Meryl Streep y Anne Hathaway en El Diablo viste de Prada 2
El demonio se cuela en el armario de las protagonistas del 'Diablo viste de Prada 2'
La nueva estilista Molly Rogers no parece acertar con sus propuestas en la nueva película
Molly Rogers es la estilista que escoge los atuendos para El Diablo viste de Prada 2, la secuela de la famosa película. Rogers, antiguamente la ayudante y protegida de la gran estilista Patricia Field, autora del guardarropa de la primera película y de la serie Sexo en Nueva York, protagonizada por Sarah Jessica Parker, se ha quedado con el puesto de su jefa. Pero los resultados no son muy halagüeños. Veamos.
La gran Patricia Field ha desaparecido del proyecto El Diablo de Prada 2; bien por negociaciones rotas, por edad o porque han juzgado que deberían actualizar equipos. Craso error. Han vuelto a meter la pata confiando en su ayudante, Molly Rogers. Y es que no todos somos sustituibles. ¿Quién no ha oído a una secretaria contar que es ella la que hace el trabajo de su jefa, cuando en realidad pasa los mensajes y no decide nada? ¿Cuántas veces se demuestra que las cabezas experimentadas - como la de Anna Wintour, por ejemplo - siguen sin fallar? ¿Cómo es posible no darse cuenta de que hay gente con varita mágica que es mejor no liquidar en un proyecto que funciona?
Pues los productores de El Diablo viste de Prada 2 han pensado que Molly Rogers, la ayudante de Patrizia Field, sería suficiente: pero una película emblemática en el mundo de la moda no debe cometer errores de esta talla. Y las cosas no han resultado. Ya se encargó, sin éxito, Molly Rogers del vestuario de la película Sexo en Nueva York 2. En la serie inicial, Cartier, Miranda, Charlotte y Samantha iban vestidas con atuendos magníficos que Patrizia Field encontraba con su ayudante incluso en mercadillos de fin de semana. No descansaban ni un día para encontrar esas joyas perdidas resultonas que pudiesen sentar cátedra en la moda.
Patrizia Field seleccionaba piezas únicas, utilizaba los bolsos de Roger Vivier - cuando ninguna otra marca les prestaba nada - y combinaba todo con genialidad. En la primera versión de la película, And Just Like That, (Sexo en Nueva York 1) fue el invento otro gran éxito. Pero cuando llegó la versión 2 de la película, fue Molly Rogers la responsable de los atuendos: todo cayó, con vestidos exagerados, horteras y poco afortunados. Cosas de la vida. Cosas de la moda.
Ahora que Molly Rogers se ha encargado del vestuario de El Diablo viste de Prada 2, ha ocurrido lo mismo. En la serie original, cuando Rogers había empezado a ayudar a Patrizia Field en el departamento de vestuario, ella recuerda con admiración cómo Field vestía a cada protagonista: «Cada una tenía su propio estilo y había una hoja de ruta muy marcada a lo largo de los años».
Pero Molly Rogers, sin su jefa, ha caído en la obviedad e incluso en la vulgaridad: eligiendo piezas de Chanel de 50.0000 euros o vestidos de Dries van Noten de 6000 euros, no ha triunfado. La banalidad ha hecho que los atuendos de Dior, Saint Laurent o Dries Van Noten se conviertan en piezas poco favorecedoras. La antigua «Miranda Priestly» que representa Meryl Streep ahora es capaz de lucir cual nazareno andaluz con una túnica larga azulada casi negra y con botones hasta el suelo, eso sí, obra de Schiaparelli. Anne Hathaway ha sido capaz de acompañar a Meryl luciendo un horripilante vestido corto con botas altas de cuero hasta los muslos, todo de la fantástica Stella McCartney, pero un atuendo de horror nada favorecedor.
Meryl Streep y Anne Hathaway, en Japón
En México capital, Anne Hathaway lució un vestido negro con flecos y un cinturón dorado gigantesco de Schiaparelli, mientras que Meryl llevó un atuendo rojo de Dolce & Gabbana. Y en Tokyo, Streep llevó un conjunto de Chanel por Matthieu Blazy mientras que Anne escogía un modelo de Valentino COUTURE para la primavera de este año. Al fin y al cabo, nada especiales, nada favorecidas, nada conjuntadas.
Y en Tokyo, Streep llevó un conjunto de Chanel por Matthieu Blazy mientras que Anne escogía un modelo de Valentino Couture para la primavera de este año. Al fin y al cabo, nada especiales, nada favorecidas, nada conjuntadas.
Diseño de Chanel
En fin, desde que Molly Rogers controla el vestuario, las chicas van horribles. Utilizan marcas consolidadas que pagan por la inserción de sus vestuarios (lo que se llama product placement en la industria de la moda y el cine) y quedan muy lejos de convertirse en verdaderas diosas del estilo y la tendencia. Cierto es que ni Meryl Streep ni Anne Hathaway han sido nunca esfinges de la moda, sino más bien lo contrario.
Pero nos preguntamos: ¿Qué hace una película que se espera que dicte la moda mundial convirtiendo a sus protagonistas femeninas en viejunas y poco acertadas esfinges de la moda? Hay cosas en las que no se puede ahorrar. Lo dicho: no todo el mundo es sustituible.