Reportaje Centro Carmen Sacristán

Reportaje Centro Carmen Sacristán

Sanidad

El centro que acoge a sintechos con enfermedades críticas: «Para mí esto está siendo una bendición»

Se encargan de asegurar una vivienda para que los pacientes puedan recibir tratamiento médico

El Centro Carmen Sacristán, gestionado por la Comunidad de Madrid, lleva 12 años acogiendo a personas «sin techo» en una situación de convalecencia hasta que se recuperan o pueden volver a vivir de manera autónoma.

Todo el proyecto parte de la fundación Rais, que se encarga del centro Carmen Sacristán, como programa de atención y asistencia a personas sin hogar en situación de convalecencia. Ahora es parte de la cartera de servicios de la Comunidad de Madrid, aún gestionado por Hogar sí, fundación creada para ayudar a personas en situación de sinhogarismo.

La coordinadora del programa, Victoria Cantos, cuenta que en 2009, cuando la fundación Hogar Sí –que ya colaboraba para intentar erradicar el sinhogarismo– se dio cuenta que había muchas personas con un cuadro oncológico o en situación paliativa que no podían recibir un tratamiento sanitario, ya que no tenían un hogar en el que recibir esa atención sanitaria.

Después de darse cuenta de está situación, Hogar Sí abrió el Centro Carmen Sacristán, dedicado específicamente a ayudar a personas sin hogar en situación de convalecencia. Primero se abrió con 10 plazas en el 2011, 2013 se amplía a 14 plazas, 2014 pasa a ser de 18 plazas, y en 2015 «la Comunidad de Madrid entiende que la necesidad está clara y que la apuesta técnica y administrativa es viable» explica Victoria. Así, la Comunidad de Madrid decidió subvencionar el servicio para que formará parte de su cartera de servicios.

Victoria Cantos, coordinadora del Centro Carmen Sacristán

Victoria Cantos, coordinadora del Centro Carmen Sacristán

Cuando la Comunidad pasó a subvencionar el servicio que pasó de 18 a 40 plazas, estas empezaron siendo solo para personas sin hogar convalecientes o con una enfermedad crónica. Ya en 2021, se amplió a 60 plazas a la vez que se incorporó un perfil de personas con tratamientos paliativos.

El acceso de los pacientes se produce cuando un trabajador social detecta que hay una persona ingresada que va a recibir el alta de un hospital, y al no tener hogar se va a quedar en la calle. Es entonces cuando desde el hospital mandan una solicitud al centro para que pueda pasar a su disposición.

«Una vez que el centro recibe el informe, se realiza una entrevista al paciente, se considera su situación y se decide como de urgente es su ingreso en el centro. Actualmente tienen una lista de espera de alrededor de 15 personas, y se sitúan en función de un «baremo de puntuación de vulnerabilidad».

Edificio del Centro

Edificio del Centro

Funcionamiento del centro

Una vez se ha aceptado su ingreso en el centro, el paciente es libre de aceptarlo. El funcionamiento del centro se basa en «viviendas autónomas, pero conectadas con una parte profesional activa 24 horas al día 365 días al año», así hay un equipo de 40 sanitarios que se encargan de mantenerse alerta y cuidar de las personas del centro.

«Los tratamientos clínicos no se realizan en el centro debido a que no es un hospital, de ahí que esto funcione únicamente como una vivienda donde el enfermo puede recibir ayuda sanitaria mientras recibe los tratamientos necesarios en su centro de salud habitual», explica la coordinadora del centro.

Además de ello, reciben ayuda psicológica. Todos tienen acceso a un psicólogo que les ayude a sobrellevar su compleja situación.

Entrada del Centro Carmen Sacristán

Entrada del Centro Carmen Sacristán

Testimonios personales

El Debate pudo hablar con alguna de estas personas. Manuel es un hombre de 55 años, trabajaba en el sector hostelero cuando le tuvieron que amputar una parte del pie derecho e izquierdo por culpa de su enfermedad. Con está situación no pudo seguir trabajando y acabó viviendo en un almacén de un amigo suyo.

Sin embargo, después de un tiempo la situación se volvió insostenible y tuvo que ingresar en un hospital. Al salir no tenía ningún lugar en el que quedarse, ahí es cuando pudo ingresar en el centro gracias a la fundación Hogar Sí.

Ahora Manuel señala que se siente «más simpático, más agradable», está muy contento con el trato que le han dado y está muy contento de que siempre «hay alguien que se preocupa por tí».

Eudalis paciente del centro

Eudalis paciente del centro

Por su parte, Eudalis es una chica de 23 años que tiene una metástasis ósea con un pronóstico muy desfavorable. Tenía una vida normal en Venezuela donde tenía dos hijas y un trabajo. Sin embargo, por la situación del país no tenía acceso a material sanitario o tratamiento, por lo que decidió probar suerte y venir a España a recibir asistencia y poder sobrellevar su enfermedad.

Al llegar a Madrid no tenía una residencia por lo que no podía recibir ayuda. Consiguió ingresar en el centro de ayuda y se encuentra en tratamiento.

Eudalis al igual que Manuel está muy contenta con el servicio. «Para mí esto está siendo una bendición… toda la gente, pacientes y sanitarios son como mi familia y me están cuidando mucho» y ha resaltado la importancia de que lleva «una vida normal».

Robert recibiendo ayuda sanitaria

Robert recibiendo ayuda sanitaria

Robert de 38 años era autónomo y tenía un restaurante cuando le detectaron un tumor maligno en el colón. Necesitaba quimioterapia y reposo total, por lo que tuvo que dejar de trabajar, perdió su negocio, y con ello su única fuente de ingresos. Además, se le sumó su casa y cuando le dieron el alta en el hospital se encontró sin hogar, sin trabajo y sin un lugar donde quedarse. Gracias a la ayuda de un asistente social pudo ingresar en el centro.

Ahora Robert está mucho mejor, lo que más agradece «es la tranquilidad, recibir quimioterapia mientras estás en la calle es muy desagradable, no tenía acceso ni tan solo a un ibuprofeno» y es que en realidad Robert tuvo que mentir para poder tener la quimioterapia, falseando un domicilio para poder ser tratado. Ahora Robert se centra en recuperar la salud.

Estancia temporal

Victoria asegura «la estancia en el centro es temporal», todos deben saber que están ahí para arreglar su situación con la ayuda de profesionales. Puede que consigan salir del paso y volver a trabajar o tener liquidez para subsistir sin residir en el centro, como el caso de Jesús, uno de los casos de éxito del centro, que según nos contó Victoria consiguió recuperar su vida y ahora vive por su cuenta y solo se acerca al centro para saludar en Navidad.

Por desgracia el éxito no es el caso de todo el mundo, muchas de las personas ingresadas en este centro acaban por perder la batalla contra su enfermedad, y es por ello que el centro también prevé esta posibilidad. Para aquellos que entran con cuidados paliativos hay un servicio de ayuda psicológica, además de talleres con el resto de integrantes para hacer que sus últimos meses de vida sean una experiencia agradable y positiva.

Zonas de descanso para los trabajadores del centro

Zonas de descanso para los trabajadores del centro

Además de eso, en la fase agónica se le da la posibilidad de elegir donde quiere pasar esos últimos momentos de vida, así puede elegir si quiere pasarlos en el centro, en un hospital o en cualquier lugar que esté habilitado para recibir el tratamiento adecuado.

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