Bendor, la isla privada más sorprendente del Mediterráneo
Renace la isla privada más sorprendente del Mediterráneo, el refugio francés de Paul Ricard que enamoró a Dalí
Tras un lustro de cierre y reformas, vuelve a la vida en la Costa Azul la utopía isleña del creador del pastis. La familia Ricard inaugura un espléndido segundo capítulo para la isla de Bendor, con hoteles de lujo, restaurantes, arte y experiencias náuticas
El Mare Nostrum suma unas 10.000 islas e islotes, pero tal vez solo un centenar conserva un pasado tan novelesco como el de Bendor. Antes de convertirse en la utopía mediterránea del empresario Paul Ricard, esta pequeña isla frente a la localidad de Bandol, a unos 50 kilómetros de Marsella, fue refugio de piratas y saqueadores de naufragios; después, tierra de cultivo de siemprevivas y narcisos, y más tarde, un pedazo de roca casi olvidado en la Costa Azul habitado por algunas ovejas.
En 1950 Paul Ricard, el creador del imperio Pernod Ricard, compró esta isla de siete hectáreas y levantó en ella un mundo propio a su gusto y medida
Todo cambió en 1950, cuando el creador del imperio Pernod Ricard la compró y levantó allí un mundo propio. Con apenas siete hectáreas, el equivalente aproximado a diez campos de fútbol, sin coches y recorrible a pie en menos de veinte minutos, Bendor se convirtió entre los años 50 y 70 en la llamada «isla de las artes», un escaparate del arte de vivir que el rey del pastis quiso imaginar a su manera.
Refugio de artistas y estrellas de cine
Hotel de lujo en la isla de Bendor
Al magnate de las bebidas le gustaba el mar, la pintura, las fiestas y las conversaciones largas. Por eso Bendor atrajo a artistas, escritores, navegantes y estrellas de cine. Salvador Dalí, Jean Cocteau, Joséphine Baker, Jacques Cousteau, Alain Delon, Jean-Paul Belmondo, Fernandel o Marcel Pagnol encontraron allí un refugio libre y protegido, lejos del ruido y de los paparazzi, dentro de ese universo hedonista, culto y profundamente mediterráneo que Ricard imaginó casi desde cero.
El pintor de Cadaqués fue uno de los habituales de Bendor en sus años de esplendor. Allí encontró un refugio mediterráneo a la medida de su personaje
El pintor de Cadaqués fue uno de los habituales de Bendor en sus años de esplendor. Allí encontró un refugio mediterráneo a la medida de su personaje, entre artistas, fiestas, mar y esa mezcla de libertad, teatro y extravagancia que también definía el universo de Paul Ricard. Durante décadas, la isla fue una rareza deliciosa: ni exactamente resort, ni prototipo de isla privada de la época a lo Skorpios, ni simple capricho de millonario, sino una pequeña comunidad insular donde se mezclaban celebridades, pescadores, artistas, curiosos y familias que llegaban en barco para pasar el día.
Una nueva vida
Isla de Bendor
Con el tiempo, aquella fantasía fue perdiendo brillo. Los edificios envejecieron, las fachadas se deterioraron y el viejo decorado mediterráneo quedó suspendido entre la nostalgia y el abandono. El antiguo hotel Delos terminó convertido casi en una casa encantada, uno de esos lugares a los que podían asomarse los niños y donde todavía quedaba algo del teatro de otra época.
Pero Bendor ha demostrado pertenecer a esa clase de lugares capaces de vivir más de una vida. En este nuevo capítulo hay un componente romántico que escapa del Excel y del plan de negocio, y que explica buena parte de lo que hace tan especial el proyecto: el cariño de una familia hacia el legado de Paul Ricard. Tras cinco años de cierre y obras, sus herederos no han querido levantar solo un lujoso hotel, sino rescatar el espíritu original de esta pequeña isla fascinante: un pueblo mediterráneo con restaurantes, bares, artesanos, arte, puerto, encuentros y experiencias vinculadas al mar. El reto, en una isla privada con vocación abierta, era evitar que el proyecto terminara convertido en un coto cerrado.
Tras cinco años de cierre y obras, los herederos de Ricard o han querido levantar solo un lujoso hotel, sino rescatar el espíritu original de esta pequeña isla fascinante
Esa voluntad se nota también en el cuidado con el que se han elegido los socios que acompañan esta nueva travesía. Ahí entra Zannier Hotels. Aunque no sea un nombre popular para el gran público, la firma ocupa un lugar de nicho entre las marcas hoteleras más exclusivas del mundo, con proyectos en destinos como Camboya o Namibia y una forma de entender la hospitalidad que muchos comparan con enseñas como Aman. Su llegada a Bendor tiene además una conexión personal: Marc de Jouffroy, bisnieto de Paul Ricard e impulsor de esta etapa, ya conocía de cerca el universo Zannier.
Dos hoteles principales
Terraza del hotel Soukana
El nuevo Bendor incorpora 93 llaves hoteleras repartidas por la isla. Hay dos hoteles principales: Soukana, con 49 habitaciones, y Delos, con 39, además de villas, antiguas casas de pescadores y espacios ligados al puerto.
La isla suma tres restaurantes, cuatro bares, una crêperie, una galería de arte, una ‘concept store’, spa y un Village des Artisans
Pero el proyecto no se agota en dormir allí. La isla suma tres restaurantes, cuatro bares, una crêperie, una galería de arte, una ‘concept store’, spa y un Village des Artisans. También habrá un café, una heladería, talleres, unas 300 obras de arte repartidas por hoteles y restaurantes, club de buceo, kayak, pesca y espacios recuperados del antiguo Bendor de Paul Ricard.
Parte de esa memoria queda ahora dispersa por la isla. Las colecciones, objetos y piezas reunidas por Paul Ricard no se presentan como un museo cerrado, sino como un hilo que el visitante curioso puede seguir entre salones, restaurantes, pasillos y espacios comunes. Es una forma de rastrear la personalidad de un empresario hecho a sí mismo, inquieto, coleccionista, mecenas y creador de mundos, que convirtió una roca olvidada en una de las fantasías más singulares de la Riviera.
Cómo llegar
La isla también alberga restaurantes y bares
El acceso conserva también algo de ritual. Bendor está apenas a unos minutos en barco desde el puerto de Bandol, a unos 300 metros de la costa; la travesía dura unos siete minutos y la navette conecta regularmente la ciudad con la isla. Para acompañar la reapertura, las travesías serán gratuitas durante mayo y junio para visitantes individuales, lo que refuerza esa intención de no levantar una barrera invisible entre la isla y la costa. Ese equilibrio será probablemente la clave de esta nueva etapa.
Bendor supone la llegada a Europa de una de las marcas hoteleras más exclusivas del mundo, pero también recupera restaurantes, artesanos, arte, barcos, centro de buceo, visitantes de día y vecinos de Bandol que podrán volver a pisar la isla. En tiempos de destinos cada vez más blindados, de cierta «segregación vacacional», el modelo tiene algo de refrescante: una isla privada donde conviven las nuevas élites viajeras que se identifican con el lujo de nombres como Zannier, con quienes llegan a pasar unas horas al sol, comer frente al mar o simplemente darse una vuelta por ese viejo sueño mediterráneo de Paul Ricard.