El espectacular 'lobby' del hotel Waldorf Astoria de Nueva York

El espectacular 'lobby' del hotel Waldorf Astoria de Nueva YorkBooking.com

La venta de película del hotel Waldorf Astoria de Nueva York: un asunto de Estado entre China y Estados Unidos

Pekín, dueño accidental del hotel que simboliza el lujo de la Gran Manzana, se plantea deshacerse discretamente de él en una operación que podría costarle miles de millones

Hay un puñado de hoteles que merecerían un buen libro o una serie de Netflix con varias temporadas. El Waldorf Astoria de Nueva York es uno de ellos. No solo por su pasado, que ya es leyenda, sino por el giro de guion que acaba de ofrecer cuando parecía que entraba, por fin, en la esperada fase de su regreso triunfal.

Wu Xiaohui, el hombre que orquestó la compra del edificio en 2014, cumple una condena de 18 años en una prisión de alta seguridad de China

Imaginemos los escenarios y las tramas paralelas de la nueva temporada. En un extremo del planeta, Wu Xiaohui, el hombre que orquestó la compra del edificio en 2014, cumple una condena de 18 años en una prisión de alta seguridad de China por delitos financieros. En el otro extremo, la gran dama de Park Avenue vuelve a brillar tras haber protagonizado la venta de hotel más cara de la historia y ocho años de cierre y reforma. Su flamante Empire Suite tal vez acoja en este momento a algún cliente anónimo capaz de pagar los 35.000 dólares diarios que cuesta esta estancia de 300 metros cuadrados en el corazón de Manhattan decorada en tonos beige y azules con cierto aire «old money».

Conversaciones privadas

Vista de Park Avenue (Nueva York), donde se ubica el hotel

Vista de Park Avenue (Nueva York), donde se ubica el hotelGetty Images/iStockphoto

Y en paralelo avanza la trama más delicada. En algún despacho gubernamental de Pekín se ha decidido poner a la venta el mítico Waldorf. La exclusiva de la transacción la ha publicado estos días The Wall Street Journal, citando fuentes cercanas a la operación, el Estado chino, a través de Dajia Insurance Group. Naturalmente, no habrá cartel de Se vende en su icónica fachada art decó. Hay conversaciones privadas lejos de la prensa, mediadores con trajes de Savile Row. Abogados, banqueros y firmas que se ocupan de este tipo de activos trofeo, con Eastdil Secured como intermediario previsto para llevar el hotel al mercado, según ha publicado el influyente diario económico.

Reuters advierte que la lista de compradores será pequeña porque esto no se compra como un hotel, se compra como un trofeo

Y en otra parte del mundo, muy probablemente en el Golfo, aparecen los jugadores del Monopoly contemporáneo. Fondos soberanos y grandes patrimonios acostumbrados a coleccionar símbolos urbanos. Reuters ya advierte que la lista de compradores será pequeña, precisamente porque esto no se compra como un hotel, se compra como un trofeo. En ese mapa mental, Qatar es el ejemplo que todo el sector cita, su brazo hotelero se hizo con The Plaza, el otro icono neoyorquino del poder y el glamour.

Un poco de historia

El famoso Silver Corridor del hotel.

El famoso Silver Corridor del hotel.Noë & Associates Courtesy The Boundary

Antes de seguir con el guion, conviene dar un paso atrás, un pequeño flashback. Si esto fuera una serie, la primera temporada ya tuvo un arranque a la altura de su espectacular historia. En 1893, William Waldorf Astor abrió el Waldorf Hotel en la Quinta Avenida con la calle 33. No por amor al negocio, sino por simple venganza hacia una tía suya. Cuatro años después, siguiendo esta peculiar y costosa guerra familiar, su primo John Jacob Astor IV levantó al lado el Astoria Hotel, más alto, más ambicioso, imposible de ignorar. Finalmente, por pura ambición financiera, los primos hicieron las paces y terminaron conectando sus apellidos y ambos edificios con Peacock Alley, un pasillo que se convirtió en la mejor pasarela social de Nueva York, recientemente restaurada y una de las joyas de la corona de esta nueva etapa y donde vuelve a sonar un piano original de Cole Porter, huésped habitual.

Bar del hotel con su icónico reloj y el piano de Cole Porter

Bar del hotel con su icónico reloj y el piano de Cole PorterBooking.com

En realidad, ese Waldorf Astoria no es el de hoy, ya no existe. Fue demolido y en su solar se levantó nada menos que el Empire State Building. La segunda vida llegó en 1931, en su ubicación actual de Park Avenue, como coloso art decó y dirección institucional y glamurosa como hay pocas. Trasladaron a su actual emplazamiento todas sus piezas de valor y hasta se recreó el famoso pasillo de los pavos reales, dada su popularidad. En 1949, el hotel pasa a manos de Conrad Hilton, quien utiliza el emblema para expandir su marca por todo el mundo. Aún hoy el hotel está gestionado por Hilton, que además ha decidido convertir este nombre en la marca más lujosa del grupo para competir con nombres como Ritz-Carlton o Four Seasons.

