Pancarta desplegada por Greenpeace en Sol

Pancarta desplegada por Greenpeace en SolGreenpeace

Madrid

Greenpeace descuelga una gran lona con el lema «No a la guerra» en la Puerta del Sol

Los activistas ecologistas han repetido el lema del Gobierno de Pedro Sánchez contra las acciones de Estados Unidos e Israel en Irán

La organización ecologista Greenpeace ha desplegado una gran pancarta en la Puerta del Sol con el lema «No a la guerra». Han presumido de ello en redes sociales con un vídeo en el que cinco activistas se descuelgan de la fachada de la Casa Cordero, junto al Palacio de Correos.

Greenpeace ha acometido acciones similares aprovechando otros momentos de debate público para colocar sus mensajes. En general estas pancartas han tenido un carácter ecologista, como la polémica pancarta sobre el cambio climático en plena crisis de la DANA.

En este caso la entidad ha decidido entrar en la política internacional, repitiendo el lema que quiere rescatar el Gobierno de Pedro Sánchez en el contexto del ataque de EE.UU. e Israel a Irán. Este eslogan lo popularizó originalmente en 2003 José Luis Rodríguez-Zapatero, durante la guerra de Irak.

Los activistas dicen que quieren enviar un mensaje a los dirigentes mundiales de que «las guerras nunca son la solución ». Greenpeace ha denunciado que «los bombardeos y ataques con misiles han provocado miles de víctimas civiles, entre ellas, personas muertas, heridas y desplazadas, y han alcanzado escuelas, hospitales, viviendas e infraestructuras civiles».

La organización ha querido mostrar que se opone «firmemente» a la guerra y a la solución militar de los conflictos en cualquier parte del mundo. «Las bombas, los ataques militares y las invasiones nunca traen paz: desestabilizan regiones enteras, multiplican el sufrimiento, cuestan la vida de civiles inocentes y destruyen el planeta», ha declarado Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace en España.

En su opinión, «pensar que más bombas traerán la estabilidad o los derechos que han sido negados al pueblo iraní durante décadas es, sencillamente, ignorar las lecciones de la historia reciente».

Saldaña considera que «los Gobiernos y líderes del mundo tienen el deber moral de oponerse a este atropello contra el derecho internacional, la paz y la estabilidad del mundo como lo conocemos».

Llevándolo al terreno ecologista, ha añadido que «las guerras no solo atentan contra la vida, también dejan profundas cicatrices en el planeta», y que con la destrucción «aceleran la crisis climática y desvían una ingente cantidad de recursos».

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