Vista de Ceuta donde se puede ver la catedral y la fortaleza del Monte Hacho.
La bonita ciudad de África que eligió ser española antes que portuguesa
Según la mitología griega, África y Europa estaban unidas por una gran cordillera hasta que Hércules, en su lucha con Anteo, golpeó con su maza y abrió una brecha: el Estrecho de Gibraltar. Como testigos de aquel suceso quedaron las Columnas de Hércules: una en Gibraltar y la otra en el Monte Hacho, en Ceuta.
Hércules, en su lucha con Anteo, golpeó con su maza y abrió una brecha: el Estrecho de Gibraltar
Su espectacular y estratégica ubicación entre el Atlántico y el Mediterráneo la hizo deseada y disputada durante toda su larga historia. Ceuta enamora desde el primer instante. Su arquitectura, murallas, monumentos y gastronomía son el reflejo de siglos de encuentros entre civilizaciones. Entre África y Europa, Ceuta sigue siendo una puerta abierta al mundo.
Escultura de Hércules en Ceuta.
Hércules partió el mundo en dos y Ceuta tuvo dos horizontes y un solo alma. Los romanos la llamaron Septem Fratres, los siete montes, origen probable del nombre Ceuta o Septa en árabe. El barrio de Benzú es el kilómetro cero de la presencia humana en Ceuta: hace más de 300.000 años se documentan los primeros asentamientos. La Basílica Tardorromana del siglo IV y el yacimiento de Huerta Rufino, del XIV —último gran testimonio arqueológico de la Ceuta islámica antes del periodo portugués—, son ejemplo de la continuidad de la ciudad desde la época romana hasta la Edad Media.
Su enclave único atrajo a fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos y bizantinos
Su enclave único atrajo a fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos y bizantinos, antes de integrarse en los califatos y más tarde en el reino nazarí de Granada. De estos tiempos destacan los Baños Árabes, el único hammam medieval que se conserva.
Conquistada por Portugal
Catedral de Nuestra Señora de la Asunción vista desde el mar.
En agosto de 1415, el rey Juan I de Portugal y sus tres hijos conquistaron Ceuta, convirtiéndola en la primera plaza portuguesa en África. Aquel fue el inicio de la expansión marítima lusa, alentada por el infante Enrique El Navegante. De aquella etapa quedó en Ceuta una impronta religiosa, militar y urbana que aún hoy define el corazón histórico de la ciudad.
De la etapa portuguesa quedó en Ceuta una impronta religiosa, militar y urbana que aún hoy define el corazón histórico de la ciudad
En la Plaza de África se encontraba el centro político y espiritual portugués y sus grandes símbolos de ultramar: la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, de elegante estilo clasicista portugués con retablos barrocos y un museo de arte sacro, o el Santuario de Santa María de África, patrona de la ciudad, cuya imagen fue enviada en 1421 por Enrique El Navegante. De estilo barroco y luminoso, es templo jubilar y corazón espiritual de los ceutíes.
Parador con vistas
Parador de Ceuta.
Frente a ellos se levanta el Parador de Turismo, un alojamiento privilegiado por su ubicación en el centro del istmo, junto a todos los lugares de interés, con vistas únicas a los dos mares. Su terraza, abierta al rumor del viento y la sal, es el lugar ideal para detenerse y mirar el horizonte donde se funden África y Europa.
En 1640, los ceutíes decidieron voluntariamente seguir siendo españoles, jurando lealtad a la Corona hispánica
En 1580, tras la Unión Ibérica durante el reinado de Felipe II, España y Portugal quedaron unidas por el mismo monarca. Cuando Portugal recuperó su independencia en 1640, los ceutíes, fieles a la Corona hispánica, decidieron voluntariamente seguir siendo españoles, jurando lealtad a Felipe IV. El Tratado de Lisboa de 1668 confirmó aquel gesto: Portugal reconocía la independencia del reino y Ceuta quedaba bajo soberanía española para siempre.
En el siglo XVIII, la política borbónica de embellecimiento y consolidación urbana, impulsada por la Corona española, dotó a Ceuta de nuevos cuarteles, iglesias y edificios administrativos. De esta época es la iglesia neoclásica de San Francisco.
Resistencia a todos
Conjunto Monumental de las Murallas Reales, con su foso navegable.
A lo largo de los siglos, Ceuta resistió los asedios de los sultanes norteafricanos y el acoso de potencias europeas. Los ingleses intentaron tomarla, aunque su conquista se centró finalmente en Gibraltar. Tras el periodo del Protectorado y la independencia de Marruecos, Ceuta consolidó su condición de ciudad española y hoy es, junto con Melilla, una de las dos Ciudades Autónomas del país.
A lo largo de los siglos, Ceuta resistió los asedios de los sultanes norteafricanos y el acoso de potencias europeas
Las fortificaciones amuralladas son la prueba de la importancia que esta pequeña península ha tenido como enclave político y militar. El Conjunto Monumental de las Murallas Reales, con su foso navegable, es una de las obras defensivas más bellas del Mediterráneo. Navegar entre sus muros, baluartes y contrafuertes, erigidos por musulmanes, portugueses y españoles, transporta al visitante a tiempos trascendentales de nuestra historia.
