy difícil porque hay una mafia detrás de los okupas que vuelven a meter a gente antes de que se pueda actuar».