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La exjefa de ETA María Soledad Iparragirre, alias 'Anboto'EFE

Los motivos de la sanguinaria etarra Anboto para pedir la semilibertad: «Es muy difícil escribir a mano»

Soledad Iparraguirre fue trasladada a España en 2019, tras ser condenada a 20 años de cárcel en Francia en el año 2010

María Soledad Iparraguirre, alias Anboto, jefa militar de ETA durante una década, a la que se le imputan más de una docena de asesinatos que conllevaban, en principio, más de 600 años de cárcel, puede, desde este lunes, salir de prisión disfrutando de un régimen de semilibertad.

Su caso no ha sido el primero –ni será el último– en el que el Gobierno vasco se ampara en el artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario para flexibilizar las condenas a etarras, el mismo método que se aplicó hace apenas unas semanas con Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, exjefe militar de la banda terrorista, que ahora también puede salir de prisión de lunes a viernes con la condición de regresar para dormir.

Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) y hermana del asesinado Gregorio Ordóñez –un crimen por el que investigan a Anboto–, ha calificado como «escandaloso» que Iparraguirre haya accedido a un régimen de semilibertad pese a haber estado muy poco tiempo en prisión en España. «Está claro que estamos ante una etarra VIP para la izquierda abertzale, y precisamente por eso se está forzando una vía excepcional para facilitar su salida de prisión», denuncian desde Covite.

Detenida en la ciudad francesa de Pau en 2004 junto a Mikel Antza, su compañero sentimental y cerebro de ETA, Soledad Iparraguirre fue condenada, en el país galo, a 20 años de cárcel en el 2010. No sería hasta 2019 cuando sería entregada a España. Desde entonces, en estos últimos años, Anboto no ha parado de presentar «agravios» sobre su situación penitenciaria, con quejas cada una más rimbombante.

«En la celda no puedo tener más de tres libros», lamentó ante un tribunal en 2020, cuando también aprovechó para quejarse de que «para mí ha sido muy difícil acostumbrarme a escribir a mano otra vez, porque yo tenía mi ordenador en la celda en Francia». «Estoy en primer grado, no tengo absolutamente nada», lamentó entonces.

Durante los años siguientes, Anboto también recriminó que, mientras en Francia se le dio formación como panadera, peluquera o jardinera, además de apuntarse a la Universidad, en España no se le permitía hacer nada y estaba en una situación de soledad agravada por la pandemia. La exjefa de ETA también consideraba «muy escasos» los locutorios de 40 minutos con quienes le iban a visitar a prisión.

Como resultado de estas protestas, Iparraguirre ha ido mejorando su situación penitenciaria en los últimos años hasta conseguir un régimen de semilibertad, una figura intermedia entre el segundo y tercer grado que, en principio, se aplica a reclusos cuando su cumplimiento de condenas está muy avanzado, algo que dista mucho de ser el caso de Anboto, a quien le quedaban siglos y siglos entre rejas.

Una tropelía, esta última, que se está haciendo cada vez más habitual en los últimos tiempos y que se encamina hacia la exigencia de ETA de vaciar las cárceles. Ante esto, la vicesecretaria de Regeneración Institucional del PP, Cuca Gamarra, ha anunciado la presentación de una proposición en el Congreso para modificar la legislación sobre beneficios carcelarios. Pero puede que llegue tarde. Tras Anboto, muchos sitúan como siguiente beneficiado del régimen de semilibertad a Francisco Javier García Gaztelu, alias Txapote.