La joya medieval menos conocida de Alemania que es Patrimonio de la Humanidad
La joya medieval menos conocida de Alemania que es Patrimonio de la Humanidad
Está en el estado de Sajonia-Anhalt, en el corazón del mapa germano, y alberga más de dos mil casas de entramado de madera en uno de los cascos medievales mejor conservados de Europa
En ningún otro lugar de Alemania la densidad de lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO es tan alta como en el estado de Sajonia-Anhalt, situado en lo que sería el corazón del mapa germano. Entre estos lugares hay uno especialmente bonito, el centro histórico de la localidad de Quedlinburg, una joya medieval de Europa muy poco conocida.
Pocos lugares de Europa ofrecen un conjunto medieval tan sólido y tan fotogénico, con edificios románicos y 2.069 casas y villas con entramado de madera
Con más de mil años de historia y situada en el extremo nororiental de las montañas Harz, Quedlinburg no tiene la fama internacional de Rothenburg ob der Tauber ni el flujo turístico de otras ciudades históricas alemanas, pero pocas ofrecen un conjunto medieval tan sólido y tan fotogénico, con sus edificios románicos y 2.069 casas y villas con entramado de madera de los periodos guillermino y modernista que narran la historia y la cultura de este lugar.
Todos los estilos y épocas
Casas tradicionales medievales de madera en la ciudad alemana de Quedlinburg
El casco histórico, el castillo renacentista, la colegiata de San Servacio y su famoso tesoro catedralicio, la iglesia de Wiperti, con mil años de antigüedad, y las ruinas del monasterio de Santa María, más el cuidado entramado de calles, llevaron a Quedlinburg a entrar en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco en 1994, un reconocimiento que no responde a un solo monumento, sino a la fuerza y armonía de un centro urbano que abarca casi 90 hectáreas, con edificios de todos los estilos y épocas, conformando uno de los mayores conjuntos monumentales de Alemania.
Colegiata de San Servacio
Lo que más queda en la retina del viajero son las casas de entramado de madera. Quedlinburg reúne más de dos mil edificios de este tipo, levantados a lo largo de ocho siglos, una cifra que la convierte en uno de los destinos más importantes de Alemania para entender esta arquitectura. No se trata solo de cantidad, sino de continuidad: fachadas inclinadas, vigas vistas, patios interiores, callejuelas estrechas y pequeñas plazas construyen una imagen urbana muy compacta y muy agradecida para el viajero que disfruta caminando y mirando. Casi toda la ciudad funciona como un escenario histórico de primer nivel.
Calle de Quedlinburg con una casa antigua en el medio
Centro político relevante
La visita debe empezar en la parte alta, en torno al Schlossberg, donde se levantan el castillo y la colegiata de San Servacio, uno de los edificios románicos más importantes del país. Desde allí se entiende bien la lógica de Quedlinburg: una ciudad que fue un centro político relevante en tiempos de la dinastía sajona y otoniana y que más tarde prosperó como ciudad comercial. Ese peso histórico sigue visible en el trazado medieval y en la densidad patrimonial del casco antiguo, que se extiende sobre una superficie excepcionalmente amplia para una ciudad de este tipo.
Callejón pintoresco en el casco antiguo de Quedlinburg con casas con entramado cuidadosamente renovadas
Luego conviene bajar sin rumbo fijo. La Plaza del Mercado, el Ayuntamiento, las calles empedradas y los barrios de casas entramadas son el verdadero atractivo de la ciudad. Quedlinburg funciona bien en distancias cortas: no exige grandes desplazamientos, no abruma y permite una visita muy completa en una jornada o en una escapada de fin de semana.
Museos y jardines
La Casa Klopstock y terrazas en el Schlossberg, la zona más famosa de Quedlinburg
El pueblo alberga la Galería Lyonel Feininger, con la colección más extensa de grabados del conocido pintor y artista gráfico germano-estadounidense, y la Casa Klopstock, lugar de nacimiento del poeta Friedrich Gottlieb Klopstock, que como museo ofrece una visión de la vida y obra del poeta. Luego están el jardín de la Abadía, al pie de la colina del castillo, y el adyacente parque Brühl, que forman parte del proyecto ‘Garden Dreams' (Jardines de Ensueño) del estado de Sajonia-Anhalt.
Para los senderistas, aquí comienza o termina la Ruta Selketal-Stieg de 75 kilómetros que atraviesa los variados e históricos paisajes de las montañas del Bajo Harz
Para quienes estén interesados en el arte, la cultura y la música, Quedlinburg ofrece asimismo una amplia gama de galerías y exposiciones, el Teatro North Harz, el Festival de Música de Verano y otros eventos musicales. Los amantes de la naturaleza y los excursionistas tienen otro aliciente más, ya que es aquí donde comienza o termina la Ruta Selketal-Stieg de 75 kilómetros que atraviesa los variados e históricos paisajes de las montañas del Bajo Harz. Y ni qué decir tiene lo que brilla esta localidad en invierno con su decoración y su mercadillo navideños.
Preciosa imagen de la Plaza del Mercado iluminada
Se puede decir que lo mejor de Quedlinburg es que responde a lo que promete. Es una de las ciudades medievales más fotogénicas de Alemania, sí, pero también una de las menos conocidas para el viajero español. Ofrece patrimonio serio, una imagen urbana impecable y una experiencia en la que conocer lo más auténtico y hospitalario de Alemania. Para quien busque un destino tranquilo, saludable e histórico, encantador y bien conservado, y muy, muy bonito, es una elección excelente.