El bonito pueblo sin coches donde se viaja al ritmo del agua
La ‘Venecia del Norte’: el bonito pueblo sin coches donde se viaja al ritmo del agua
En el corazón verde de la región de Overijssel existe un precioso rincón de los Países Bajos donde el ruido del tráfico es inexistente. No hay asfalto, solo canales, puentes de madera y el fluir de las barcas
Hay lugares que parecen diseñados para ser la portada de un cuento. Giethoorn, un pueblo de los Países Bajos de apenas 2.800 habitantes, es uno de ellos. Conocido como la Venecia del Norte, su origen se remonta al siglo XIII, cuando unos monjes se asentaron en estas tierras pantanosas para extraer turba. De aquellas excavaciones nacieron los canales que hoy definen su fisonomía y que han convertido al coche en un objeto inútil.
Las casas, con sus jardines que parecen peinados a mano, se comunican a través de más de 170 puentes de madera
Aquí el transporte se hace en barca. Las casas, con sus característicos tejados de paja y jardines que parecen peinados a mano, se comunican a través de más de 170 puentes de madera. Para el visitante, la experiencia pasa por alquilar las famosas whisper boats: embarcaciones eléctricas que permiten deslizarse por el agua sin apenas emitir sonido, respetando el descanso de unos vecinos que viven, literalmente, rodeados de agua.
Turismo con reglas
Casco antiguo de Giethoorn
La fama de Giethoorn, propulsada por su inclusión en el tablero mundial del Monopoly y por el auge de las redes sociales, ha obligado al municipio a establecer normas estrictas. Para preservar su esencia, el sentido de circulación en los canales está regulado y el ruido está estrictamente controlado (está prohibido tocar cualquier bocina). Las bicicletas están permitidas, pero solo en los senderos perimetrales. El mensaje es nítido: el pueblo quiere ser compartido, pero no invadido.
Una escena para cada estación
Giethoorn en invierno
Si en verano Giethoorn es una explosión de hortensias y terrazas junto al canal, en invierno el pueblo recupera su paz original. Cuando el frío aprieta, los puentes están nevados y los canales están semihelados, los vecinos cambian la barca por los patines de hielo, desplazándose de casa en casa en una estampa profundamente neerlandesa. A poco más de una hora y media de la ciudad de Ámsterdam, este rincón es una escapada perfecta para quienes buscan una cara más tranquila de los Países Bajos.