Espadas de la Escuela de Esgrima Histórica de Madrid

Espadas de la Escuela de Esgrima Histórica de MadridMaría del Casar

Madrid

La Escuela de Esgrima Histórica donde los madrileños se enfrentan con espadas desde hace 25 años

Este arte marcial consiste en la lucha con espadas y las técnicas correspondientes a distintos periodos históricos, durante el S.XVI y, en especial, el S.XVII

«Espada tengo, lo demás Dios lo remedie», dictan las palabras de Miguel de Cervantes, dispuestas como recibimiento a todo aquel que entra a la Escuela de Esgrima Histórica de Madrid. La lucha con la espada lleva como significado un arte noble, practicado durante siglos como defensa, entretenimiento y, en ocasiones, como restauración del honor. La Escuela de Esgrima Histórica (EHM), a tan solo unos pasos de Plaza de Castilla, se encarga de mantener viva esta técnica ancestral de la mano de maestros expertos. Su fundador, Alberto Bomprezzi, fue el primero en traer la esgrima histórica a nuestro país.

Este arte marcial consiste en la lucha con espadas y las técnicas correspondientes a distintos periodos históricos, durante el S.XVI y, en especial, el S.XVII.

Bomprezzi fundó la Escuela tras una larga trayectoria en el mundo de la esgrima. Esta modalidad, que resurgió en Estados Unidos, llegó a Europa y Bomprezzi se desplazó a Milán para conocerla de primera mano. Allí, pudo aprender la técnica de los grupos emergentes de Esgrima Histórica.

En su regreso a España, montó un grupo inicial que no paró de crecer. Con ello, desde Valencia, Barcelona y Sevilla aparecieron nuevos interesados por esta actividad emergente. Y fue así como en 2001, Bomprezzi fundó la Escuela de Esgrima Histórica, que a día de hoy cuenta con 8 profesores y alrededor de cien alumnos en la Comunidad de Madrid.

Alberto Bomprezzi en la Escuela de Esgrima Histórica de Madrid

Alberto Bomprezzi en la Escuela de Esgrima Histórica de MadridGabriela Campos y María del Casar

En los perfiles de alumnos y profesores, las diferencias son notables. Por su parte, Bomprezzi viene del mundo de la esgrima, de lo profesional, pero los alumnos de la escuela no necesitan necesariamente contar con una amplia trayectoria en ningún arte marcial, como él. Sus alumnos son personas que, atraídas por la historia y la cultura, deciden practicar este deporte. «La finalidad no es la competición deportiva, sino aprender», afirma Bomprezzi.

Si nos adentramos un poco en lo que son los orígenes de esta disciplina, notamos que la esgrima es un arte lúdico; una diversión que, históricamente, ha practicado la clase media. Tras su evolución, sufrió un punto de inflexión: el paso de la esgrima «vulgar» a la de destreza. Esta modalidad «vulgar» se transformó según el cambio en la estructura social. La nobleza rehusó ir a la guerra y el pueblo tomó su lugar en el campo de batalla.

Para evitar que la esgrima quedara desplazada, Luis Pacheco de Narváez, ilustre noble y militar del S.XVII, redactó una serie de tratados con el fin de elevar este arte a la altura de la «intelectualidad» de las clases nobles. Su teoría se fundó en el denominado sistema de destreza, basado en la geometría descriptiva aplicada al arte de la espada. La idea era incluir la esgrima en la educación del gentil hombre junto con la equitación y la danza. Estos tratados abandonaron la violencia de la práctica y evolucionaron hacia la complejidad teórica. La Iglesia era la encargada de aprobar los «libros de la ciencia de las armas», recelosa de una lucha que la mayoría de veces acababa en la muerte.

Dado que las armas se adaptaban a las necesidades de la época, la Escuela trabaja con numerosos tipos de espada. La espada ropera, ligera, esgrimida a una mano, se llevaba como accesorio de moda y era el complemento perfecto para batirse en duelo a muerte por una cuestión de honra. A medida que la sociedad se hizo más urbana, el broquel, con el que se acompañaba el combate, desapareció y la hoja de la espada se alargó. Así, las empuñaduras con forma de «concha» surgieron ante la necesidad de protegerse la mano. Este modelo evolucionó al sable o espada de duelo, precursor de la espada deportiva. Así, también, nace la necesidad de las caretas a la vez que se empieza a apuntar al rostro, como nueva forma de ataque al rival.

Entrenamientos de la Escuela de Esgrima Histórica de Madrid

Entrenamientos de la Escuela de Esgrima Histórica de MadridGabriela Campos y María del Casar

Para reconstruir esta disciplina, además de los tratados, la escuela emplea la literatura, con novelas como referencia, para entender el contexto social de cada época. Así como para comprender las circunstancias en las que la sociedad española se batía en combate. Primero, por supervivencia y, luego, por afición. Ya que se vuelve complejo entender los tratados sin estas referencias, tal y como explicaba Bomprezzi, existen algunas novelas costumbristas en España que dan información sobre cómo era la actividad antes de que llegara la destreza.

Asimismo, sus réplicas, antes fabricadas en Italia o República Checa; y que ahora se hacen en Toledo, han definido su rigurosidad y compromiso como escuela. Estas espadas son ejemplares similares a los históricos que descansan en museos. Este laborioso proceso consta de una primera parte de perfeccionamiento del diseño y una posterior producción de ejemplares.

En la Escuela de Esgrima Histórica, se practica por ese gran interés por el pasado, que no solo se comparte entre el grupo de alumnos, sino entre escuelas a lo largo del país. «El primer encuentro fue en 2006, hicimos muchos pero ahora ya no hay tantos…cada grupo hace los suyos» comenta Bomprezzi. A pesar de que los encuentros sean oportunidades de aprendizaje, la falta de cohesión en el sector complica con frecuencia las competiciones y convivencias que se organizan: «Barcelona quiere tener sus propios encuentros, también Valencia. No hay una coordinación nacional. Y por eso cada vez menos gente puede ir », argumenta.

Frente a los que hoy consideran la Esgrima histórica un arte caduco, cabe recordar estas palabras. «La espada te pone la Historia en la mano, te llena de preguntas», concluye Bomprezzi. El arma original aporta información de los duelos y las sensaciones, elementos intangibles que hacen de la esgrima una disciplina viva y permanente en el transcurso de la historia.

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