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Treinta nombres llenarán palacios, salones y plazas con las novedades de lo hecho a mano

Moda

Dior resucita su legado en París, pero no define su nuevo estilo

Flores y plantas en una colección que superó expectativas

Del 6 al 9 de julio, París acoge los desfiles de Alta Costura, una de las citas más importantes de la moda global. Treinta nombres llenarán palacios, salones y plazas con las novedades de lo hecho a mano, con las luchas de fuerza entre grandes grupos y con los golpe de efecto de las nuevas figuras de la semana más chic.

Se trata de la semana de la Alta Costura de otoño-invierno 2026/27, que siempre se lleva a cabo en julio, mientras que la de primavera verano de costura tiene lugar en París a finales de enero. Un calendario diferente al del prêt-à-porter que cada vez tiene menos sentido.

Entre algunas novedades de esta edición de la alta costura, está la primera colección de Jean Paul Gaultier a manos de Duran Lantink y la participación como invitado del diseñador de la India Manish Malhotra. Habrá ausencias sonadas, como la de la casa Valentino y la de Giambattista Valli, que acaba de retomar de forma directa su propia marca. Debuta Pierpaolo Piccioli para Balenciaga, otro gran esperado.

Pero quizás lo que más se oteaba, tras el éxito de Matthieu Blazy con Chanel hace meses, era ver si la colección de Christian Dior Couture renacía a manos de Jonathan Anderson o si seguía con la racha baja. Y como Dior se lo curra con una legión de profesionales en la casa, al margen de Anderson, nuevo director creativo, esta semana la marca sorprendió vistiendo de novia a Taylor Swift y a sus invitadas clave, así como retomando grandes clásicos de la casa de moda recién sacados del archivo para presentar este desfile.

El abrigo con gran lazo modelo Arizona de finales de los años 40, los vestidos plisados y los trajes de chaqueta de Monsieur Dior se aliñaron de flores y plantas, refrescándose así las propuestas con una temática muy actual. La inspiración vegetal ha dominado la colección, desde la decoración de plantas en el Museo Rodin hasta los accesorios, los broches, los charms en los bolsos y las prendas de ropa, apliques a veces curiosos y a veces imposibles, que no resultan novedosos pero sí agradables,

Dior es, finalmente, interesante y agradable, curioso y variado

El irlandés, Jonathan Anderson, ha demostrado que los Arnault se han plantado en su despacho para poner orden y han impulsado a las petites mains hacia arriba, a esas artistas y artesanas de la casa que han traído de vuelta plisados, eventails, bordados sobre rejilla y volúmenes imposibles a base de tejidos encañonados y sobredorados. El desfile de alta costura otoño invierno 2026-27 de Dior es, finalmente, interesante y agradable, curioso y variado.

Aunque no haya nada nuevo sobre el tapete. Y cuando digo nada nuevo quiero decir, nada que no mostrase antes la Schiaparelli en los años 30, Chanel en los 60 o JP Gaultier en los 90. Plisados ya visto con Mariano Fortuny y sobre todo con Madame Grès, la escultora del tableado y el drapeado en la costura, la que elevó el plisado de inspiración griega a categoría de arte.

Pero como todos los creadores de nuevo cuño, cada vez que se les pregunta qué inspiró su última colección indican una exposición de alguna pintora ya muerta o rara, rara, rara. En este caso, no ha sido menos la cosa. Anderson ha contado que se ha inspirado en la escultora Lynda Benglis, una norteamericana de 80 años que ha centrado mucho de su obra en el mundo visual de Ahmedabad, una ciudad del estado de Gujarat de la India, en la que los adornos florales, pájaros exóticos y llamativos bordados de pedrería destacan.

Dior se lo curra con una legión de profesionales en la casa

En fin, aunque se ve una mejora con respecto al pollo sin cabeza de su estreno en Dior costura hace unos meses, la colección necesitaba editarse, porque era una ensalada de estilos, lo llamado n’importe quoi en francés (algo así como «un sin sentido» en español). El efecto inacabado en las piezas me pareció delicioso en las chaquetas verdes chanelizantes y poco más. El tocado de aluminio de señora con mechas a medio acabar divide opiniones.

Para muchos, la presentación de ayer fue un desfile sacado de los guardarropas antiguos de los estudios de Hollywood, en el que se mostraron piezas inspiradas de los años 30, 40, 50 y 60. Como un gran amigo me comenta: «cuando te ahorras en invitaciones y relaciones prensa, la gente 'canta' la Traviata con la verdad por delante».