Una tercera vida

Uno de los salones para eventos

Uno de los salones para eventosBooking.com

Y entonces llega la tercera vida del famoso hotel, la que explica este presente tan Netflix. Y de algún modo se repite el patrón del origen, porque no es un exceso de amor por la hostelería, sino una operación llena de egos, prestigio y poder, con un punto «aquí estoy yo». En 2014, Wu Xiaohui, fundador de la aseguradora Anbang y figura emblemática de esta nueva élite china salida de la curiosa fórmula del capitalismo de Estado, quiso demostrar que esta nueva clase podía ser global y tan ambiciosa como los lobos de Wall Street y decidió comprar un símbolo, un mito, y causar admiración. Pagó por su capricho y por su símbolo de poder 1.950 millones de dólares, una cifra récord.

Entre sobrecostes y la pandemia, el chino Wu Xiaohui tardó ocho años y 4.000 millones de dólares en reabrir

Pero no se conformó con adquirirlo. En 2017 lo cerró para una renovación gigantesca, con la ambición de devolverle el esplendor y convertirlo en un Waldorf más exclusivo, con menos habitaciones y más residencias. La obra se complicó, se alargó y se encareció hasta alcanzar la cifra de 2.000 millones adicionales. Entre sobrecostes y la pandemia, el calendario terminó estirándose hasta ocho años y 4.000 millones de dólares. Como ya se ha indicado, el hotel reabrió el pasado noviembre.

En manos del Estado chino

Habitación del Waldorf Astoria

Habitación del Waldorf AstoriaBooking.com

Y mientras el edificio se reconstruía y el mito volvía, el imperio de su dueño se derrumbaba. Las autoridades chinas acusaron a Wu Xiaohui y a su grupo de captar dinero de forma irregular a gran escala, de prácticas fraudulentas y de un endeudamiento temerario, incluido el derroche del propio Waldorf. El desenlace fue la condena a 18 años y la intervención estatal de Anbang, que acabó desmantelada y con el Waldorf en manos del Estado chino a través de la empresa pública Dajia Insurance Group, creada exprofeso para poner orden en todos estos activos y deudas.

El gobierno de Pekín quiere pasar página del escándalo Anbang y quitarse de encima un trofeo incómodo, pero sin dar la imagen de que lo malvende

El Estado chino, propietario accidental de un símbolo del capitalismo neoyorquino, busca una salida que no parezca una rendición en un momento de descapitalización exterior. El gobierno de Pekín quiere pasar página del escándalo Anbang y quitarse de encima un trofeo incómodo, pero sin dar la imagen de que lo malvende, aunque fuentes financieras aseguran que es difícil que la venta supere los 2.000 millones de dólares. Habrá de jugar fino para asegurar discreción y rapidez, para que no parezca que ofrece a precio de ganga una de las mejores piezas del tablero del lujo mundial.

Salvar la marca

Escaleras del Waldorf Astoria

Escaleras del Waldorf AstoriaBooking.com

En realidad, a todos les conviene el perfil bajo y cerrar el asunto cuanto antes. A Hilton le importa, sobre todo, que el renacimiento de su bastión del lujo no se contamine. Mantiene un contrato de gestión de cien años y subraya que no es el propietario del inmueble. Y, además, no quiere que este tipo de titulares empañen la marca Waldorf Astoria justo cuando acelera su expansión, con Londres como próxima joya de la corona. A los compradores de residencias les preocupa que el edificio se convierta en un ruido público permanente y baje su cachet. Y a Pekín le incomoda quedar como el gobierno que heredó el trofeo más famoso de Park Avenue para acabar soltándolo con un sorprendente descuento.

Entrada del hotel en Park Avenue

Entrada del hotel en Park AvenueBooking.com

Lo que sí parece claro es que mientras el palacio levantado por los barones del ferrocarril, gestionado por los burócratas del Partido Comunista chino y quizá rematado mañana por un fondo soberano del Golfo continúe en pie, el Waldorf seguirá dando espectáculo y formando parte del gran teatro del poder. Como cuando fue sede de la alta diplomacia de los cuatro grandes tras la Segunda Guerra Mundial, acogió la primera gala del Met, en sus suites y salones se cruzaron ilustres residentes como Frank Sinatra y Marilyn Monroe, Cole Porter tocaba el piano, Andy Warhol hacía sus happeningsThe show must go on.

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