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Manuel Laureano Rodríguez SánchezAFP

Manolete, el primer torero icono de la moda

Los aficionados a la tauromaquia recordamos con tristeza la pérdida de un cordobés único y singular, muy representativo de la idiosincrasia cordobesa, Manolete. Además, curiosamente, fue un avanzado en el mundo de la moda y esto también lo queremos recordar.

Manuel Laureano Rodríguez Sánchez (Córdoba, 4 de julio de 1917-Linares, 29 de agosto de 1947), revolucionó los ruedos y supuso un antes y un después en el mundo del toreo. Pero el astro de Córdoba , que representó los valores de su ciudad natal en todos los sentidos, fue también un revulsivo para la rancia moda masculina de la época. Cándido dedicó a Manolete en el cincuenta aniversario de su muerte una pieza en la que describía al astro así: «Tenía cara de cristo barroco en aquella España de la posguerra. Fue un torero quieto, hierático, silencioso y melancólico».

Manolete, en el año 1939GTRES

Manolete fue Manolete una leyenda del toreo; el cuarto califa del toreo cordobés, tras Rafael Molina «Lagartijo», Rafael Guerra «Guerrita», Rafael González «Machaquito» Y antes del quinto recién nombrado califa, Manuel Benítez «El Cordobés», se convirtió en un inesperado icono de la moda masculina de los años 40 y un referente de elegancia sobria, masculina y moderna para la época.

Su estilo personal contaba con un apoyo constante de la sastrería a medida, tanto dentro como fuera de los ruedos. Sus trajes de lino blanco para la temporada americana, así como sus ternos grises para la temporada española, se combinaban con camisas perfectas, sobrias, corbatas originales y pantalones favorecedores en una percha alta y delgada a la que todo le iba bien.

Manuel Laureano Rodríguez SánchezAFP

La sobriedad de Manolete, en su toreo y en su atuendo, se caracterizaba por una imagen limpia, elegante, recta y de gran compostura y seriedad, algo que su vida privada - al menos de cara al público- retomaba de nuevo. Vestía impecable, como pocos señores andaluces, ya que quería proyectar una imagen que la aristocracia y la burguesía andaluza no se molestaba en mostrar.

En cambio, sus accesorios eran modernos e incluso rabiosamente a la moda, como por ejemplo sus gafas de sol, grandes y oscuras, con siluetas poco habituales, llamadas a menudo «manoletinas». Sus zapatos, impecables y originales, hechos a medida, su equipaje y todos sus accesorios le colmaban como a un rey del estilo en una región, Andalucía, en la que los clásicos no llevaban nada moderno.

Manolete y Lupe Sino , sonríen en una contrabarrera de una plaza de toros española. Manolete y Lupe Sino se conocieron a finales de 1943 y mantuvieron una relación sentimental , que acabó con la muerte del toreroEFE

Incluso el diseño de las zapatillas de toreo, reinventadas por él, fueron llamadas manoletinas para la tauromaquia e incluso para las niñas desde entonces. «El Monstruo» de Córdoba revolucionó la tauromaquia y la moda masculina de los años 40 y sentó cátedra en Hispanoamérica con su saber estar. Elegante, reservado, serio, tímido, listo, educado a si mismo, atractivo a su manera, inimitable e irrepetible, condensó en la España de la posguerra el estilo andaluz más serio y avanzado a la vez.

Sin fecha , probablemente entre 1945 y 1947EFE

Enigmático y sobrio, sombrío e irónico a la vez, era el «suicida inconsciente» que supo torear con maestría, finura y un estilo mayestático que no se ha vuelto a repetir pero que casi todos intentan imitar. Alto, delgado, de frente amplia, ojos tristes y profundos, andar firme y sereno a la vez, su impronta quedaba dentro y fuera del ruedo.

Correspondencia del Primer Ministro británico en la que agradece a Manolete sus gestiones ante el ganadero José Escobar para recibir la cabeza de una res perteneciente al ganadero sevillano y que fue estoqueada por Manolete, en la plaza de toros de ValenciaEFE

El pitillo en la mano delgada, los impecables trajes de chaqueta cruzados de lino más propios de los actores de Hollywood, sus pantalones con vuelta en los bajos, sus zapatos bicolor ingleses y sus impecables camisas contrastaban con sus atuendos de sport en el campo: vaqueros y cazadoras que solo popularizaron Marilyn y James Dean 10 años después.

El diestro cordobés sentado sobre una mesa en el salón de una casaEFE

Aquel 29 de agosto de 1947, muchos niños andaluces como mi padre, seguidores suyos desde sus primeros conocimientos de tauromaquia, quedaron silenciosos con una cornada enorme de «Islero» que se transformó en muerte por una serie de transfusiones fallidas en Linares. Probablemente cuando el diestro dijo sus últimas palabras: «Qué disgusto se va a llevar mi madre», Doña Angustias, no pensase que la cogida le llevaría a la muerte. Y de la muerte a la gloria de un mundo lleno de aficionados que nunca le pudimos ver en acción.