Fortalezas y miradores
Vista panorámica de Ceuta desde el Monte Hacho.
La tierra extraída para excavar el foso sirvió, según algunos estudios, para cubrir la Puerta Califal, una joya del siglo X mandada construir por Abderramán III y redescubierta por casualidad en 2002. Hoy luce restaurada, testimonio del esplendor del Califato de Córdoba. El Revellín de San Ignacio alberga el Museo de Ceuta, con una notable colección arqueológica que recorre desde la Prehistoria hasta la Edad Moderna.
Desde lo alto del Monte Hacho, una fortaleza del siglo XII domina el Estrecho de Gibraltar
Desde lo alto del Monte Hacho, una fortaleza del siglo XII domina el Estrecho. En su mirador se comprenden las palabras de los cronistas antiguos que describían Ceuta como una ciudad «para dos mares». Desde el Monte García Aldave y el Mirador de Isabel II, la ciudad se despliega entre montañas y mar. Otro punto panorámico es el Mirador de San Antonio, desde donde es posible ver España y África.
Joyas arquitectónicas
Casa de los Dragones.
La ciudad moderna conserva también joyas de otras épocas más recientes, testigos del esplendor de la Ceuta española y de su evolución hacia la ciudad luminosa y cosmopolita que es hoy. Entre las joyas arquitectónicas de la Ceuta ya española destaca el Palacio de la Asamblea, obra modernista inaugurada por Alfonso XIII y símbolo institucional, y la Casa de los Dragones, junto a la Plaza de los Reyes. De estilo historicista, sus enormes dragones, réplicas de los destruidos durante la II República, vigilan desde las alturas como símbolo del eclecticismo de la ciudad.
España siguió embelleciendo Ceuta con monumentos como los dedicados a Pedro de Meneses, primer gobernador portugués, y a los Héroes de la Guerra de África
Ya en época contemporánea, España siguió embelleciendo Ceuta con monumentos como los dedicados a Pedro de Meneses —primer gobernador portugués— y a los Héroes de la Guerra de África, o con el Conjunto Escultórico de las Seis Alegorías, que simboliza los valores universales asociados a la ciudad: África, la Paz, la Industria, las Artes, el Comercio y el Trabajo.
Legado de César Manrique
Edificio Trujillo.
Ceuta es también un museo al aire libre: esculturas y monumentos pueblan calles y avenidas, desde los colosales Hércules de bronce en la bocana del puerto hasta la delicada Calipso de Ginés Serrán, frente al edificio Trujillo. Cada obra es un guiño a su historia y a su mitología. El Parque Marítimo del Mediterráneo, diseñado por César Manrique, ofrece tres lagos de agua salada rodeados de palmeras y murallas: un paraíso urbano que, al atardecer, se tiñe de oro y azul.
Parque Marítimo del Mediterráneo, diseñado por César Manrique.
Una de las leyendas que más cautivan es la de La Mujer Muerta o La Tumbada. Su silueta se divisa desde Ceuta, aunque pertenece a Marruecos: es el Monte Musa. Según el mito, fue el cuerpo de la amada infiel de Hércules convertida en piedra tras su cólera divina.
Los de la caballa
Playa de Ceuta.
Ceuta también conquista con el paladar. El Estrecho de Gibraltar, corredor natural de túnidos y escómbridos, ha marcado su cocina. Los pescadores ceutíes fueron conocidos como «los de la caballa», y con el tiempo el apodo pasó a todo el pueblo: hoy a los ceutíes se les llama cariñosamente «caballas».
Se dice que no conoces Ceuta si no has probado los corazones de pollo al estilo moruno
Entre los platos típicos destaca la caballa al estilo moruno, adobada con especias, limón y aceite, sencilla y sabrosa. También los corazones de pollo al estilo moruno, receta nacida de la imaginación de un tabernero local, Paco el Barcasi, que ideó un plato económico y apto para todos durante los años del Protectorado. Dicen que no conoces Ceuta si no los has probado.
Restaurante El Refectorio, templo gastronómico de Ceuta.
En el Poblado Marinero, también diseñado por César Manrique poco antes de morir, se encuentra uno de los templos gastronómicos de la ciudad: El Refectorio, regentado por Rafael y José María Carrasco. En su comedor sencillo y lleno de recuerdos, el mar se sirve en forma de atún del Estrecho, San Pedro, rape, mero, rodaballo salvaje, cocochas, changurro al estilo Refectorio, angulas en temporada, calamares de potera o boquerones fritos. Cada plato resume la mezcla de mares, culturas y recuerdos que definen a la ciudad.
Ceuta es la ciudad de la convivencia, un lugar único donde se celebra el Corpus Christi, el Ramadán, el Diwali y la Pascua judía
Ceuta es la ciudad de la convivencia, un lugar único donde resuenan campanas, rezos y tambores. Se celebra el Corpus Christi, el Ramadán, el Diwali y la Pascua judía con la misma naturalidad con que se saludan vecinos y visitantes. Esta convivencia entre cristianos, musulmanes, hindúes y judíos es parte esencial de su identidad, reconocida desde 1998 con el Premio Convivencia. Una ciudad mestiza en el lugar donde Hércules partió el mundo en dos.